DE INTERÉS PÚBLICO (III): Salud, educación, agua y saneamiento para todos.

 

Sigo haciendo un extracto (la tercera parte) del informe de Intermón Oxfam que lleva este nombre:

Algunos países como Corea del Sur y Chile, tienen seguros sanitarios privados, que sirven principalmente a los más ricos, mientras que la atención de los pobres, es por parte del gobierno. En Chile, la empresa privada se ocupa casi del total del suministro del agua potable  y del  saneamiento, aunque fuertemente regulado por el gobierno; así y todo, el control es difícil, siendo grandes las desigualdades del servicio, con aumento de los costes y una provisión sesgada.

Lo malo de la empresa privada es que hace servicios innecesarios si el cliente paga, por ejemplo, el 40% de los partos en 1997 en Chile, fueron por cesárea, pues así aumenta el costo del servicio y el tiempo de hospitalización.

Si eres pobre, muchas veces estas empresas no te cubren y por tanto te quedas sin servicios.

Cuando las multinacionales firman contratos con los gobiernos, suelen ser en condiciones muy favorables para éstas, quienes casi siempre benefician al rico y perjudican al pobre. Son unas pocas multinacionales las que controlan el grueso del mercado.

Cuando los gobiernos a veces quieren cancelar sus contratos con las multinacionales al ver que no son rentables para sus conciudadanos más pobres, tienen grandes problemas, incluso hay que recurrir a los tribunales muchas veces. No es tan fácil librarse de ellas.

Las multinacionales son de normal las que regulan el agua, pero también están metiéndose en los servicios sanitarios en todo el mundo.

Eso de lo “privado bueno, público malo”, no es verdad, y en algunos casos incluso ocurre lo contrario.

El BM (Banco Mundial) ha llegado a decir: “las mejoras en la eficiencia se consiguieron a costa de un incremento de la carga impuesta a los grupos de ingresos más bajos”, o sea, que los pobres pagan más.

Lo malo es que en algunas economías débiles, los mecanismos de control sobre la empresa privada, son también débiles, por lo que a veces se les escapa de las manos, haciendo éstas en ocasiones barbaridades con tal de aumentar las ganancias.

La empresa privada, para surtir estos servicios, dice que ella es más eficaz; sin embargo, muchos estudios ven que el estado fracasa al rendirse incondicionalmente al mercado (el que no es garantía de éxito); así, el FMI (Fondo Monetario Internacional) dice: “Buena parte de la defensa de las asociaciones público-privadas descansa en la eficiencia relativa del sector privado. Aunque hay abundante literatura sobre el tema, la teoría es ambigua y la evidencia variada”.

La empresa privada es eficaz, cuando está bien regulada, los mercados son competitivos y los usuarios están bien informados.

Aunque se ha visto que es el estado el que garantiza una buena gestión de la empresa privada, el BM y el FMI, están apostando más por ésta última para que se privaticen los servicios.

Cuando los países en desarrollo piden préstamos al FMI y al BM, éstos les suelen poner condiciones, como que privaticen ciertos servicios, o que exista una mayor implicación de la empresa privada en servicios como el agua y la sanidad.

También es cierto que las dificultades de los estados de saldar sus deudas con los donantes, hace que la empresa privada en esos sitios no tenga calidad, no sea equitativa, ni eficaz los servicios públicos para los pobres, pues el estado les permite de todo, con tal de saldar la deuda; aparte del compromiso poco serio de los gobiernos al más alto nivel.

El BM y otros, deberían ayudar más a esos gobiernos en lugar de dejar los estados en manos de las empresas privadas.

Aunque las multinacionales muchas veces no cumplen sus contratos, si el país en desarrollo intenta cancelarlos, éstas suelen demandarlos, aunque sean ellas las primeras en incumplirlos.

La mayor parte de las personas son contrarias a la privatización de los servicios citados en los artículos sobre este informe.

Algunos países como Suecia, Noruega y Dinamarca han hecho estatales sus servicios de suministro de agua, y sin embargo están de acuerdo en que éstos servicios se privaticen en el mundo en desarrollo; lo mismo para los servicios sanitarios.

Cuando la empresa privada y el estado fracasan, se suele recurrir al sector no lucrativo, como iglesias (ej: cristianas en África), organizaciones benéficas y ONGs.

Muchas veces este sector no lucrativo, es apoyado y ayudado por los países en desarrollo donde actúan, con lo que se maximiza su buena labor, y salen así todos ganando.

La Unión Africana, calcula que los países pobres pierden aproximadamente 500 millones de dólares al año, en educar a su personal sanitario, el cual luego emigra al primer mundo, en busca de un mejor sueldo y mejores condiciones de vida. Por ejemplo, en USA hay más médicos indios por mil habitantes que en la propia India. Otro ejemplo, USA cree que su personal de enfermería aumentará hasta 800.000 en el 2020, los cuales se creen (para eso están cambiando las leyes) que casi todos vendrán de fuera; en realidad con los norteamericanos que quieren estudiar esto se superarían con creces las plazas, pero les sale más barato traerlos ya formados de fuera.

Los países ricos no están proporcionando la ayuda económica que debieran ni de la forma adecuada.

En 2005, se presionó de gran manera a los países ricos, quienes acordaron que en 2010, en conjunto, aumentaría la ayuda en 40.000 millones de dólares, para en el 2015, llegar al pretendido 0,7% por cada país. Pero esto no se está cumpliendo.

Al ser las ayudas escasas y erráticas, y no como se comprometieron, hace que los gobiernos receptores, no puedan pagar los salarios a tiempo, ni que puedan retener al personal con experiencia, ni que se puedan arriesgar a contratar a nuevo personal; todo lo cual hace que disminuyan los objetivos, como el de disminuir la mortalidad infantil.

El dinero, en lugar de aumentar, a veces hasta disminuye, con lo que los proyectos que empezaron, se ven comprometidos; encima, a veces, la ayuda sólo llega a países de renta media y no a los de baja; cuánto menos a las zonas rurales y las periferias de las ciudades de los países pobres.

Existen aproximadamente 40 millones de infestados con el VIH, casi todos en zonas empobrecidas; si se cumplen los mejores pronósticos, sólo 1,8 millones de personas podrán medicarse contra ella.

Muchas veces las ayudas sólo se dirigen contra el Sida, la tuberculosis y la malaria, pero no para reforzar los sistemas sanitarios en general, para los cuales, sólo se destinan el 20% de la ayuda para sanidad, porcentaje en el que se incluyen los sueldos del personal sanitario.

Para educación, a pesar de los avances de los países en desarrollo, la ayuda de los ricos es muy pequeña, y según la UNESCO, harían falta 17.000 millones de dólares más al año, para que 100 millones de niños y niñas asistan a la escuela de primaria, y para que las mujeres analfabetas aprendan a leer y escribir.

La ayuda, aparte de escasa, sólo ha llegado a unos 16 países de los 37 gobiernos que presentaron los planes que exigían los ricos para acceder a sus donaciones; de los 16 harían incluso falta otros 430 millones de dólares, para que la ayuda fuera completa.

A pesar de que muchos países en 2005 aseguraron que iban a cancelar la deuda a los países en desarrollo, no en todos los países ha sido así, ni mucho menos; son más los países en los que no se ha cancelado que en los que sí. De todas maneras se dice que con el tiempo, se cancelará a más países su deuda, para que inviertan en educación y salud.

Cito textualmente: “La falta de coordinación de la ayuda y el excesivo peso que tienen la asistencia técnica y los proyectos restan valor al dinero que los países ricos destinan a la ayuda al desarrollo”.

A veces, la ayuda sin coordinar, se desperdicia y no se utiliza, por lo que se suele preferir la ayuda pública, aunque ésta sea menor y tarde más, pero está mejor coordinada, que no cada ente privado ponga sus condiciones de forma arbitraria cada uno, con lo que a veces se dan, por ejemplo, ayudas para lo mismo.

Gastar algo en Asistencia Técnica (como formación, becas, estudios y asesoría técnica), está bien; pero es que a veces, más del 70% de la ayuda se gasta en esto, de tal forma que por ejemplo en Mozambique, los países ricos gastan 350 millones de dólares al año en 3.500 expertos técnicos de sus propios países, mientras que 100.000 trabajadores del sector público de Mozambique, reciben un total de 74 millones de dólares en sus sueldos, por lo que se quiere disminuir dicha asistencia técnica. No se desea aumentar el sueldo de los profesionales de los países pobres por parte de los donantes, sino contratar a los técnicos de los países ricos, aunque en comparación sus honorarios sean astronómicos.

En ocasiones los donantes quieren que el material necesario para los proyectos se compre en su mismo país, y no en el del en desarrollo, con lo que dicho material suele estar sobrevalorado, y encima no se ayuda al empresario del país receptor.

Los países donantes, deberían donar, más que a sus proyectos en concreto, a los servicios públicos de los gobiernos de los pobres, para que éstos tengan para salarios, materiales, libros de texto y medicinas, cosas que tanta falta hacen en sus países. Algunos hacen esto, pero todavía es insuficiente e ínfima la cantidad así donada.

Personal cualificado suelen irse a otro sitio, o incluso a ONGs internacionales que trabajan ahí, donde trabajan como conductores o intérpretes, pues ganan más así, que en sus trabajos estatales.

Espero que estos resúmenes les estén resultando de provecho; saludos cordiales:

Servando Blanco.

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