PUNTOS PARA REFLEXIONAR:

Hemos de tomar al medicamento, como un bien esencial, y no meramente como uno comercial; y que su uso sea racional, y que todo el mundo tenga fácil acceso al mismo, o al menos a unos mínimos, o sea, como mínimo a los llamados fármacos esenciales.

¿Tiene sentido disponer de una agencia mundial del medicamento, que certifique rigurosamente los beneficios de los nuevos medicamentos, si éstos sólo van a poder ser adquiridos por una mínima parte de la población mundial, por los llamados países desarrollados?

¿Si países del primer mundo, como por ejemplo USA, dicen que van a disminuir el precio de los medicamentos, entonces quiénes van a ser los que paguen las cuantiosas ganancias de los laboratorios farmacéuticos; serán como siempre los países más pobres, los países en desarrollo? Muchas veces estas cosas, cuestan la vida de los más indefensos, los que no pueden acceder a los medicamentos por su altísimo coste económico para ellos. Piensen que gran parte de la población mundial, vive con menos de dos dólares USA al día, para todo.

O sea, ¿se quiere ser más liberal en el norte, a costa de ser más restrictivo en el sur?

Hay que intentar aumentar la I+D+i en las llamadas enfermedades olvidadas (aquellas que pertenecen principalmente al tercer mundo, y que por tanto no se investiga casi sobre ellas, pues no va a haber quién pague la inversión que requiere su estudio), como chagas, leishmaniasis, malaria, fiebre amarilla, VIH/SIDA, entre otras, que afectan casi solo a los de los países pobres, debido a sus nefastas condiciones de vida. Hay que intentar que la investigación, no se base tanto en más y mayores ganancias pecuniarias, sino en otros tipos de recompensas, como cumplir con la sociedad, y mayor humanidad por parte de los investigadores y toda la cadena sanitaria.

Sí hay que decir que existen ciertas flexibilidades para el acceso a productos sanitarios por parte de países en desarrollo (otorgadas por entes del primer mundo), pero que tropiezan con grandes obstáculos para poder acceder a ellas, y como se juntan con otras grandes dificultades, al final, es casi como si esas flexibilidades no existieran.

Habría que ver principalmente, las necesidades en salud pública de los países en vías de desarrollo, y según eso, crear políticas a nivel regional, nacional e internacional, y no que les vengan impuestas las formas de actuación a esos países desde los grandes entes de los países desarrollados. Sus necesidades, se deberían tener siempre en cuenta, desde el principio hasta el final.

Según las definiciones sobre Macroeconomía y Salud de la OMS, las enfermedades se clasifican en Tipo I, II y III. Las Tipo I, afectan a países pobres y países ricos y es numerosa la población vulnerable en ambos.

Las Tipo II, también afectan a países ricos y pobres, pero es en éstos últimos en los que más prevalecen.

Las Tipo III afectan principalmente a países en vías de desarrollo.

Las distintas enfermedades, pueden oscilar de un tipo a otro.

Repito, habría que intentar proteger la salud pública, antes que los intereses comerciales, y así potenciar la investigación de los tipos II y III, y no sólo casi las del I.

Los diferentes estados miembros de la OMS defienden, lo que dice su Constitución, que: “La finalidad de la OMS será alcanzar para todos los pueblos el grado más alto de salud”, esto se debería tomar como un derecho fundamental de toda persona; pero el actual orden económico mundial y los intereses para preservar la salud de la economía, hacen que el mercado, predomine sobre la salud de todo ser humano.

Un dato anecdótico, los acuerdos suscritos por la OMC (Organización Mundial del Comercio), hay que cumplirlos obligatoriamente por los estados miembros, mientras que los acuerdos de la Asamblea Mundial de la Salud (AMS/WHA), tienen de normal, rango de recomendación, y por tanto gran parte de los acuerdos son optativos; se ve claro que impera el mercado mundial sobre la salud mundial.

Saludos:

Servando Blanco.

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