CONTENCIÓN DEL GASTO:

Estoy a favor de que se premie al farmacéutico, más por un correcto servicio, o sea, una adecuada atención farmacéutica (caso del comunitario español), formándose sobre ella, que basarlas en un aumento de la venta de productos farmacéuticos (para esto, para considerarlo un negocio, pongan mejor una tienda de ropa o comestibles). Esto tanto aquí, como en países en desarrollo y a todos los componentes de la cadena.

Los avances en farmacología, no son todo lo buenos y grandes que nos gustaría, de ahí, que los laboratorios, muchas veces, quieran aumentar sus ganancias por I+D+i, no creando nuevos productos, sino intentar con las patentes y variantes conseguir más ganancias.

En la Farmacia española, hay unos diecisiete mil formatos de medicamentos, mientras que la Lista Modelo de la OMS de Medicamentos Esenciales, está compuesta por alrededor de trescientos principios activos; soy de los que piensan que hay que intentar que el médico prescriba principalmente los medicamentos esenciales acordados idóneos para su país, de tal forma que es así más fácil prescribir y dispensar, ya que serían pocos los principios activos realmente utilizados (aunque algunos dicen que esto sólo sería válido para atención primaria y no para la especializada), por lo cual todos los sanitarios podrían abarcarlos, y así sería mucho más fácil aconsejar sobre cada uno de ellos.

Esta lista es fundamental para los países en desarrollo, adaptada a cada país. Si el país donante trabaja fundamentalmente con medicamentos esenciales, sería mucho más fácil todo, así todos hablaríamos un lenguaje común. Por ejemplo, si se pide un determinado medicamento, como éste va a ser útil en varios países, se puede pedir más cantidad al laboratorio, para así tener descuentos por mayor volumen de compra, que el almacenamiento (para sus posteriores envíos a ese u otro país), aparte de más fácil es más adecuado.

Si los países receptores de las donaciones pidieran en base a su listado de medicamentos esenciales, sería más fácil que todos los médicos, farmacéuticos, y demás sanitarios, conocieran dichos fármacos (todos prescritos por principio activo y no por nombre comercial o de fantasía) y por tanto poder informar sobre ellos.

Es un caos el enorme número de formatos de medicamentos, los cuales casi ningún médico, ni farmacéutico ni otros sanitarios conoce del todo, de ahí que muchas veces se producen duplicidades, interacciones, etc.

Si la lista de medicamentos esenciales se basa en una efectividad probada de cada medicamento, pues en ella seguro que van varios medicamentos que han perdido su patente y por tanto tienen sus genéricos (ya que al ser los que más han estado en el mercado, es sobre los que más se conoce), y por tanto el coste es mucho menor. Menor coste por haber perdido la patente y mayor eficacia probada a lo largo del tiempo.

Estas listas, tanto la de la OMS, como las de las distintas regiones en concreto (elaboradas a raíz de las de la OMS), se van revisando y variando a lo largo del tiempo.

Con esta lista del país receptor de las donaciones, no ocurriría que el personal sanitario no conociera los múltiples medicamentos con nombre comercial que le llegaran, de ahí que muchos no les sirven para nada, sino todo lo contrario, habría que destruirlos, lo cual es un grave problema añadido.

¿Creen que es necesario todos los formatos que existen en el mercado, o habría que tender en todo el mundo a unos pocos principios activos realmente útiles y eficaces (y que se abarcaran todas las enfermedades)? así, si algunas enfermedades están vírgenes en cuanto a investigación, se premiarían los avances en éstas, más que en las que ya existen fármacos eficaces…

¿Para qué hacen falta medicamentos tan caros, y encima a veces muchos no aportan cambios realmente y sustancialmente innovadores respecto a los que ya existían? ¿Es necesario gastar más, por el mero hecho de pensar que toda (supuesta) innovación es buena y necesaria?

¿Se deben registrar todos los principios activos, o se deben seguir unas normas más estrictas…?

O sea, hacer un uso racional de los medicamentos, basados en una lista base de medicamentos esenciales.

El uso racional, se hace en base a la formación continua, o sea, es necesario conocer nuestro campo de acción y formarnos continuamente sobre éste, para no encarecer la factura farmacéutica sólo a base de comprar los medicamentos más caros del mercado o de mayor margen, o los que nos ofrezcan un mayor negocio… sino por un buen servicio, como dije.

Ese uso racional también sería posible en el tercer mundo, si ellos también se forman en el uso de sus listados de medicamentos esenciales; al final, si todos habláramos un mismo lenguaje en pro de una mejor cooperación y profesionalización, saldríamos todos ganando.

Está claro que entre tantos medicamentos, habrá muchos que no son todo lo seguros y eficaces que debieran ser.

Estas listas deberían elaborarse, no tanto en beneficio de unos determinados laboratorios farmacéuticos, aunque para ello se contara con todos los actores, sino que deberían los que tienen la última palabra, ser independientes y basarse en su eficacia, seguridad, y por último en motivos económicos.

Un medicamento es eficaz, no solo porque cubre todos los requisitos de los ensayos clínicos (fases de la I a la IV), sino también porque se constata que cura y tiene un mínimo de seguridad…

Si son pocos y baratos los medicamentos esenciales, es más fácil que a los países en desarrollo les lleguen esos fármacos, que no que se envíen a esos países según el stock de determinadas entes…

Son los medicamentos esenciales los que hacen posible el uso racional de los medicamentos, o sea, si conozco unos pocos realmente útiles, me será más fácil aconsejar sobre ellos.

Las primeras listas de estos medicamentos que se empezaron a hacer en la OMS (pues en algunos pocos países ya existía algo parecido), eran para uso principalmente de los países pobres, pero se ha visto que esas listas bien usadas, son más útiles que el tener decenas de miles de medicamentos. Señal, de que el uso racional de medicamentos con ellas, es más racional que no todos los formatos que existen en varios países desarrollados.

Así, donando medicamentos esenciales, saldríamos ganando todos, pues todos los conoceríamos, y saldría encima, mucho más barato; en cuestión de logística, trabajar con un determinado producto común, es más fácil que con éste muy variado.

La definición del uso racional, independiente del contexto en el que se use, es la siguiente: el uso racional de medicamentos implica que los pacientes reciben la medicación adecuada a sus necesidades clínicas, en las dosis correspondientes a sus requisitos individuales, durante un periodo de tiempo adecuado, y al menor coste posible para ellos y para la comunidad.

Este es el objetivo que se debería cumplir en todo el mundo, lo que no siempre ocurre.

Saludos cordiales:

Servando Blanco.

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