SUS CRISIS, NUESTRAS SOLUCIONES (V), De Susan George:

SUS CRISIS, NUESTRAS SOLUCIONES (V), De Susan George:

Capítulo 3:

Lo básico más básico (continuación):

En cuanto a la causa 6, la especulación financiera, esta palabra (especulación), según en qué contexto, parece inocente, pero en otros, es bastante sucia.

Los agricultores del primer mundo, quieren saber, antes de plantar los productos, su precio de venta; es por ello por lo que a éstos se les llama “mercados ‘de futuros’”. Por ello, antes de cultivar, venden sus cosechas por adelantado, y luego ellos cultivan lo ya vendido, o sea, que entregan la mercancía después.

Los fabricantes de galletas, quieren saber por adelantado a qué precios podrán vender sus productos seis meses después; y con respecto a esto, ellos compran los cereales y el azúcar a un precio garantizado y ya garantizada también la venta.

A los que compran los productos pensando en que luego van a aumentar o disminuir los precios, se les llama especuladores.

En USA, los “mercados de futuro”, existen desde hace 160 años; desde esa época a ahora, estos mercados se han vuelto mucho más competitivos y comercian con gran cantidad de productos, aunque su fin es el mismo, “compensar el riesgo”.

Con la burbuja inmobiliaria y su caos, muchos inversores han ido a invertir en este negocio de los alimentos, aunque para invertir aquí, hay que tener mucho dinero, como unos 100.000 dólares cada uno.

Esto ha sido tan importante, que en 2003, los inversores habían invertido en esas mercancías unos 13 millones de dólares; y en 2008, las inversiones se habían multiplicado por 20, o sea, eran unos 260.000 millones de dólares. Como comprenderán, este dinero no era de agricultores ni de vendedores de galletas, no, es de grandes especuladores.

El séptimo factor, el comercio: en el sistema neoliberal, la palabra más ansiada es “comercio libre”, mientras que la más odiada, es “proteccionismo”.

Mientras que el proteger a la familia, el hogar y otras cosas por el estilo, lo encontramos normal, se considera un anatema dicha palabra cuando se asocia al mercado y los negocios.

Empobrecer al vecino, supone elevar al país a costa del otro, lo que se consigue aumentando los aranceles para los productos importados, o bien devaluar la moneda para favorecer las exportaciones propias, al estar nuestros productos más baratos que otros que tengan una moneda alta.

Los europeos van a USA a comprar porque su moneda es más baja; los americanos exigen a los chinos que suban su moneda, para evitar las importaciones de sus productos a tan bajos precios.

Estos son juegos que los estados no dicen claramente, pero que hacen para hundir al contrario y subir ellos.

USA y Europa muchas veces favorecen el “dumping”, esto es, vender por debajo del valor de la producción propia, bien para ganar más mercados (pues venden más barato que los agricultores locales de otros sitios, a los que hunden), o bien por el hecho de, aunque sea, ganarse algo de dinero con esas producciones. Esto puede hacerse, debido a las grandes subvenciones que reciben de sus propios estados, los productores.

USA permite que entren productos del tercer mundo que estén recién cosechados, frescos, a los que les baja los aranceles; sin embargo, se los suben y una barbaridad a los productos elaborados. O sea, USA es la que siempre elaborará los productos, y así no permite al tercer mundo salir de la pobreza, al no permitir esas industrias en el mundo en desarrollo.

Muchas veces, los productos a elaborar en el primer mundo, deben recorrer gran cantidad de km, y una vez elaborados, cuando se venden, también recorren una gran cantidad de km; por ejemplo, las galletas danesas se venden en USA y Norteamérica a su vez manda galletas a Dinamarca… ¿no sería más razonable intercambiar las recetas?

La autora dice “que más comercio no es de ningún modo la solución a la crisis alimentaria, o para el caso, de ninguna crisis”.

El problema es que tal como están los negocios ahora, ocurre lo de siempre, o sea, que el rico es cada vez más rico, mientras que el pobre es cada vez más pobre.

Para los mercados, los pobres no son nada, no les interesan, pues ni son consumidores ni productores, por lo que no les importan lo más mínimo, no cuentan para ellos.

Sería posible imaginar que una economía globalizadora, capitalista y de mercado libre, podría “garantizar a todos los habitantes de la tierra el acceso a una dieta adecuada”.

Los activistas quieren cambiar el término “seguridad alimentaria”, por el de “soberanía alimentaria”, puesto que la primera, a pesar de que es una buena definición, no dice nada acerca de quién controla realmente toda la cadena, o sea que “la definición oficial no dice nada sobre el lugar de origen de la comida, quién la produjo (…) cómo era de grande la explotación, etc”, ni dónde, cómo y quienes la procesaron ni dónde se vendieron, etc, etc.

Muchos países del Norte de África y Oriente Medio, debido a que tienen petróleo y gas, pueden con lo que exportan, garantizar una alimentación adecuada a su población por medio de importaciones de alimentos, por lo que en teoría pueden alimentarlos, pero no pueden hablar de “soberanía alimentaria”, en donde el pequeño sector agrícola casi no existe.

Soberanía alimentaria quiere decir “quién transforma, quién controla el marketing, quién se beneficia, etc.”, el mundo no está a favor de ello, aunque se intenta hacer en algunos sitios, pero siempre a pequeños niveles, en un plano local o regional.

Por desgracia, los que tienen el poder en sus manos, no piensan en los pobres que no tienen qué comer, cuando muchas veces la solución está en ellos, simplemente con ayudar al pequeño propietario; estos pobres, son capaces hasta de arriesgar su vida, con tal de “llegar a tierras más propicias”.

Sigue el libro diciendo, que hace 30 años, que se sabe lo que funciona y lo que no; así no funciona la colectivización, a no ser que la comunidad lo haya escogido tras un debate riguroso; tampoco funcionan “las adquisiciones de tierra por la agroindustria”, ni los sistemas en los que los productores son “una pieza más del engranaje agricultura-capital”.

Lo que funciona es la atención a las granjas familiares y la tenencia de tierras, tener en cuenta a los agricultores sin tierra, garantizar precios por si los mercados fallan, y si el productor no garantiza los precios por ser muy pobre, que se lo asegure el estado u organismos como el Banco Mundial, creando un fondo para ello.

Deberían apoyar más al agricultor local, con cosas como crear un stock de reserva, favoreciendo los cultivos alimentarios, más que para agrocombustible, etc. Dar marcha atrás en lo que el neoliberalismo ha perjudicado al pequeño agricultor; en definitiva, alimentar a las personas, aunque con ello no gane dinero el capital internacional.

Pero la cosa no va por este camino, sino lo contrario; es por ello que cuando la autora acabó el libro, se oía que iba a haber una hambruna que afectaría a 20 millones de africanos de Somalia, Etiopía, Uganda y Kenia. O sea, los pobres empeoran en lugar de mejorar.

Parte dos. Agua, el producto capitalista perfecto:

Vivimos en una sociedad capitalista, en la que el agua es sumamente importante, y lo que intentan los poderosos, es que el agua sea un producto de mercado, y si fuera posible que el mercado pudiera abarcarlo del todo; las causas son:

–                             “El agua es rara y escasa”, aunque el 70% del globo es agua, ésta no es dulce, sino salada; sólo un 1% es dulce, más otro 2% que está en los polos, pero que no sabemos aprovecharla. Los recursos abundantes cuestan poco, y ocurre lo contrario con el agua, así “cuanto más escaso es un bien, más elevado es su precio”.

–                             “El agua es indispensable”: todo ser vivo está formado por agua y necesita de ella continuamente, así por ejemplo, el hombre según su grasa, tendrá entre el 45 y el 75% del peso de agua.

–                             “No se puede incrementar el abastecimiento de agua dulce”, no sabemos cómo aumentar el agua dulce y tendemos a lo contrario, a acabar con ella entre los desiertos y las grandes ciudades, con lo que se tiende a una escasez, ya no sólo del agua, sino también de todos los alimentos.

–                             “El agua no tienen sustitutos”, cuando no tenemos de un determinado producto, lo cambiamos por otro; esto es posible con todo menos con el agua, nada puede sustituirla.

Si tuviéramos un economista capitalista liberal y un economista emprendedor, quienes vieran las características dichas aquí, concluirían en que este producto “es una mina de oro y un sueño hecho realidad”. Sus características son:

–                             “El mercado para este bien es permanente”

–                             “La demanda de este bien se incrementará de forma regular, incluso exponencial”

–                             “Lógicamente, a continuación vendrá un aumento de los precios”.

–                             Por este producto, a los consumidores se les puede cobrar prácticamente cualquier precio.

Esto es posible, donde el agua está en manos privadas. Debería ser un bien público para la humanidad, pues no hemos de pensar, con lo necesaria que es, que la empresa privada, si le dejan, abuse de la importancia de la misma para obtener mayores beneficios.

No se debe pensar en que debería ser gratis, aunque sí que estuviera sometida a un control democrático y no por el mercado en función de la oferta y la demanda.

Hay que ver que no es lo mismo lo que gasta el pobre en su tetera o al ducharse, que lo que gasta el rico en llenar su piscina, o el agricultor que despilfarra el agua…

Espero que estos resúmenes les resulten algo interesantes, pues el libro lo es en realidad, y mucho; saludos cordiales:

Servando Blanco.