SEVILLA (29/1/20 al 31/1/20)

SEVILLA (29/1/20 al 31/1/20)

Me había invitado el presidente (D. Rafael Martínez) de la ONG (Farmacéuticos Sin Fronteras de España), de la que soy voluntario (subo al blog semanalmente distintos escritos), a Sevilla, para el evento de la celebración de los 30 años de existencia de esta ONG. Por ello organicé todo el viaje desde unas semanas antes, desde que me confirmó el día del evento (lo cual lo hizo Ángel por e-mail).

A mí no me gusta nada viajar y no hago turismo nunca, por lo que pensaba estar todo el tiempo en la habitación que alquilara leyendo, como siempre hago allá donde vaya. Pero una hermana, la mayor (Saso), me dijo que ella me acompañaba, por lo que otra hermana, la segunda (Maru), me dijo que acompañara a mi hermana Saso a pasear por ahí puesto que me hace el favorazo de acompañarme, que como mínimo la acompañara a pasear por las calles de Sevilla. Íbamos a ir los dos solos, por lo que debería acompañarla todo el tiempo. Pensé que me esperaría un medio aburrimiento pues a mí solo me interesan un par de temas y del resto paso un kg total.

Mi segunda hermana pues me dijo que saliera con la mayor y esto entonces tenía planeado. No había caído en la cuenta que allí lo típico es la Semana Santa y La Feria. La primera no me gusta verla por el mogollón de gente que aglomera, pero no había caído en la cuenta como digo que son cosas de religión y que por tanto podía mirar iglesias y cosas por el estilo. Lo que fue una idea estupenda de mi hermana Saso. De La Feria sí que paso por completo.

Lo primero, el viaje y el hospedaje me los arregló uno de mis cuñados (Chiew), el oriental. El hospedaje me lo reservó su hijo (mi sobrino Javierito), quien si Dios quiere acaba la carrera de periodismo este año. La lleva año por año. Su ideal es desde los diez años más o menos, ser periodista deportivo. Es lo que le atrae en este mundo. Está siempre con cosas de deportes a toda hora. Es un sobrino talentoso yo creo. Veremos a ver qué hace con su vida profesional, pues espero que la personal la sepa llevar bien. No sé si como yo que llevo soltero toda mi vida y ya no tengo demasiadas esperanzas en tener mujer e hijos. Dios dirá.

Como digo mi sobrino buscó el lugar y su padre lo contrató. El pasaje de avión me lo buscó su mujer (o sea mi hermana Piluca), por Vueling, aunque no fue demasiado barato, comparando los buenos precios de no hace mucho. El vuelo costó unos 110€ y el hospedaje unos ochenta y pico. Estaba bien el precio, pues por lo que vi en la propaganda del hospedaje, me daba la impresión de que estaba cerca del evento al que queríamos ir nosotros.

Mi hermana Saso, al yo decirle que el lugar del evento (CaixaForum Sevilla), estaba un poco a las afueras, pues entonces dijo que nos quedáramos en el centro de Sevilla. Y así ocurrió, estábamos a diez minutos, caminando despacio, tanto del lugar del evento como del centro de Sevilla. Yendo por sitios opuestos.

Fui al aeropuerto en taxi, pues tenía miedo de que la guagua (el autobús) tardara demasiado, y preferí quedar a una hora temprana, la una del mediodía, en que me viniera a buscar un taxi a mi casa. Cuando bajé, lo cual demoré bastante pues estaba esperando un envío de libros del gran D. Pedro Laín Entralgo, pero no llegó mientras estuve yo en mi casa, sino que vino cuando yo estaba en el aeropuerto y no oí el mensaje del cartero, por lo que me envió los datos por SMS, el cual llevé a Correos al día siguiente de mi regreso, o sea el sábado a primera hora, con lo que me traje quince libros antiguos de dicho autor. Los cuales tengo pendiente de leerlos. A ver si busco un hueco.

El control de seguridad lo pasé sin problemas, aunque me puse un poco nervioso, por viajar siempre solo, por si me ocurriera algo estoy yo siempre solo en todos lados. Como saben hay que quitarse todo lo que uno lleva encima, tanto en los bolsillos, como el ordenador abrirlo, como el cinturón y todos los abrigos y jerséis que uno lleve. Yo pasé el anorak y me quité la rebeca con cremallera por delante y la pasé por el escáner también. Por suerte no sonó la máquina detectora de metales. Algunas veces suena, aunque son ellos mismos quienes la activan para así pasarme el aparato detector de metales manual, igual que como también me pasan unas tiras de papel a ver si detectan trazas de drogas o cosas así. Pero ya digo que fue todo normal. No sabía si tenía aura o no, pues creía que la tenía como Vargas Llosa, cuando en realidad hasta no hace mucho tenía el triple de él. Que es uno de los que más lo tienen del mundo. Estoy a ver si puedo llegar a genio, pero con lo que duermo y el sueño que tengo siempre, lo veo un poco lejos. Y eso que lo he pensado. Y más que mucha gente a mi edad ya quiere pasar de todo y de todos, mientras que yo tengo cada vez más ganas de leer muchas cosas, y como siempre digo, yo lo que necesito es tiempo…, para poder leer todas las cosas que me gustaría, simple y llanamente.

Las tarjetas de embarque ponían que hay que embarcar unos cuarenta minutos antes y yo recordaba del último viaje a Madrid que las puertas de embarque salían en las pizarras (monitores) sobre media hora antes cuál era la puerta de embarque donde hay que embarcar. Pero miré en las pizarras, tras pasar las tiendas de Duty Free, y vi que una hora y pico antes salían las puertas por dónde debía uno embarcar. Fui buscando un lugar donde sentarme, mientras esperaba la hora en que se vieran las puertas de embarque en los monitores, pero no encontraba ninguno, pues todos estaban llenos de turistas nórdicos mientras esperaban su vuelo en una puerta cercana. Por suerte vi uno en que había una sola silla libre, y ahí me senté, aunque sospecho que mucha gracia no le hizo a la que estaba al lado. Ahí intenté leer, pero me costaba bastante, pues estaba medio trincado con la movida de los días siguientes. La cosa empezaba bien, pues se vería con tiempo antes la puerta de embarque (fue la: Gate number B12, creo que era).

Hacia allí me encaminé. Cuando llegué no estaba muy al tope de gente dicha puerta de embarque, por lo que le pregunté a una chica que había a mi lado si por ahí se embarcaba a Sevilla por Vueling y me dijo que sí, que por allí era. Descansé algo más.

El viaje en avión, fue normal. Me hizo gracia que casi todo el mundo que me rodeaba se santiguó durante la salida, con lo que me dije que yo no era entonces tan santurrón como a veces pienso.

Al lado mío había un ejecutivo que se pasó todo el viaje tosiendo y sin taparse la boca para nada. Pensé que, si no era una de las cepas de las que estoy vacunado, seguro que me la pegaba. Lo que esperaba era que los síntomas no aparecieran antes del viernes por la noche, para no chafar con nada malo el viaje. Parece que sí es una de las cepas de las que estoy vacunado, pues no he tenido síntomas de gripe y hace ya más de una semana que cogí el avión a Sevilla (29/1/20).

Llegué pues normal al aeropuerto. En realidad, llegamos veinte minutos antes de la hora, pues teníamos el viento de cola. Pero esto suponía que la vuelta a lo mejor fuera peor, por tenerlo de frente. Ya vería. En efecto llegamos a la vuelta una media hora más tarde, aparte de que tardamos bastante en salir del aeropuerto, pues tardamos mucho en embarcar.

Cuando salí del avión, ya estaba mi hermana Saso esperándome en la salida. Ella venía de Madrid, que es donde vive con Juancho, mi cuñado el escritor famoso en varios países. Fenomenal. La cosa iba marchando bien.

Se fumó un par de cigarros antes de subirnos al taxi. Nada más llegar a dónde estaba mi hermana esperándome, llamé al anfitrión del apartamento que íbamos a alquilar. La hora de llegada estaba prevista para las doce del mediodía, y sin embargo llegamos sobre las seis y pico, siete, de la tarde.

El anfitrión nos esperaba en el piso. Llegamos pronto. En hora, según lo previsto hacía un par de días, cuando le dijimos que no podríamos estar allí a las doce del mediodía.

Estaba haciendo el check-in el dueño del apartamento, cuando me llamó D. Rafael (el presidente de Farmacéuticos Sin Fronteras, o sea mi jefe supremo), y me dejó alucinando que me tuviera tan en cuenta, pues habíamos quedado que una vez llegara al piso yo lo llamaba. Yo estaba pendiente de llamarlo una vez acabara con el dueño del piso. Le dije que acabábamos de llegar y que estábamos con el dueño del apartamento. Quedamos en que al día siguiente quedaríamos para que nos pasara las invitaciones para mi hermana y para mí, para el evento pues, aunque el aforo era para trescientas personas, por si acaso ocurriera algo y se llenara. Le agradecí que me tuviera tan en cuenta. Quedamos pues en que al día siguiente lo llamaba sobre las doce a ver cómo hacíamos para que nos pasara las invitaciones.

El anfitrión nos estuvo explicando cómo llegar al centro de Sevilla, Triana, la cual quedaba allí mismo a unos diez minutos caminando sin prisas. Y el lugar del evento igual, aunque en la dirección opuesta justo. La cosa iba fenomenal.

Pensábamos salir a comer algo, pues yo no había comido nada desde las doce del mediodía, en que almorcé algo, aunque no muy fuerte, no fuera a entrarme ganas de defecar y estuviera en el avión, en el aeropuerto, o en sitios similares. Aunque estoy estreñido, a veces voy algo mejor al baño, cuando tomo mucha fibra y hago abdominales en abundancia. Aunque de normal debo usar el Dulcolaxo glicerol® solución rectal, para poder ir bien al baño, pues el Leponex® me provoca estreñimiento grave. Voy pues al baño una vez cada cuarto día, de normal, con este laxante dicho pues si no, no defeco ni de broma.

Nos explicó todo el anfitrión y le firmamos unos papeles para la policía, para tener nuestros datos, no fuéramos a ser terroristas o cosas por el estilo. Nos dijo que la salida, el check-out, podíamos hacerlo cuando habíamos quedado o sea a las once horas, pero si queríamos podíamos dejar nuestros bártulos en su casa y sobre las tres lo iríamos a buscar para irnos al aeropuerto. La cosa iba marchando a la perfección, pues no sabíamos qué hacer con las maletas desde las once hasta las tres de la tarde. La cosa funcionaba, y el anfitrión era tal como ponían las referencias de otras personas, e incluso diría que mejor aún. Y mi jefe me tenía tan en cuenta que me llamaba él antes de yo hacerlo. Fantástico, como en un sueño escrito en un libro.

Cuando se fue el dueño, nos pusimos cómodos y decidimos salir a comer algo por ahí, como comenté. Por el centro nos dijo el anfitrión. Antes de esto, vimos una iglesia a la que entramos y ya ahí empecé a flipar con lo magnífico de los pasos de Semana Santa. Me quedé alucinado de verlos en persona. La cosa seguía perfecta. Fuimos por Triana justo, a comer y esto me pensé que iba a ser muy caro para mi bolsillo y así lo fue. No me puedo permitir estos lujos yo, aunque así y todo pedimos unas papeletas de jamón serrano y varios quesos. Exquisito, pero sumamente caro. Cerca de 50€ todo. Sé que veía mucho oriental en sitios muy caros y todos comiendo cosas típicas, pero esto son cosas muy caras (imposibles casi), para mí.

En este restaurante estuvimos unas cuantas horas, hasta cerca de las once de la noche, en que nos dijeron que iban a cerrar. También pedimos una ración de pollo al curry el cual me pareció mucho más conocido el sabor, pues la señora que me hace la comida, me lo suele hacer y no había mucha diferencia entre uno y otro, salvo en el precio.

Yo para beber como siempre, agua y/o cerveza sin alcohol. Y Saso un par de ribeiros (tinto), como siempre también.

Salimos de allí y fuimos al apartamento. El cual, por cierto, cuando salimos no funcionaba la llave para salir y tras mucho intentar vimos el interruptor de la puerta en un sitio bastante alejado. Solo se podía abrir para salir dándole a ese interruptor. Ya yo me había empezado a agobiar no fuera que nos hubiera dado una llave equivocada el anfitrión, pero no, funcionaba para abrirla desde fuera, para entrar al domicilio. Pero para salir había que abrirla desde el interruptor solo.

Luego nos vinimos de nuevo al piso, donde nos duchamos y comí como siempre unas cuantas chocolatinas, así como panecillos que nos habían dado en el restaurante al que fuimos y donde nos pusieron bastante de esos panes, así como pan blanco pequeño. Mi hermana había pedido más panes, de ahí que nos hubieran dado tantos.

Estuvimos charlando un rato más mi hermana y yo, y al día siguiente habíamos pensado ir a mirar la parte antigua. A mí no se me apetecía mucho, pero así y todo le dije de ir.

Me puse a leer sobre biofármacos en el piso, con lo que la cosa seguía como ven fenomenal.

Lo mío esto de los viajes, es La Cenicienta por completo, pues son gastos y cosas que nunca me puedo permitir, pero que, en ciertos momentos, tiro la casa por la ventana. Soy sumamente pobre y por tanto en mi ciudad nunca voy a comer por ahí y menos a sitios caros. A lo sumo voy a tomar un café cuando voy con mis hermanas y vamos todos juntos a tomarlos por ahí. Es cuando único voy a tomar algo. Es más, hace cosa de medio año fui a un bar de mala muerte a orinar pues no lo aguantaba más y me tomé un café después de más de siete años en que no entraba yo solo, a un bar a tomarlo. Paciencia.

Total, que al día siguiente nos habíamos levantado sobre las once del mediodía y tras ducharnos, iba a llamar al presidente de la ONG (D. Rafael) pero me llamó él antes, para decirme que iba a entrevistarse con el presidente de la Junta de Andalucía (D. Juan Manuel Moreno), lo cual me dejó flipando en colores y más aún, pues me llamó antes de esto, con lo cual me tiene en cuenta de continuo, incluido el que va a entrevistarse con las altas autoridades y me llama a mí antes que a ellos. Un alago por completo, como comprenderán. Quedamos en que iríamos mi hermana y yo sobre las siete, por si nos pasaba las invitaciones, por si fuera a haber mucha gente.

Después a mi hermana Saso se le ocurrió ir a ver la catedral de Sevilla, lo que me pareció una buena idea.

Fuimos primero a desayunar, aunque yo me comí antes un par de chocolatinas en el piso. Lo siento, pero soy enorme y para llenarme con comida ha de ser con grandes cantidades y es mucho gasto.

Fuimos a un bar que había de los primeros de la calle de Triana, justo por donde empezamos a caminar y le preguntó mi hermana Saso a un camarero que por dónde se iba a la catedral. Nos dijo que, por varios sitios entre ellos por el mercado, el cual quedaba allí mismo. Por ello, tras yo comer un pincho de tortilla con agua y café, nos fuimos hacia allá. Mi hermana no comió nada, salvo un cortado, pues no tenían cruasanes, ni desayunos de ningún tipo. Aquí empezó a pagar todo, mi hermana, y no paró de pagar hasta el momento de llegar al aeropuerto, hasta casi justo la puerta de embarque mía. Le dije que no, que yo tenía pensado pagar todo, puesto que iba a ir ahí por mi culpa y qué menos que pagar yo todo… no me dejó ni pagar un taxi más, ni desayunos, ni almuerzos ni nada. Un pasón total. Algo extraordinario. Allí, en esas zonas tan céntricas, todo es carísimo. Todo cuesta un riñón.

Fuimos caminado por varios sitios, y encima ella me sacaba un montón de fotos en todos lados y no quería que yo le sacara fotos a ella, sino ella sacármelas a mí, y a lo sumo algún selfi, pero nada de yo sacarle fotos a ella. Me dejó otra vez flipando.

Tardamos bastante en llegar a la catedral, y antes pasamos por una plaza de toros, sobre lo que me dijo que a ella le gustaban mucho los toros, que le parecían un arte. A mí me da igual, sé que hay mucha gente a la que le gusta, pero yo no los miro nunca. Fui una vez, cuando viví unos siete meses en Valencia, a una plaza de toros y ni me gustó ni me dejó de gustar, era una cosa que no entendía, pero que me gustó haber experimentado, a pesar de que muchos lo tratan como un crimen. Sí me alucinó el chorro de sangre que salía por donde estaban las banderillas, pero fuera de esto, ya digo que no he visto más toros que desde este evento, lo cual fue cuando tenía 33 años (ahora tengo 57 años).

Tardamos un buen rato en llegar a la catedral, pero allí flipé en colores. La verdad. Todo era maravilloso y de mis temas por completo (la teología), gocé lo indecible al ver las maravillas que había allí. En ese momento me dije que si entendiera el arte como ocurre con el protagonista de las novelas de Dan Brown sobre todo en Ángeles y demonios, sería fantástico. Pero por desgracia desconozco todo del arte sacro y por tanto no pude entender la totalidad de las cosas. A Saso le interesó muchísimo tanto el órgano de tubos, como un retablo muy recargado y genial. Nos quedamos flipando los dos. Ya yo ya había compensado con creces el viaje, pues no se me había ocurrido ver la catedral ni de broma. Tampoco pensé que fuera tan maravillosa. La catedral de mi ciudad es muy poquita cosa… y más comparado con ésa.

Allí todo era magnífico y de temas santos. Me dijo mi hermana que los andaluces eran muy dados a las tradiciones y que son gente muy conservadora (lo contrario que yo, que soy de izquierdas total). Y que ya digo que hay que tener cuidado con sus tradiciones. Por suerte, aunque había gente, no eran demasiadas como en temporada alta de vacaciones, pues si no, todo sería un disparate de caro. De tal manera que, a muchos de los que preguntábamos, no eran de allí. Casi todos de los que preguntamos en la calle para que nos indicaran los sitios, no eran de allí. Y como digo estamos en temporada baja.

No puedo contar nada de la catedral, pues todo fue magnifico, y me sirvió para apreciar el arte sacro más aún de lo que ya de por sí, me gustan estas cosas.

Teníamos que ir al evento de los 30 años de la fundación de Farmacéuticos Sin Fronteras, a las siete de la tarde, por lo que optamos por ir a almorzar por Triana, a algún restaurante, aunque no quería ir al del día anterior, pues en nada gastamos un dineral.

Fuimos a uno cercano a donde desayuné el pincho de tortilla, y ahí comimos ahora los dos una ensalada muy rica, a base de espinacas, quesos, frutos secos y otras cosas más que estaban fenomenal. Me quedé lleno. Tardamos bastante en llegar al piso de nuevo, pues mi hermana Saso es una pachorruda para todo, pero sobre todo para comer. Estaba ya desesperado, no fuéramos a llegar tarde al evento principal por el que estábamos allí. Todo iba fenomenal y no quería que fuera al contrario en estas cosas.

Salvo el pincho de tortilla, el resto todo fue cocina creativa, lo cual es muy bueno, pero un dineral por poca cantidad de comida, y más cómo como yo en cuanto a cantidad. Estoy pesando ahora unos 90 kg y pesaba unos 97 kg así que calculen lo que como y cuánto peso.

A la vuelta del avión, cuando en el control de seguridad me quité el cinturón me di cuenta que había adelgazado en las dos noches que pasé en Sevilla.

Caminamos lo indecible por lo que estábamos hambrientos, por lo que devoré la ensalada, la que estaba exquisita. Y a pesar de mi tosco paladar, sentí que estaba inmejorable.

Saso como digo tardó muchísimo en comer, por lo que íbamos tarde de tiempo, aunque ella insistía en que no, que íbamos bien de tiempo.

Decir que intentamos subir La torre de La Giralda, pero tuvimos que pasar, pues cuando íbamos por la rampa 18 preguntamos a una parejita que bajaba y le dijo Saso cuánto quedaba y al decirnos que eran 35 rampas pasamos de seguir subiendo y dimos media vuelta.

Típicos son los naranjeros en toda Sevilla, de los que nos dijo un taxista que antes una empresa las cogía y hacía mermelada de naranjas, pero el ayuntamiento quiso que les dieran un dinero por ellas y la empresa dijo que no, por lo que ahora se caen las naranjas al suelo lo cual es un peligro, pues pueden causar graves caídas sobre todo a los ancianos (que resbalan al pisar las naranjas maduras), con las fracturas de cadera que eso provoca. Total, que ahora los miles de kg de naranjas se caen al suelo sin que nadie los coja, ni se los coma. Un desastre, todo por el ayuntamiento querer hacer negocio con ellas. Paciencia.

Por la tarde, estábamos ya en la casa para prepararnos, pero con la pachorra de mi hermana, salimos casi justos de la casa, casi íbamos a llegar tarde a la cita. No quería por lo bien que se porta el presidente de la ONG conmigo, y porque no suelo llegar tarde a ninguna cita, cuánto no más en este caso y siendo el evento que era. De todas maneras, cuando estaba en la celebración llegaron unos cerca de una hora más tarde que el resto de las personas. La gran mayoría llegó pasadas las 19:30, toda una falta de puntualidad por parte de la gente.

Le di bastante prisa a mi hermana, con lo que salimos casi en hora, o sea sobre las siete de la tarde, aunque habíamos hablado de salir a las siete menos cuarto para llegar bien de tiempo. Había quedado con D. Rafael (el presidente de FSFE) a las siete de la tarde, en que llegaría al evento yo, y lo llamaría a él para que nos diera las invitaciones.

Mi hermana iba muy, muy guapa, tal y como la había visto en una charla de su marido, reciente, pues ella se acordaba que yo le había dicho que iba muy guapa. Le dije eso, que le quedaba bien el traje y que ya se lo había visto, por lo que me dijo que por eso se lo ponía, porque a mí me había gustado. Llevaba también un bolso de noche, de los de fiesta.

Resulta que el evento no estaba justo en el edificio que creía, una torre gigantesca, llamada Torre Sevilla, sino un poco más alejado. Hacia allí fuimos con el estómago algo encogido por la impuntualidad mía y más que todos los días anteriores me había llamado D. Rafael antes que yo a él (que sería lo preceptivo). Por suerte preguntando a todo el mundo, llegamos al lugar del evento.

Cuando lo vi, me dio un vuelco el corazón, mi jefe supremo estaba allí con otros líderes, por lo que Saso y yo nos acercamos para saludarle. Nada más tenerme a su lado el presidente me dijo que no había traído el material en vídeo para que viera un resumen de su vida (su currículum). Le dije con la cabeza y el pensamiento que nada, de esto nada. O sea que no se preocupara de esas cosas (yo intentaré pasar sus memorias a ordenador, si Dios quiere), que ahora lo importante era el evento que iban a presentar entre él y Ángel Huélamo (el director técnico de la ONG, quien no me canso de decir que va fenomenal, y que está llegando muy, muy lejos y lo joven que es, ronda los 45 años). El presidente también es reconocido por todo el sector, pero éste quiere jubilarse en breve, mientras que a Ángel le queda mucha vida por delante.

Mi hermana tuvo una idea fenomenal para romper el hielo y fue sacarnos fotos los dos solos primero y luego ella también en medio de nosotros. Está claro que mi hermana está acostumbrada a estar entre los grandes del mundo, de ahí la buena idea que tuvo para romper el hielo. Luego D. Rafael siguió organizando cosas del evento, y mientras estábamos esperando mi hermana y yo, vi y saludé también a Carlos Lerma, quien está de tesorero de la ONG. Después fuimos mi hermana y yo al baño, y ya nos quedamos en la parte alta, pues todo el mundo se estaba saludando en la zona más baja. Y como yo solo conozco al par de ellos, pues allí nos quedamos, viendo desde nuestra atalaya a grandes personalidades como Doña Carmen Peña, de quien me llevé una gran ilusión al verla, pues hacía tiempo que, por las revistas del sector, no tenía noticias suyas. Estaba claro que era ella, y me decía para mí: ¡¡¡Es Doña Carmen Peña!!! Y lo pensaba regocijado varias veces, por lo que ella un par de veces me dijo que sí con la cabeza, con lo cual ya dijo todo, que ella no estaba en control (no tiene aura) y que le alegraba que yo la recordara, pues me da que lleva un par de años en que va más flojito, como digo. Y tanto que antes era presidenta de la FIP (Federación Internacional de Farmacéuticos), una de las organizaciones internacionales más importantes del mundo farmacéutico. Y ella fue la vicepresidenta y presidenta de este organismo, durante muchos años. También fue vicepresidenta y presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos de España. Ha recibido grandes premios durante toda su vida y a mí me conocen los de mi barrio, y los grandes amigos de la ONG dicha. De resto cero, total. Y eso que soy de los españoles que más a tope van, según creo y según me dicen por el aura.

Luego se acercó Ángel por donde estábamos y también nos sacamos fotos, pero ahora yo solo con él, pues por allí no había nadie más que nos pudiera sacar las fotos como había hecho antes una mujer muy agradable, quien nos sacó lo menos siete fotos o más casi todas iguales, o sea el presidente en un extremo, mi hermana Saso en medio de los dos, y yo en el otro extremo de la foto. Fenomenal.

También pasó por allí Ana Calderón, quien cuando iba al baño pasó de mí por completo, pero cuando salió me dio un beso muy afectuoso y charlamos un par de palabras. Todos estaban supongo que tensos por lo importante del acto y todos ellos iban a ser los protagonistas, sobre todo el presidente (D. Rafael) y Ángel quien es el que suele dar la cara últimamente en las charlas de la ONG, y sigue fenomenal. Le di la enhorabuena a Ángel mientras nos sacaba las fotos mi hermana y me dio las gracias. Se lo merece y más. Me alegro de que todo les vaya bien a los de la ONG, la que está subiendo como la espuma. Y yo soy voluntario de ella y donde me tienen muy en cuenta, lo cual es de agradecer.

El acto fue muy bonito y salió según mi parecer muy, muy bien. Yo no tengo costumbre de ir a estos actos, pero ya digo que Ángel y D. Rafael lo hacen muy bien. Otra vez D. Rafael se emocionó y casi tuvo que dejar de hablar, sobre todo cuando estaba presentando a María Dolores de Villa (Mariado), quien ahora está de vicepresidenta y que vive también en Sevilla (como D. Rafael y otros de la ONG). Fue a la primera que conocí (junto a su marido) de la ONG, cuando vinieron por mi ciudad a una boda, en que entonces nos reunimos con ellos, tanto D. José María Gómez (el presidente de Farmacéuticos Canarios Solidarios [FCS]), quien era mi jefe por aquel entonces, así como Mercedes Socas (directora técnica de la ONG citada, FCS), quien era mi jefa y compañera. Y ellos dos (Mariado y su marido) como representantes de la ONG: FSFE.

Como digo el evento salió a la perfección y fueron varios los premiados, pero esta vez mucho menos que en la otra edición de los premios, cuando la ONG cumplió 25 años, o sea hace cinco años. Eran aquellos los: I Premios Solidaridad Farmacéutica. Y éstos ahora los: II Premios Solidaridad Farmacéutica.

Esta vez sólo premiaron a una cooperante, y a ningún voluntario, los cuales ya habíamos obtenido nuestro premio en la anterior edición. D. Rafael esta vez tampoco tuvo ningún premio. Sí obtuvieron la medalla, cuatro de la ONG, o sea Ángel, Mariado, Ana Calderón y Jesús Sánchez Bursón quiero recordar, aunque no lo puedo decir con exactitud, pues mezclo algunas cosas.

Los premios que se dieron fueron I Medallas al Mérito Humanitario y Social, hecha en parte con la plata recogida de las radiografías inservibles (se reciclan y se obtiene la plata de ellas) y el II Premios Solidaridad Farmacéutica (entregados por el aniversario de los 30 años que cumple la ONG). El evento anterior, repito, fue el I Premios Solidaridad Farmacéutica. Y en éste, sí me premiaron a mí también, junto a otros voluntarios.

Fue todo muy bien, aunque el evento terminó un poco tarde, el cual como digo estuvo muy bien orquestado, y al final habló tanto una personalidad de Teva, los laboratorios farmacéuticos que corren con los gastos del evento, luego Doña Carmen Peña y cerró el acto el Consejero de Salud y Familias de la junta de Andalucía, D. Jesús Aguirre, quienes hablaron maravillas de la ONG y sus miembros. Esperemos que la ONG siga progresando lo mismo que hasta ahora como mínimo, con lo cual ya entonces tienen el éxito asegurado. A ver en qué queda todo.

Cuando acabó el evento, sobre las diez y pico, desperté a mi hermana Saso, pues se había quedado dormida y a la que no desperté pues ella está más que acostumbrada a estar en estos eventos, por el marido que tiene que es famoso en España y varios otros países, incluyendo Estados Unidos, Perú, Argentina, Venezuela, Cuba, Méjico, Francia y varios otros. Y por tanto para que descansara.

Cuando salimos de allí nos fuimos rápidos al piso, pues debíamos entregar las llaves pronto al día siguiente, aunque el anfitrión inmejorable como les comento, nos dejó que dejáramos en su casa las maletas desde la salida de su piso, hasta las tres en principio de dicho viernes 31.

La cosa estaba saliendo a la perfección, aunque yo estaba un poco cansado, por lo que temía que me fuera a quedar dormido el día de la salida, por lo que le dije a Saso que ese día sí pusiera ella también el despertador, lo que así hizo. El mío sonó mucho antes que el suyo y estuve algo más dando tumbos en la cama que ella, quien se levanta nada más oír su despertador… quién pudiera. A las nueve menos veinte me levanté y ya comí lo mismo que para la cena, o sea pan bizcochado, del que nos habíamos traído de los restaurantes, en bolsas individuales, así como un pan blanco tierno. Comí también chocolatinas que estaban fenomenales. Y la cosa es que mi hermana no había comido nada desde la tarde anterior, así estuvo, la cena y el desayuno del último día sin comer nada. Acabamos un poco antes de la hora, por lo que quedamos en que el anfitrión nos esperaría en su casa para llevar nosotros los bultos a ella, adonde fuimos muy agradecidos. Él, Rafael (tocayo del presidente de FSFE), nos indicó dónde podíamos desayunar, aunque mi hermana no comió nada pues nada de lo que había era de su gusto. Yo me comí un pan tostado con manteca de cerdo o algo por el estilo… una vez al año no hace daño, me dije, y así fue. Estaba rico, rico.

Todo seguía saliendo a la perfección.

Nos dijo también que por allí para visitar importante estaba La Plaza de España, que, aunque un poco lejos era muy bonita. Hacia allí fuimos y la verdad es que estuvimos caminando dos horas antes de llegar. Quiso la buena suerte que mi hermana viera un edificio que era la Facultad de Teología, por lo que, tras pensármelo, le dije si no le importaba que fuéramos a verla y eso hicimos. Me gustó su sencillez, sobriedad y buen gusto del edificio. Lo raro es que no había nadie, salvo una chica que bajaba unas escaleras y luego en el piso superior otra chica que iba al vicerrectorado según me indicó después mi hermana. No sabíamos a qué se debía esto, tanto es así que le dije a Saso si alguien les había dicho que iba a ir ahí ella junto conmigo, por lo que no había nadie (jejeje). Algo extrañísimo. Ya había sacado un par de fotos cuando Saso me indicó un cartel que decía que estaban prohibidas las fotos, por lo que no sacó más fotos. Me gustó mucho haber visto el edificio. Sin lujos ningunos, y todo muy sencillo. Pero seguro que con los jóvenes debe ser un lugar de mucho ruido y barullo, roto ese día, por algo inexplicable para mí.

Luego seguimos caminando y preguntando a un montón de personas, hasta que por fin llegamos. Saso estaba desfallecida pues no comía nada desde el almuerzo del día anterior, y si a eso sumamos que es sumamente delgada, pues no tiene reservas grasas en ningún lado para dónde reponer fuerzas. Al poco encontramos un lugar que supuse que era carísimo, pero ella insistió en comer allí, lo cual hicimos. La ensalada era a base de un queso fundido (semisólido) que estaba envuelto como en una bolsa de queso también, así como varios tipos de tomates y otras cosas más. El plato era bastante abundante, lo cual nos vino de perlas, pues yo hasta las ocho de la noche o quizás algo más tarde, no volvería a comer nada, a no ser un capuchino en el avión que es el único lujo que me permito cuando viajo. Cuesta 2,60€ lo que no es moco de pavo, pero es lo único que me permito, por ser mi perdición, mi vicio más grande: el café.

También comimos croquetas, aunque mi hermana pasó de comerlas porque tenían una bolita de mayonesa, por lo que ya no las quiso, por lo que me comí yo siete croquetas por una sola ella. Sí, el total eran ocho croquetas. Yo soy bueno de boca por completo, como ven. Todo me gusta.

Salimos otra vez un poco justos de tiempo, pues mi hermana siempre tarda un par de horas en el almuerzo, sobre todo cuando come fuera, en que entonces come algo más, aunque muchas veces no come tanto sino sumamente despacio, por lo que parece que come más, pero para nada lo es. Por suerte sí se comió toda la ensalada con lo que me dije que entonces del hambre, de ese día, por suerte no moriría. Y así ha sido.

Luego llegamos a las tres y media a casa del anfitrión, quien como digo se portó inmejorable, y con gusto di las mejores referencias que pude en la plataforma de Airbnb, pues se lo merecía por completo. Se desvivió para que todo nos saliera bien, y así ocurrió.

El taxi desandando el camino andado, nos cobró siete euros con algo, con lo que calculen cuánto caminamos antes de llegar a La Plaza de España. Como pocas veces caminamos. Y así no era raro que mi hermana estuviera desfallecida y yo con algo de hambre también. Así que calculen ella, que como les digo no comía nada desde el almuerzo del día de antes. Y el día anterior por el estilo. Ella es medio anoréxica de casi toda la vida.

Nos fuimos al aeropuerto en el mismo taxi en el que llegamos a la casa del anfitrión, el cual nos dijo que la tarifa plana es de 23 euros, menos de lo que me cobraron a mí en Las Palmas al aeropuerto.

Después de agradecerle lo bien que se había portado a nuestro anfitrión, nos fuimos al aeropuerto, donde llegamos con bastante tiempo. Allí en la salida mi hermana se fumó dos o tres cigarros. Fuma cigarros de dos en dos. Y si puede tres seguidos, para calmar el mono. Tuve una suerte increíble al poderlo dejar. Le dejé el libro sobre dejar el tabaco y el alcohol, pero por lo que vi el que más falta le hacía era el del tabaco, pues fuma pasadas totales. Ojalá lo deje y vea la liberación que es. Y si Juancho (su marido), también lo dejara sería un avance total.

Luego llegamos al control de seguridad donde lo pasamos sin problemas ningunos, y caí en la cuenta que había un gran espacio que recorrer hasta dicho control, seguramente para que los traficantes de lo que sea se pongan nerviosos y los nervios los delaten. Por suerte a ninguno de los dos le saltó el timbre, aunque sí a unos que iban delante de mí, por lo que supuse que a mí también me sonaría, pero no fue así.

Mi hermana se puso a mirar tiendas de ropas, por lo que yo me puse a mirar libros. Ella se compró un fular que parece que estaba a buen precio, unos 6€ mal contados. Todo un disparate para mí, algo que no cuenta uno, sino que, sobre la marcha, se lo compra. Eso no puedo yo mucho.

Mi hermana Maru me envió varios wasaps diciéndome que, si no me iba a buscar nadie que ella iba, por lo que le dije varias veces que no, que muchas gracias, pero que yo iba en guagua (autobús), como tenía planeado desde hacía tiempo. Total, que fue a buscarme, con lo que ya fue el clímax, pues me llevaba directo a mí casa y encima me llevó potaje de lentejas para cenar, así como varias frutas para estos días.

Total, que no quería dejar de contarles estos chismes de mi viaje a Sevilla, para dar las gracias a todas las personas que de una forma u otra tan bien se portaron conmigo y en especial a mi hermana Saso y una mención especial también a D. Rafael. Algo inmejorable por todos lados, lo que agradezco en el alma a todos. Muchas gracias a todos, que Dios se los pague a todos.

Saludos cordiales

Servando (Blanco Déniz).

Como siempre acabo con una enseñanza que podemos encontrar en la Biblia, como que el vino nuevo se ha de poner en odres nuevos y el vino viejo en odres viejos, pues si ponemos el vino nuevo en odres viejos, éste lo romperá. O sea que al pueblo judío no le intentes convertir al cristianismo, sino que ellos sigan con La Torá, La Ley, el Pentateuco, mientras que, a los otros, inténtalos convertir al cristianismo, y no al judaísmo… creo que esto significa más o menos esta enseñanza bíblica.