Archive for septiembre, 2010

LA VERDADERA HISTORIA DEL CLUB BILDERBERG: Por Daniel Estulin

Jueves, septiembre 30th, 2010

  Ahora les voy a hablar de todo lo contrario, no de los pobres del mundo, sino de los poderosos del planeta y cómo se reúnen y forman el llamado Club Bilderberg, cuya finalidad es manipular al mundo, aunque de formas tan sutiles y a veces engañan con sutilezas tan escandalosas, que las personas, más que estar a disgusto, son sumisos y cumplen las normas, encima con gusto. O sea, hablaré de los entresijos de los que gobiernan el mundo y el por qué de ello.

Como suelo hacer en este blog, voy a resumir un libro. Yo no doy mi opinión sobre lo que leo en el libro (cuyo título y autor son los que encabezan este artículo y los siguientes), sino que me limito a resumir lo que considero más interesante intentando que sea de fácil lectura y entendimiento. Yo en todo no estoy de acuerdo con el autor, aunque, repito, no lo comento ni doy mi opinión. Sí creo que los poderosos podrían hacer mucho más por intentar, que como mínimo, se cumplieran los Objetivos de Desarrollo del Milenio, es más, deduzco, que si quisieran, seguro que lo podrían hacer, incluso el erradicar totalmente y pronto la pobreza en el mundo. Ahí va el resumen, que dividiré, como digo, en varios artículos:

Planean muy diversas cosas, como crear inseguridad de los padres, mandando ellos mismos a secuestrar a niños, con el fin de que sea fácil que la sociedad acceda a ponerles microchips a todos los niños y así poder gobernar mejor el mundo, lanzando propaganda favorable a los microchips y a la globalización.

Las reuniones de las grandes personalidades en el Club Bilderberg, aunque dicen que se reúnen para solucionar los problemas del público en general, se reúnen en privado, para entre ellos decidir qué hacer con nosotros.

Han disminuido el nivel intelectual de la población al disminuir la calidad de la enseñanza; todo planeado por el Club Bilderberg (de ahora en adelante Club o Bilderberg), pues cuanto menor sea el nivel intelectual, más fácil es de manejar la población.

No todas las organizaciones son del todo buenas siempre o del todo malas siempre, pero aquí el autor habla sólo de lo malo de dicho Club, pues dice que lo poco bueno que tienen, ya ellos se encargan de divulgarlo.

Según dice Estulin, nuestros líderes, a los que votamos y escogemos para que nos gobiernen, informen, etc, en realidad están escogidos por ellos y trabajan para ellos.

 

CAPÍTULO 1:

EL CLUB BILDERBERG.

El autor del libro, narra al principio de este capítulo, cómo es asaltado por dos personas en el vestíbulo de un hotel, quienes lo invitaron a que dejase de investigar sobre Bilderberg, a lo que él se negó; motivo por el que sabe, que desde ese momento su vida está en continuo peligro.

Si nadie quiere oponerse y divulgar la información sobre ese Club, es porque éste es demasiado peligroso como para oponerse a él, ya que sus miembros son sumamente poderosos y omnipresentes.

“Según Denis Healy, ex ministro de Defensa británico: ‘Lo que pasa en el mundo no sucede por accidente: hay quienes se encargan de que ocurra. La mayor parte de las cuestiones nacionales o relativas al comercio están estrechamente dirigidas por los que tienen dinero’”.

Los socios del Club, son los que deciden cuándo empieza y acaba una guerra, y dónde y quiénes participan; si alguno quiere cambiar esto, le ocurrirá las más diversas cosas (ej: Nixon y Ford fueron defenestrados por acabar antes de lo planificado por los socios la guerra contra Vietnam).

Los socios poseen los bancos más importantes, por lo que hacen y deshacen lo que quieren ya que ellos tienen el dinero y el poder.

El Club está formado por los poderosos y ricos del mundo, desde jefes de gobierno hasta la realeza europea. También los grandes de los medios de comunicación, motivo por el que se oye tan poco hablar de este Club (y eso que este año se reunió aquí, en España y sobre lo que, efectivamente, se comentó muy poco -el paréntesis es una aclaración mía).

Este Club está rodeado de un total secretismo, cuyas reuniones son siempre a puerta cerrada, por la razón de que no quieren que se sepa de lo que hablan y no como dicen, que es porque no es de interés general lo que allí se trata.

El Club se constituyó del 29 al 31 de mayo de 1.954, en un hotel de una localidad holandesa, el Bilderberg, de ahí su nombre.

En la primera reunión, se acordó que se fundaba, para tratar las complejas relaciones del mundo, ya que se descubrió que USA y Europa Occidental no estaban trabajando coordinadamente, de ahí que se acordaran debates regulares y confidenciales en pro de un mejor devenir de occidente, tras el difícil periodo de posguerra.

El fundador fue el príncipe Bernardo de Holanda. El sacerdote jesuita y masón de grado 33, Joseph Rettinger, uno de los miembros más importantes del Club, se dice que fue en realidad, su verdadero fundador.

Miembros claves “de dos de las familias más poderosas del mundo, escogieron personalmente 100 participantes procedentes de la élite mundial con el secreto propósito de cambiar Europa”.

De estos debates se salen con unas ideas de consenso comunes para todos, de ahí que las políticas de los países, a pesar de ser de distintos signos ideológicos, sean las mismas para todos.

Aunque alguien quiera comprar una invitación para asistir a una sesión de este Club, es totalmente imposible.

El asistente debe ir solo, sin familiares ni nada, y los de su seguridad, no pueden asistir a las conferencias y deben comer en una estancia aparte. Está prohibido que los asistentes ofrezcan entrevistas a los periodistas.

Para cada reunión se alquila un hotel completo, el cual es revisado por agentes de la CIA y el Mossad; se revisan también los planos del edificio y a los sospechosos se les envía a sus casas durante los 3-4 días que dura el congreso…

El país donde se realiza la reunión, despliega militares, servicios secretos, policía local y nacional y guardias privados; cualquier cosa para la seguridad de los más poderosos, es poco.

Todos los gastos de los asistentes, están incluidos, pues los paga el Club. Según se lee, “en 2.003 la factura telefónica de David Rockefeller ascendió a 14.000 € en 3 días”.

Los cocineros, son los mejores del mundo.

Una de estas reuniones de 4 días cuesta unos diez millones de euros, o sea, más de lo que cuesta pagar un viaje del Papa o un presidente de EEUU, claro que éstos dos, son menos importantes que los socios del Club.

El Grupo organiza cuatro sesiones diarias, 2 cada jornada, menos el sábado que sólo es una temprano, pues por la tarde hay actividades de ocio como el golf, viaje en helicóptero, etc.

“Cada país envía normalmente una delegación de 3 representantes: un industrial, un ministro o un senador y un intelectual o editor”; quien más envía es USA, pues es el país más grande; países pequeños envían menos delegados.

El número máximo de delegados es de 130, dos tercios de Europa y el resto de EEUU y Canadá. La mayor parte de los delegados hablan inglés, aunque la segunda lengua de trabajo es el francés.

“La regla de Chatham House consiste en que los participantes de una reunión pueden divulgar la información que se ha generado en ella, pero deben guardar silencio acerca de la identidad o afiliación de quienes la han facilitado…”, con ello la gente puede hablar a nivel individual, sin tener que decir dónde lo han oído, ni quién lo ha dicho.

Los participantes dicen que asisten como ciudadanos privados, y no como representantes con un cargo determinado.

En USA y Canadá existe la llamada ley Logan, que prohíbe a un funcionario elegido por el pueblo, que se reúna con personas no elegidas por el pueblo, con el fin de diseñar la política pública.

Los miembros del Club, pueden vender armas y drogas a otros países e interferir en las políticas de otros países.

El Bilderberg siempre ha sido administrado por un reducido número de personas, nombradas por un comité de sabios del propio Club.

Los miembros no siempre están de acuerdo en los temas que tratan, así por ejemplo en la guerra contra Irak, hay controversia, pues el verdadero motivo era la gratuidad del petróleo y del gas natural para USA y algunos decían que no debieron decir lo que dijeron del por qué lo invadían, sino el auténtico motivo.

Por ejemplo, como Tony Blair no incluyó a Gran Bretaña en la moneda única, fue cambiado por otro más maleable: John Major.

John Williams dijo que algunos de la élite occidental van para hacer presión en lo de: “lo que es bueno para los bancos y los grandes empresarios, es bueno para todo el mundo. Es inevitable y revierte en beneficio de la humanidad.”

A uno de los fundadores del Club, Otto Wolff von Amerongen, se le reconoce el mérito de empezar relaciones comerciales entre Alemania y la antigua Rusia, pero también tiene vínculos nazis y participó en el robo de acciones a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial; de él se decía que fue espía nazi en Portugal; su trabajo consistía en vender el oro saqueado de los bancos centrales y las acciones robadas a los judíos; también comerciaba con tungsteno, que se usaba para fabricar rifles y artillería.

Existen una serie de normas para participar en las reuniones, como el número de asistentes de cada grupo y el tiempo de participación de cada uno (5 ó 3 ó 2 minutos). Se aconsejan a los participantes que se preparen sus intervenciones; los pocos documentos que el Club distribuye (precisamente para que no quede constancia de lo que se trata en estas reuniones) ponen: “Personal y estrictamente confidencial. Prohibida su publicación”.

Existen aproximadamente 80 miembros activos que asisten cada año de forma continua a las reuniones, y luego un número variable de personas invitadas; algunos son por ejemplo, expertos en alguna materia sobre la que se desea saber, etc.

Bill Clinton, Tony Blair, Romano Prodi y George Roberston, asistieron al Club y poco después fueron nombrados presidentes de sus países.

Otros asistentes han sido Esperanza Aguirre y Jordi Pujol (quien no cuajó en la reunión y se le apartó definitivamente del mismo).

Miterrand, después de fracasos continuos, fue resucitado por orden del “Comité de los 300” (el hermano mayor de Bilderberg); le cambiaron la imagen y lo auparon al poder, y eso que pocos días antes fue rechazado por el partido de Le Pen y gran parte de su propio partido.

Intervienen en los grandes movimientos y cambios de presidente y de gobierno, como en Turquía en 1.996, en Italia en 2.004, etc. Antes de esos cambios, se produjeron reuniones de los líderes en las conferencias del Club.

Espero que este primer y pequeño resumen, les sirva para empezar a saber algo más sobre los que dominan de verdad el mundo; saludos cordiales:

Servando Blanco.

MIL MILLONES DE PERSONAS HAMBRIENTAS

Lunes, septiembre 27th, 2010

 

Aquí voy a resumir el informe número 127 de enero de 2.009, de Intermón Oxfam, que lleva el mismo título que este resumen y que pueden leer en su totalidad y totalmente gratis, en la web de dicha ONG. Escribo aquellas cosas que me parecen más interesantes e impactantes e intento evitar, aquellas, sobre las que ya he hablado en otros artículos de este blog. Ahí va:

Aunque el porcentaje de personas que padecen hambre, ha disminuido, el número total de hambrientos en el mundo ha aumentado.

En 2009, el número de personas que padecen hambre son 963 millones, de los que dos tercios, viven en la región pacífica de Asia (incluyendo 200 millones en India).

Es variable el número de países en los que ha disminuido o aumentado el número de hambrientos, aunque el peor es el África Subsahariana, que ha aumentado 43 millones en los últimos 15 años, llegando a 212 millones.

En 2007 y 2008 hubo un aumento increíble del precio de los alimentos, aunque luego empezó a bajar; pero esto ha afectado mucho a los 1.000 millones de personas que viven con menos de 1 dólar al día.

Encima, al gastar más en alimentación, se deja menos dinero para gastar en educación y sanidad.

A los países más pobres les afecta más la subida de precios, ya que la mayoría, dependen de las importaciones para poder alimentarse.

En algunos países existen pobres cuyos gobiernos les surten de diferentes maneras el alimento diario; de todas formas, algunos, sobre todo los países más empobrecidos, se han visto que por diversas causas, ya no pueden alimentar a sus ciudadanos más pobres. Un ejemplo, con la crisis, los países donantes dan menos dinero a los países en desarrollo, con lo que los gobiernos de éstos se ven que no pueden alimentar a sus compatriotas más pobres tal y como hacían antes.

El cambio climático, provoca aumento de la frecuencia e intensidad de las catástrofes naturales, lo que influye en la merma de la agricultura y la ganadería, lo que conlleva a un aumento del hambre.

Los gobiernos y las agencias de ayuda, deben tomar partido contra la variabilidad de los mercados y las variaciones climáticas, para proveer de alimentos a los más pobres también en tiempos de crisis.

Este informe trata cuatro secciones diferentes, las cuales iré resumiendo por orden, como vengo haciendo en este tipo de informes de IO (aunque también las voy a enunciar, lo que no suelo hacer), que resumo en este blog que tan amablemente me han cedido los de Farmacéuticos Sin Fronteras de España.

 

  1. Reconocer la escala y la naturaleza de la crisis

Una vez se reconozcan éstas, ha de haber consenso sobre cómo actuar en cada situación.

Uno de los problemas del hambre es que no se mide de forma adecuada, ni quién necesita ayuda.

Existen distintos grupos vulnerables a padecer hambre, pero muchos de éstos no se tienen en cuenta.

La desnutrición temporal, que afecta a millones de personas cada año, también debe tenerse en cuenta.

La vulnerabilidad por los desastres a veces no está reconocida por los estados, por lo que no se tiene en cuenta.

El hambre se debe considerar, no sólo como la falta de alimento, sino también como la dificultad de acceso al alimento existente.

Muchos países no quieren reconocer que en ellos existe hambre, ignorando el derecho de las personas al alimento, por lo que a veces, las agencias encargadas de reconocerlo, chocan con los gobiernos al proclamar que en esos sitios hay hambre.

Se han de usar criterios comunes (dependiendo de las distintas circunstancias), para determinar si en un sitio determinado, en un momento dado, hay hambre o no.

 

  1. Mejores respuestas a las crisis a través de soluciones a largo plazo.

La ayuda internacional es muchas veces imprescindible para evitar la hambruna en casos de desastre o conflictos, en donde los gobiernos o no pueden o no tienen voluntad para arreglar dichos problemas. En estas ocasiones, la pobreza que ya existía, se transforma en pobreza extrema.

La mayor parte de las veces en que se ha necesitado de ayuda internacional desde principios del milenio, ha sido en zonas de hambruna crónica y pobreza, a los que pequeñas variaciones les provocan grandes problemas.

El derecho al alimento corresponde al gobierno, de hecho, en los países democráticos, las hambrunas raramente ocurren.

Una cosa es hambre puntual y otra bien distinta es la crónica.

Cada país debe adoptar unas medidas específicas; ejemplo lo que se está haciendo en algunos países como Brasil o Etiopía (distintas cosas en cada país), para que los más pobres de sus países, no pasen hambre y lleguen incluso a ahorrar, para épocas de posible penuria.

El liderazgo y el compromiso de los gobiernos, es fundamental para sacar a sus conciudadanos más pobres de la hambruna. Cito textualmente: “Las formas de actuar son variadas, como ofrecer subsidios, créditos y seguros a los agricultores, pastoralistas y las comunidades pesqueras para insumos (…) Eliminar tasas de la escuela y mejorar la educación nutricional”. Y otros ejemplos más pueden ver en el informe original de Intermón Oxfam.

Los países ricos productores de cereales, hicieron que los países pobres eliminaran sus reservas de cereales, pues les salían más barato importarlos, pero esto ha hecho que los pobres dependan de la volatilidad del mercado, lo que ha hecho que con la crisis, suban los precios de forma desorbitada; por ello, se ha vuelto a que el pequeño agricultor y su comunidad, guarden el cereal en épocas de bonanza y lo puedan coger en épocas de necesidad, o bien venderlos a precios más altos cuando pase la época de recolecta, en la que hay mayor oferta que demanda, hasta que pase al revés. Y así no depender de la ayuda alimentaria importada, que aunque sea de precio menor, a la larga sale más caro, entre otras cosas porque el dinero se va afuera.

Con el cambio climático, existe mayor probabilidad de catástrofes climáticas; está demostrado que invertir en prevenirlas sale mucho más barato que intentar arreglar el desastre una vez ocurre. De normal, un dólar en prevención, ahorra aproximadamente 4 dólares al estado en costes de emergencia y rehabilitación.

A pesar de la importancia y el cierto avance en la “Reducción de Riesgos de Desastres”, los gobiernos son poco partidarios a invertir en ellos, y no se les da la importancia debida, ni se considera una prioridad.

 

  1. Empoderar a las personas y a las comunidades para garantizar su derecho al alimento y a los medios de vida.

Intermón (y otros) cree que el alimento y la protección social son cuestión de derechos y no de caridad. De esto se deben ocupar tanto los gobiernos como los ciudadanos con su participación activa en políticas nacionales de alimentos, agricultura y protección social; éstas deben estar representadas por varios grupos poblacionales como sindicatos, organizaciones de mujeres, organizaciones internacionales, etc.

En casos de crisis alimentaria, las comunidades locales deben participar en las decisiones que afectarán a sus vidas y a sus medios de vida.

La participación de todos, asegura una mejor ejecución de las políticas puestas en marcha en este sentido; con lo que también son más transparentes las organizaciones políticas.

Dejar en manos de la sociedad, es mejor que la privatización solicitada muchas veces por los donantes.

 

  1. Ayuda internacional; dinero, partenariado y coherencia.

La ayuda internacional debe influir de distintas maneras. Así por ejemplo, si un país es de renta media o muy baja, actuará de distintas maneras (como ya dije más atrás); por ejemplo, en los últimos, debe influir en casi todos los sectores (ya que caso de existir, éstos suelen estar mal estructurados) hasta llegar a la base (caso de Etiopía), fortaleciendo las capacidades locales; en los otros (caso de Brasil), deberá actuar a un nivel más alto, pues el país ya tiene ciertas infraestructuras. Así pues, según sea la renta del país, así será el tipo de ayuda.

Muchas veces la ayuda internacional no es la adecuada, cosa que suele pasar con la agricultura, la cual no se subvenciona lo suficiente, y eso que es la que en gran medida puede ayudar a disminuir el hambre, en cambio “la ayuda alimentaria sigue siendo la respuesta predominante al hambre”.

Hay que intentar que la ayuda alimentaria en especies, no proceda de los países ricos, sino obtener los alimentos de los pequeños productores del país al que se le ayuda, para así aumentar el nivel económico y aumentar la producción, con lo que proporcionar puestos de trabajo a los lugareños; mientras que si la ayuda es en forma de alimentos, se perjudicará a todas estas personas, que no pueden competir con los precios de los países más ricos.

Ha de haber coordinación entre las distintas instituciones, para actuar de forma coordinada y evitar solapamientos.

En 2008, el G8, propuso lanzar una “Agencia Global para la Agricultura y la Alimentación”, la cual “debe apoyar los planes nacionales de alimentos, agricultura y protección social. Debe establecer mecanismos de coordinación a nivel político, técnico y financiero a través de la asociación entre gobiernos, y organizaciones de productores y consumidores, el sector privado y ONG nacionales o internacionales”.

No hay garantías de que ciertas organizaciones supranacionales, actúen como debieran y no en función de ayudar al más rico a costa de disminuir la ayuda al más pobre.

 

Recomendaciones:

Algunas recomendaciones que pone este informe, son:

  1. Los gobiernos de los países en desarrollo deben: “Promover un entendimiento común del hambre y la vulnerabilidad, así como una respuesta adecuada a ambos”.

Asegurar que las comunidades afectadas estén atendidas correctamente y actuar según sea hambruna crónica o en pico de crisis.

Favorecer el uso de alimentos locales.

La ayuda humanitaria debe reducir también la vulnerabilidad a largo plazo.

Participación de la sociedad civil y también del sector privado.

Reunión y coordinación de todos los organismos relevantes.

  1. Los donantes y las organizaciones internacionales deben:

Apoyar el rol activo del estado.

Apoyar más económicamente que en especies, sobre todo cuando esto sea más aconsejable.

Comprometerse a una alianza global nueva y mantener las ya existentes que funcionen bien.

  1. Las organizaciones internacionales no gubernamentales (OING) deben:

Coordinar, más que suministrar directamente la ayuda.

Apoyar a las ONG locales.

 

Espero que la lectura de este resumen les haya servido de provecho. Como siempre, para saber más sobre el tema, les aconsejo que lean este informe completo sobre los aproximadamente 1.000 millones de personas hambrientas que hay en el mundo en la web de Intermón Oxfam. Repito que el nombre del informe, es el mismo que tiene este resumen.

Saludos cordiales:

Servando Blanco.

MIL MILLONES DE PERSONAS HAMBRIENTAS

Domingo, septiembre 19th, 2010

Aquí voy a resumir el informe número 127 de enero de 2.009, de Intermón Oxfam, que lleva el mismo título que este resumen y que pueden leer en su totalidad y totalmente gratis, en la web de dicha ONG. Escribo aquellas cosas que me parecen más interesantes e impactantes e intento evitar, aquellas, sobre las que ya he hablado en otros artículos de este blog. Ahí va:

Aunque el porcentaje de personas que padecen hambre, ha disminuido, el número total de hambrientos en el mundo ha aumentado.

En 2009, el número de personas que padecen hambre son 963 millones, de los que dos tercios, viven en la región pacífica de Asia (incluyendo 200 millones en India).

Es variable el número de países en los que ha disminuido o aumentado el número de hambrientos, aunque el peor es el África Subsahariana, que ha aumentado 43 millones en los últimos 15 años, llegando a 212 millones.

En 2007 y 2008 hubo un aumento increíble del precio de los alimentos, aunque luego empezó a bajar; pero esto ha afectado mucho a los 1.000 millones de personas que viven con menos de 1 dólar al día.

Encima, al gastar más en alimentación, se deja menos dinero para gastar en educación y sanidad.

A los países más pobres les afecta más la subida de precios, ya que la mayoría, dependen de las importaciones para poder alimentarse.

En algunos países existen pobres cuyos gobiernos les surten de diferentes maneras el alimento diario; de todas formas, algunos, sobre todo los países más empobrecidos, se han visto que por diversas causas, ya no pueden alimentar a sus ciudadanos más pobres. Un ejemplo, con la crisis, los países donantes dan menos dinero a los países en desarrollo, con lo que los gobiernos de éstos se ven que no pueden alimentar a sus compatriotas más pobres tal y como hacían antes.

El cambio climático, provoca aumento de la frecuencia e intensidad de las catástrofes naturales, lo que influye en la merma de la agricultura y la ganadería, lo que conlleva a un aumento del hambre.

Los gobiernos y las agencias de ayuda, deben tomar partido contra la variabilidad de los mercados y las variaciones climáticas, para proveer de alimentos a los más pobres también en tiempos de crisis.

Este informe trata cuatro secciones diferentes, las cuales iré resumiendo por orden, como vengo haciendo en este tipo de informes de IO (aunque también las voy a enunciar, lo que no suelo hacer), que resumo en este blog que tan amablemente me han cedido los de Farmacéuticos Sin Fronteras de España.

1.  Reconocer la escala y la naturaleza de la crisis

Una vez se reconozcan éstas, ha de haber consenso sobre cómo actuar en cada situación.

Uno de los problemas del hambre es que no se mide de forma adecuada, ni quién necesita ayuda.

Existen distintos grupos vulnerables a padecer hambre, pero muchos de éstos no se tienen en cuenta.

La desnutrición temporal, que afecta a millones de personas cada año, también debe tenerse en cuenta.

La vulnerabilidad por los desastres a veces no está reconocida por los estados, por lo que no se tiene en cuenta.

El hambre se debe considerar, no sólo como la falta de alimento, sino también como la dificultad de acceso al alimento existente.

Muchos países no quieren reconocer que en ellos existe hambre, ignorando el derecho de las personas al alimento, por lo que a veces, las agencias encargadas de reconocerlo, chocan con los gobiernos al proclamar que en esos sitios hay hambre.

Se han de usar criterios comunes (dependiendo de las distintas circunstancias), para determinar si en un sitio determinado, en un momento dado, hay hambre o no.

2.  Mejores respuestas a las crisis a través de soluciones a largo plazo.

La ayuda internacional es muchas veces imprescindible para evitar la hambruna en casos de desastre o conflictos, en donde los gobiernos o no pueden o no tienen voluntad para arreglar dichos problemas. En  estas ocasiones, la pobreza que ya existía, se transforma en pobreza extrema.

La mayor parte de las veces en que se ha necesitado de ayuda internacional desde principios del milenio, ha sido en zonas de hambruna crónica y pobreza, a los que pequeñas variaciones les provocan grandes problemas.

El derecho al alimento corresponde al gobierno, de hecho, en los países democráticos, las hambrunas raramente ocurren.

Una cosa es hambre puntual y otra bien distinta es la crónica.

Cada país debe adoptar unas medidas específicas; ejemplo lo que se está haciendo en algunos países como Brasil o Etiopía (distintas cosas en cada país), para que los más pobres de sus países, no pasen hambre y lleguen incluso a ahorrar, para épocas de posible penuria.

El liderazgo y el compromiso de los gobiernos, es fundamental para sacar a sus conciudadanos más pobres de la hambruna. Cito textualmente: “Las formas de actuar son variadas, como ofrecer subsidios, créditos y seguros a los agricultores, pastoralistas y las comunidades pesqueras para insumos (…) Eliminar tasas de la escuela y mejorar la educación nutricional”. Y otros ejemplos más pueden ver en el informe original de Intermón Oxfam.

Los países ricos productores de cereales, hicieron que los países pobres eliminaran sus reservas de cereales, pues les salían más barato importarlos, pero esto ha hecho que los pobres dependan de la volatilidad del mercado, lo que ha hecho que con la crisis, suban los precios de forma desorbitada; por ello, se ha vuelto a que el pequeño agricultor y su comunidad, guarden el cereal en épocas de bonanza y lo puedan coger en épocas de necesidad, o bien venderlos a precios más altos cuando pase la época de recolecta, en la que hay mayor oferta que demanda, hasta que pase al revés. Y así no depender de la ayuda alimentaria importada, que aunque sea de precio menor, a la larga sale más caro, entre otras cosas porque el dinero se va afuera.

Con el cambio climático, existe mayor probabilidad de catástrofes climáticas; está demostrado que invertir en prevenirlas sale mucho más barato que intentar arreglar el desastre una vez ocurre. De normal, un dólar en prevención, ahorra aproximadamente 4 dólares al estado en costes de emergencia y rehabilitación.

A pesar de la importancia y el cierto avance en la “Reducción de Riesgos de Desastres”, los gobiernos son poco partidarios a invertir en ellos, y no se les da la importancia debida, ni se considera una prioridad.

3.  Empoderar a las personas y a las comunidades para garantizar su derecho al alimento y a los medios de vida.

Intermón (y otros) cree que el alimento y la protección social son cuestión de derechos y no de caridad. De esto se deben ocupar tanto los gobiernos como los ciudadanos con su participación activa en políticas nacionales de alimentos, agricultura y protección social; éstas deben estar representadas por varios grupos poblacionales como sindicatos, organizaciones de mujeres, organizaciones internacionales, etc.

En casos de crisis alimentaria, las comunidades locales deben participar en las decisiones que afectarán a sus vidas y a sus medios de vida.

La participación de todos, asegura una mejor ejecución de las políticas puestas en marcha en este sentido; con lo que también son más transparentes las organizaciones políticas.

Dejar en manos de la sociedad, es mejor que la privatización solicitada muchas veces por los donantes.

4.  Ayuda internacional; dinero, partenariado y coherencia.

La ayuda internacional debe influir de distintas maneras. Así por ejemplo, si un país es de renta media o muy baja, actuará de distintas maneras (como ya dije más atrás); por ejemplo, en los últimos, debe influir en casi todos los sectores (ya que caso de existir, éstos suelen estar mal estructurados) hasta llegar a la base (caso de Etiopía), fortaleciendo las capacidades locales; en los otros (caso de Brasil), deberá actuar a un nivel más alto, pues el país ya tiene ciertas infraestructuras. Así pues, según sea la renta del país, así será el tipo de ayuda.

Muchas veces la ayuda internacional no es la adecuada, cosa que suele pasar con la agricultura, la cual no se subvenciona lo suficiente, y eso que es la que en gran medida puede ayudar a disminuir el hambre, en cambio “la ayuda alimentaria sigue siendo la respuesta predominante al hambre”.

Hay que intentar que la ayuda alimentaria en especies, no proceda de los países ricos, sino obtener los alimentos de los pequeños productores del país al que se le ayuda, para así aumentar el nivel económico y aumentar la producción, con lo que proporcionar puestos de trabajo a los lugareños; mientras que si la ayuda es en forma de alimentos, se perjudicará a todas estas personas, que no pueden competir con los precios de los países más ricos.

Ha de haber coordinación entre las distintas instituciones, para actuar de forma coordinada y evitar solapamientos.

En 2008, el G8, propuso lanzar una “Agencia Global para la Agricultura y la Alimentación”, la cual “debe apoyar los planes nacionales de alimentos, agricultura y protección social. Debe establecer mecanismos de coordinación a nivel político, técnico y financiero a través de la asociación entre gobiernos, y organizaciones de productores y consumidores, el sector privado y ONG nacionales o internacionales”.

No hay garantías de que ciertas organizaciones supranacionales, actúen como debieran y no en función de ayudar al más rico a costa de disminuir la ayuda al más pobre.

Recomendaciones:

Algunas recomendaciones que pone este informe, son:

A)   Los gobiernos de los países en desarrollo deben: “Promover un entendimiento común del hambre y la vulnerabilidad, así como una respuesta adecuada a ambos”.

Asegurar que las comunidades afectadas estén atendidas correctamente y actuar según sea hambruna crónica o en pico de crisis.

Favorecer el uso de alimentos locales.

La ayuda humanitaria debe reducir también la vulnerabilidad a largo plazo.

Participación de la sociedad civil y también del sector privado.

Reunión y coordinación de todos los organismos relevantes.

B)   Los donantes y las organizaciones internacionales deben:

Apoyar el rol activo del estado.

Apoyar más económicamente que en especies, sobre todo cuando esto sea más aconsejable.

Comprometerse a una alianza global nueva y mantener las ya existentes que funcionen bien.

C)   Las organizaciones internacionales no gubernamentales (OING) deben:

Coordinar, más que suministrar directamente la ayuda.

Apoyar a las ONG locales.

Espero que la lectura de este resumen les haya servido de provecho. Como siempre, para saber más sobre el tema, les aconsejo que lean este informe completo sobre los aproximadamente 1.000 millones de personas hambrientas que hay en el mundo en la web de Intermón Oxfam. Repito que el nombre del informe, es el mismo que tiene este resumen.

Saludos cordiales:

Servando Blanco.

RECAPACITEMOS

Miércoles, septiembre 1st, 2010

Este escrito lo confeccioné hace unos años, pero lo encuentro adecuado, por lo que aquí trato, para este blog. Lector, espero que te guste y que nos haga recapacitar…

Es el escrito más largo de los en este blog, hasta la fecha, he puesto.

RECAPACITEMOS:

Gracias a Dios, también soy licenciado; ah, el jefe acabó sobre los treinta y pico; trabaja-trabaja-trabaja, uf, sí que se trabaja aquí, más que en las que he estado de mancebo.

A ver, hay que firmar dos mil recetas; en cuánto tiempo lo hago, pues hay que salir a despachar, y colocar el pedido; uf, mi madre, era rápido cogiendo apuntes en alguna clase que fui, pero aquí no doy abasto, son dos mil todos los días. (Creo haber leído en un periódico de los expuestos en www.portalfarma.com diariamente, que lo normal es cien recetas al día por farmacia: esto a principios de 2006; en este relato digo muchas cosas que comienzan sobre el 91).

Ah, ya vino éste (y que me disculpe el respetable gremio); ah, que es ginecólogo; yo creo que tendrá unos sesenta y pico años:

-¡Que venga Pepe Juan! –en tono autoritario y cantarín, entrando como siempre directamente a la rebotica, yo creo que sin pedir permiso a nadie, o sea, que ya era habitual; cada vez que Jacinto lo veía, el auxiliar que fue mi maestro en esa farmacia, se ponía a decir por lo bajo: cerdo, cabrón; que quién es Pepe Juan, ese que está todo el día charlando, y subiendo y bajando del montacargas; no, no preguntando qué es bueno para la tos (productiva e improductiva), sino haciéndose el gracioso; sí hombre, el encargado de unos cuarenta años, ese que cuando estás metiendo recetas en el ordenador, y que mirando para fuera, se pone a decir siempre: ¡salga uno!, siempre lo decía y con mucha frecuencia, cuando estaba yo solo y siempre yo trabajando y él mirando para afuera sin hacer nada, y nunca cuando había otro delante (mi madre, cuántas recetas despacho al día, y también es triste, luchar como lo he hecho, saber lo que es estar doce días sin dormir –ver “De los locos, locuras” gratuitamente en www.e-libro.net, el que lo he ido mejorando de vez en cuando, cuando se me ocurrían cosas o me acordaba de otras, durante unos siete años-, salvo un par de horas en total en medio, para estar despachando recetas, pues no saben que no es esa la función del farmacéutico, sino de los auxiliares, y la del farmacéutico es estar documentándose para cuando pregunten saber resolver las dudas, preparando fórmulas magistrales, y ahora haciendo atención farmacéutica, o sea, diciéndole, señora, cuidado, dígale al médico que este fármaco le está produciendo este efecto indeseable, o dígale al médico que tras su ACV su tensión es demasiado baja, y ya se sabe que el corazón intentará regular la tensión, por lo que puede provocar hipertensión también en las venas que van al cerebro y crearle otro ACV; y, mi madre, cómo se coloca aquí pedido, tanto estudiar para estar a todo meter para colocar pedido, pero en fin, es el trabajo, y ya lo dice el jefe, somos sus esclavos), y que sólo trabaja cuando va a venir el jefe, lo que no me sirvió para saber cuándo iba a venir él, pues no caí en dicho detalle hasta varios años después. Ah, perdonen, se me había ido el baifo, el ginecólogo, que venía siempre a sacar las doce o quince cajas de Centramina®, que viene a buscar con frecuencia; bueh, esto huele a chamusquina. Ah, que se está construyendo un chalecito en La Palma. Pero bueno, esto qué es, José Juan que por primera vez me llama al despacho, y es para firmar unos diez papeles en los que por lo visto pone que yo estoy presente cuando se lleva las Centramina®; sí hombre sí, yo te los firmo todos, me dije, y firmé todos sin leer ni uno; qué mierda vi en los cerebros de los individuos de ese negocio (tal como lo calificó el jefe en la entrevista de presentación, que aquello era un negocio, y no otra cosa; comprendido, a trabajar y a trabajar, me dije, y ya sabemos todos, con la salud no se juega) y me dije, ¿por dinero lo hago?, no, que va, aunque por primera vez en mi vida gano doscientas mil pesetas (pues el jefe me ofreció eso cuando me fui al otro trabajo, tras preguntarme que cuánto cobraba allí, pues creía que en el otro ese era el sueldo, aunque después me enteré que eran sobre las doscientas cincuenta; total, qué mas da, ya me enteraré cuando cobre el primer sueldo, me había dicho al empezar en el nuevo trabajo, lo mismo que había hecho con él, con el que empecé cobrando sobre las noventa y una mil/mes), pero no me sirven de nada, pues el nuevo amigo que tengo del trabajo, sólo me quiere por mi dinero, para que le pague las juergas de los sábados, en las que sólo nos decimos hola, le pago la comida y a beber copa tras copa callados, pero es que estoy soltero y tengo la esperanza de que saliendo los fines de semana encontraré a la mujer de mi vida; después de estudiar unas quince horas al día durante años, la mayor parte del tiempo, para después esto y por lo que siempre había luchado, por no tener amigos por dinero, ahora los tengo, esta vida es una mierda; pero bueno, el jefe viaja constantemente, en primera, con gente con prestigio, y le da cosa decirle a éste –y que me perdone el respetuoso gremio-: ¡Oiga, la próxima vez que venga aquí a sacar tantos psicotropos lo denuncio!; ah, que el ordenador según me enseño un buen veterano marca que factura anualmente 450 millones de pesetas, pues no lo entiendo para qué le sirve tanto dinero, si después no puede decir a una persona que ha hecho el juramento de Hipócrates, que vaya a traficar con su tía; el jefe, en los primeros días de estar yo trabajando, me había dicho que había allí trabajado uno que escondía las cajas de los psicotropos en el cubo de la basura y como sabía que ese carro se llevaría fuera por la tarde, y como aquello era “basura limpia” (expresión que me hizo mucha gracia), el empleado iba allí todas las noches y recogía las cajas de medicamentos, que luego vendería en el mercado negro; lo descubrieron y lo despidieron, y mi pregunta es por qué a éste sí y al otro no.

Si así es con éstos, cómo sería entre los grandes traficantes: no quiero ni pensarlo.

Lo cierto es que no vi muchas veces más al ginecólogo, no sé si porque le llamaron la atención, o si porque entraba a la farmacia directamente por el piso de arriba, a los despachos y al almacén; aunque sí vi en alguna ocasión, quiero recordar, a José Juan cogiendo varias cajas de Centramina®; y es posible también que fuera durante esas fechas, cuando se retiraron de la comercialización en oficinas de farmacia.

Un buen día…

-Eh, ponte a limpiar las estanterías del mostrador –me ordenó José Juan.

Chacho, tanto estudiar para esto, me gustaría saber si tú las has limpiado alguna vez, sé que los nuevos auxiliares eventuales las limpiaban, pero yo me resistía a pensar que estudié para eso, por más de que sea un trabajo como otro, pero ahí no se pueden aplicar conocimientos, no al menos de los que yo me intento incorporar al cerebro. Por ello, cuando entró el jefe por la puerta, y me dijo: ¡Fijoleis, vente conmigo!; sabía que era para decirme algo relacionado con que estaba limpiando las estanterías de la zona de recepción al público, pero estaba tan indignado, que sabiendo perfectamente lo que hacía, dejé las cajas que había quitado de la estantería de las paredes para limpiar las baldas de ésta, encima del mostrador, para joderlos, pues está claro que se las pueden llevar, aunque claro, le di a entender que las órdenes del jefe se cumplen al instante. Cuando una vez dentro, se dio cuenta que había dejado los envases de las plantas medicinales sobre el mostrador, me dijo, “no dejes las cosas encima del mostrador pues…”; ¡eh, una orden!, le di a entender otra vez, y me fui instantáneamente fuera a cumplir la nueva orden dejándolo a medio hablar, para que viera que sí, que estaba indignado por eso, pues yo, al igual que él soy farmacéutico, y si él no puede hacer eso, por qué yo sí (sí, yo sé que me dirán que ahora limpio el piso de mi estudio, a veces hasta una vez en semana –sí, y sé más cosas ahora sobre el mundo de la sanidad que antes y por tanto la vital importancia de la higiene-, o un poco más tarde, pues el tiempo es oro, y claro que sí, mientras lo limpio intento oír noticias, o alguna charla sobre el mundo de la Farmacia); otra cosa que me sorprendió de ese jefe y que va con que los farmacéuticos (o él, no sé) no debemos hacer ciertas cosas, aunque está claro que metió la pata, ello fue lo que dijo en una ocasión: “es como si yo me pusiera ahora a ver esta nevera”; sí, recuerden, la de la planta baja, no la de la planta alta, a lo que yo me pregunté que por qué no iba a mirar en la nevera, vamos a ver, no sé, ahí no está el chorizo de Pepito, ni el queso de Juanita, que a lo mejor lo hay, aunque está prohibido, y aunque la farmacia es suya dirá eso tal vez por respeto a sus empleados; pero es que no va a ver ahí medicamentos, no lo sabe él, qué pasa que no puede abrir una nevera con medicamentos, pero si es el jefe, es farmacéutico, o sea que le debe interesar lo relacionado con los fármacos; no sé, aunque no oí la conversación a cuento de qué venía, pero me pareció que lo dijo que cómo él iba abrir una nevera, que eso es de esclavos…, no sé exactamente por qué lo dijo, pero está claro que hay gente para todo. Hablamos muy poco el jefe y yo, entre otras cosas porque yo no hablo casi nada, prefiero observar y oír, tal como escribió Hemingway: ver, oír y callar, y cuando se sepa suficiente, escribir, ni demasiado tiempo antes, ni demasiado tiempo después (creo haberlo leído en ‘Muerte en la tarde’, cuando estudiaba ‘Broma’ y residía en el Colegio Mayor San Agustín, que era para gente sin recursos, o sea, para los pobres como yo).

Al tercer año de trabajo, estaba contento, porque tras ese tiempo ocurrió lo que parecía imposible, ¡estaba tras el mostrador hablando con el auxiliar que estaba en la caja y por primera vez no estaba haciendo nada, no me lo podía creer!:

Al poco rato, viene José Juan:

-Eh, no se puede hablar.

Pero bueno, esto qué es, el jefe no hace otra cosa que hablar por teléfono, no hace más que hablar y hablar, año tras año, tanto, que se vanagloria de que él no lee y a mí, por hablar un poco me llaman la atención, esto es demencial…, pero esto es el trabajo, él sólo es farmacéutico, y trabajó me da que sólo en el mostrador de su farmacia (y no sé si trabajó en otro trabajo), un único año sí me dijo él, y yo iba cerca del tercero para él…, este mundo no lo entiendo; tengo entendido que consiguió la farmacia al año de haber acabado o algo así.

Al poco, me dice el jefe:

-No es bueno que dos farmacéuticos estén juntos mucho tiempo.

Me pongo a reír o a llorar, pensé y sentí.

A reír chico, volví a estar sin dinero, pero leía al tope día tras día, aunque seguía estando sin pareja, y yo sé lo magnífico que es eso, cuando luchas por ella y junto a ella, y cuando venías a descansar a Las Palmas, y casi ni a tu santa madre hacías caso, y te decías, yo me voy con ella a la playa ‘Montaña Arena’, sí, a esa de nudistas donde no tenemos dinero ninguno (aunque entre éstos yo era de los que diría más pobres, así cuando alguno de los seis que solíamos ir, decía de ir a tomar algo, a mí se me encogía el estómago, de tal manera que siempre decía que no, y si no había más remedio, o no tomaba nada, o bien me pagaba Águeda, mi novia, una cerveza –una caña en realidad, pues era más barata-, y veía más aún lo pobre que era; en esa playa tampoco usaba bañador, y menos mal, pues el que tenía era viejísimo, me quedaba pequeño y estaba zurcido). Ah, gracias, ma; bien, una tortilla de papas hecha por mi madre, una sola para los tres días; sí, se va a pasar un poco de hambre, pero no hay dinero, y estoy con mi novia. Y cuando en alguna ocasión, dos a lo sumo, diría, me ponía también un filete de carne, pensaba: carne, pequeño, pero no hay dinero, ay, gracias, carne…; ah, recuerdo el segundo yate de mi padre, de esos de los que había pocos en el único, pequeño y selecto club de yates de la ciudad; me parece que tenía tres carreras mi padre, y era óptico, según parece antes sólo estudiaban los ricos, menos mal que eso ya no es así, porque si no, yo lo hubiera tenido claro, pues si me costó sudor y lágrimas la mía, y si no llegan a poder estudiar los pobres, cuando yo lo hice, entonces lo tendría claro en otras épocas; chacho, estos tíos están locos, que mi padre iba de joven a mirar la contabilidad de las tierras que tenía su madre en La Palma; mi madre; ya, ya sé que hay gente que vive en islas para ellas solas, y que tienen trasatlánticos para sus fiestas privadas el último miércoles de cada trimestre, pero en fin, este mundo no hay quien lo entienda: ¿yo?, a leer.

Esta especialidad de ortopedia me ha costado la matrícula 450 mil pesetas…, mi madre, se me acaba el paro, pero cómo disfruta uno con estos libritos, y leyendo la Biblia, ¡esto es vida!

 

 

Concluida Ortopedia:

En fin, tendré que buscar trabajo; chacho, mis tías me han dicho que me dan trabajo en su farmacia:

-Pero miren, ustedes me conocen de visita no de trabajo.

Pues nada, a trabajar, espero que me salga bien.

¡Fantástico, hablan de mí a sus clientes!

Ante mi forma de trabajar, ríen alegres: “Se parece todo a su padre”.

Qué orgullo, mi padre, ¡ay!, lo perdió el alcohol, tanto dinero, para después morir solo, sin la mujer, y sin que ninguno de los 6 hijos lo fueran a visitar nunca más, para qué sirve el dinero.

Esto es vida, aquí en los momentos que no hay que despachar se pueden leer los prospectos: viva la vida.

Pero chacho, qué pasa aquí, están fatal, qué va, yo esto no lo entiendo, esto son demasiados problemas, además lo que quiero es probar a escribir, ya es mucho queriéndolo, desde la carrera, me voy a estudiar Hispánicas, me voy de aquí. A los seis meses de trabajo, cuando se iba a vencer el contrato, se lo comuniqué a mi tía la boticaria.

La ignorancia es muy atrevida, resulta que su marido, que también era alcohólico, se estaba muriendo de cáncer y no se lo habían detectado, por eso tantas tensiones; chacho, crees que sabes algo y ni siquiera te das cuenta que tu familiar se está muriendo. Descanse en paz.

Por cierto, ni mi padre ni mi tío murieron cuando dijeron: para saber más lean ‘De los locos, locuras’ gratuitamente en www.e-libro.net, si no tienen el programa ‘Adobe Acrobat’ que hace falta para leer el libro en formato pdf, instalado en el ordenador, la misma editorial se los facilita gratuitamente.

Ya voy sabiendo que en el Tercer Mundo se pasa muy mal.

Después de un tiempo y sin dinero ni para pipas, me dijo:

-Oye, si quieres puedes trabajar conmigo, por seis meses, que mi auxiliar se va a casar.

-Ah muchas gracias, qué tengo que hacer –dándole a entender que desde que quisiera empezaba.

Chacho, esto es vida, pero la farmacia está un poco lejos, gracias a que un año antes me había comprado un coche, pues aquí pasan guaguas de San Juan a Corpus y necesito el tiempo para leer. Sí, el que ahora iba a ser mi jefe me había dicho hacía cosa de un año antes:

-Mira que mi padre está vendiendo su coche…

Total que me lo vendía en 150 mil pesetas: estupendo, un coche para mí, nunca me lo había imaginado (bueno, lo cierto es que cuando vivía con Águeda, cuando estudiaba, pensaba que cuando tuviera una farmacia, podría tener un Mercedes, pero esa idea había ido viendo que era más bien difícil de cumplir, y una cosa es lo que uno piensa, y otra lo que uno consigue y lo que consigue por sí mismo). Ah, que por lo que vi cuando fui a firmar el traslado estaba valorado en cien mil pesetas menos, cuando el padre me había dicho que si estaba valorado en más que yo no dijera nada; bueno. Chacho, qué pinta tiene; el motor cómo está, me preguntó mi hermano; y eso qué es, me pregunté. Chacho un coche para mí solo, pero ojo, esto es una herramienta que puede ser mortal. En él tuve que invertir de quince a treinta mil pesetas cada mes, mes y medio, desde el principio, pues el sistema de frenado estaba jodido, y por no sé qué montón de cosas más, y yo, a lo máximo que voy es a 60 Km/h, pues es una máquina que puede ser mortal, y sólo lo usaba de mi casa al trabajo, y ya se imaginarán en cuánto se me quedaba el sueldo, “pero es un coche y para ir a trabajar necesitas uno, pues el tiempo es oro”, me lo compré cuando mis tías me habían dicho de ir a trabajar con ellas; por lo visto tenía unos veinte años de uso.

En la nueva farmacia pensaba: esto es vida, aquí no se trabaja, y sólo voy media jornada. Qué hago, el auxiliar de unos sesenta años se ha pasado casi toda su vida trabajando ahí, le digo que trabaje mientras yo leo aquí: no, le doy a entender que él oiga música, hable con los vecinos… mientras yo despacho, reviso el pedido, coloco, y ahj, puedo leer, fantástico, revistas de farmacia, esto es vida, pero ya no cosas de ciencias, sino sobre la vida, pues necesito cosas espirituales, las ciencias ya vi en la carrera que es dinero, competencia desleal, no se premia el saber…

Gracias Dios mío, leyendo ahí, en la farmacia, en los ratos libres, ‘Es fácil dejar de fumar si sabes cómo’ de Allen Carr, que en el Círculo de Lectores estaba no hace mucho unos seis euros y en las tiendas sobre los nueve, dejé de fumar sin casi mono, y cuando me entraba, me rezaba un Padrenuestro. Gracias Dios mío.

Ya voy empezando a saber lo mal que se pasa en el Tercer Mundo: uf, menos gasto en libritos Fijoleis, menos gasto en libritos.

A los seis meses me dice el jefe que si quiero seguir tengo que renunciar a cobrar luego el paro al final del nuevo contrato; qué hago, me hace falta el dinero, y aunque sólo son cincuenta y pico mil en nómina y otros doce mil ilegal, al mes, por veinte horas a la semana, me hacen falta:

-Vale, acepto.

Bueno, aquí ayudo a aligerar el trabajo a Álvaro, y qué coño, es la salud, además, esta farmacia está fantástica, es nueva; hay que ver, quién lo diría, cuando estudiábamos en La Laguna, y un par de finales de curso me dijo si podía ir a vivir conmigo a estudiar y quedarse en mi casa, que cerca de su piso estaban las fiestas, me pedía el que ahora es mi jefe:

-¡Pues claro, hombre!, además Ramonsi ya se fue a Las Palmas, ponte en la habitación de él.

Vivíamos cuatro en una casa de pisos antiguos de una urbanización barata de protección oficial, alquilada. Además era sólo por un par de semanas y una vez en concreto, nos quedaba a Águeda y a mí un poquito de arroz y un par de papas, pero se planteó un problema un día, cuando fuimos a comer, sólo habían dos huevos hasta que se acabaran los exámenes, y estaba también Águeda, mi novia, con la que vivía; nada, uno para él y otro para mí, y ya Águeda, no sé, ella no viene a comer con nosotros, y ya cuando vea que no quedan huevos que piense lo que sea, pero es que me da vergüenza darle un huevo a él y yo no comer ninguno delante suyo, qué dirá; sí, lo que hace Águeda es esperar a que yo acabe de estudiar para coger juntos el ferry para Las Palmas, pues los de letras acaban antes.

En una amanecida de empolle: ¿vamos a dar una vuelta en bici?, me dijo mi condiscípulo, y a eso fuimos; me llevó directamente a comprar un dulce, o sea que sabía de antemano dónde se vendían y sabía cómo se llamaba el dulce: ¡pero chacho, qué es eso, qué lujo es ese, mi madre yo eso no me lo puedo permitir, que va!, pero si él lo compra… no se me ocurría en aquella época rezar.

Lo que son las cosas, siendo un año más joven que yo (sobre los treinta años, sería esa época), había comprado el nuevo local en una posición estratégica, cerca de la antigua farmacia comprada con el dinero de su padre (aunque según me dijo un poco antes, el dueño no quería venderlo por no se qué, lo que le tenía preocupado, con lo que ya sabrán que posiblemente hubo regateo), construyó la nueva farmacia, compró un terreno en la zona residencial de Tafira, se compró un Audi y se construyó un chalé. Ah, pero yo tenía un coche, y cuando nació su único hijo, el mismo día del nacimiento, me llamó a mí solo para celebrarlo, y aunque yo ya no bebía, se lo agradecí, y allá fuimos, y tuve el gran lujo de observar qué siente una persona cuando ya prevé que es muy posible que continúe su familia, su apellido, existiendo tras su muerte. Aunque fue antes de que trabajara para él, queda claro que se cumplió lo de, amistades a un lado y negocios a otro. De todas maneras, lo cierto es que en esas fechas, no caí en los disparates de gastos que él hacía, y lo poco que yo cobraba; simplemente, tenía trabajo y debía cumplir con él, y como había una gran diferencia con otras, pues aquello me resultaba un paseo total y bastante agradable, encima, la gente no iba con la tontería de las zonas de dinero del casco urbano. Cuando recibí el primer cheque con las cincuenta mil pesetas, no me pareció mucho, y me dije, bueno; pero fue años después cuando aprecié el disparate de todas las cosas que había comprado este hombre y lo que yo ganaba, y eso que era yo el que sacaba todo el trabajo adelante. Ya para mí en esa época, grandes cantidades de dinero no eran ya importantes. (Incluso años después me diría que se había comprado una moto acuática; y años después, me dije si no le habría costado ésta más de lo que gastó en mis sueldos durante el año y medio que trabajé para él media jornada.)

Momentos de terror, a mi madre le habían diagnosticado una neumonía, y me llamó otra vez mi condiscípulo (pues yo en esa época ya no trabaja para estudiar todo el día) para ir a su farmacia; se estaba muriendo el ser más querido en mi vida: -Bueno, vale, voy. Es que está solo en el trabajo. Cuando vi que la cosa consistía en yo trabajar y él hablando y hablando por teléfono, mientras mi madre estaba sola en mi casa seguramente muriéndose, decidí no volver a trabajar más en mi vida, aunque esa vez mi amigo no era culpable, pues él, cuando hablaba por teléfono, en un momento miró para mí, y pudo ver cómo me estremecí, primero de odio, aunque éste pensamiento no se traslució y luego casi se me salen las lágrimas; él, cuando vio esto, se extrañó y no supo lo que estaba pasando, o sea, que no sabía que mi madre estaba mala, pues siendo amigos desde la adolescencia, tengo claro que diría que no fuera a la farmacia, por lo que entonces intenté calmarme y que pasara lo antes posible el día para estar con mi madre.

Mi madre sigue viva, y yo seguí estudiando y escribiendo miles y miles de páginas, y ahora sí sabía más cosas como que se mueren 10,6 millones de niños al año, por causas evitables en el Tercer Mundo, y no sé si son unos doscientos los medicamentos que la OMS considera indispensables, que sirven para salvar vidas, y hay muchos que cuestan, según creo, tres o cuatro euros; en fin, que hay que pagar el alquiler, y el cyber que hay un poco más arriba, ese que sí tiene para meter el disquete, con lo que bajo las noticias y las paso al disquete para leerlas en mi ordenador y no gasto leyéndolas allí, y a lo mejor todo lo puedo hacer en menos de veinte minutos y me ahorro lo menos un euro al día, en fin Fijoleis, que cuatrocientos millones de chinos viven con menos de dos euros al día, y yo tengo sobrepeso tipo I, y que no hace mucho me compré un libro de noventa euros, un tratado sobre geriatría, y la semana pasada gasté en comida de una sentada unos once euros para un par de días para mí solo y eso que mi madre me da todas las semanas un montón de comida. Fijoleis, que en África, a un tiro de piedra de aquí, la esperanza de vida es de cuarenta años por el Sida, porque no saben que en prácticas sexuales de riesgo han de usar el preservativo (yo llevo unos diez años de abstención, practicando el onanismo, pero en fin, cada uno es un mundo), es tarde, estoy cansado…, (en algunas partes de África, hay la creencia de que acostándose con niñas, el SIDA se cura, por lo que los enfermos las violan, incluso a sus propios familiares, con lo que se está produciendo el caos, y encima no hay padres que mantengan a los hijos, los cuales tienen que ponerse a trabajar y abandonar los estudios, pues los progenitores han muerto de SIDA…). Quién me echa un fiao para fletar el Queen Mery para traer para acá a todos los negratas que quepan en él, y que coman y disfruten de las comodidades que no sé por qué nosotros tenemos y no ellos.

Oigan, se imaginan que los 1400 millones de chinos pensaran que ellos también se merecen usar el papel higiénico (como comentó Umberto Eco), qué hacemos.

En fin, que Dios nos coja confesados.

Bueno, ya cené, y espero recuperar fuerzas, es que les quería decir, que con el tiempo, denuncié a mi familia por estafa a Hacienda, porque eran cosas que me rondaban la cabeza desde hacía tiempo, y para que antes que otro nos denunciara lo denunciaba yo, y como Jesucristo dijo que no venía al mundo para poner paz en los hogares, sino a enfrentar a padres contra hijos, hermanos contra hermanos… por lo que me encerraron en el Negrín, por loco; demandé a mi cuñado Juancho, que tiene dinero por un tubo, y ha cobrado dinero negro al menos en una ocasión que yo sepa, y como ya había empezado a denunciar, pues denuncié a todos, como a mi cuñado Chiew, pues siendo que mi hermana Piluca, con dos carreras y dos oposiciones (en una de ellas la primera) es profesora y por tanto pueden comer el matrimonio y su hijo, se haya puesto a trabajar de camarero de forma ilegal; que mi madre tuviera contratada una boliviana de forma ilegal, y más cosas, todo porque tenemos los huevos más grande que los demás. También me denuncié yo como que había pirateado unos mil CD’s, hace años, aunque la verdad es que nunca se me ha ocurrido cobrar ni cinco por ellos, a pesar de que algunos originales yo los comprara. Total, que después de salir del Negrín, y aprovechando que por mi locura (ver ‘De los locos, locuras’) el Gobierno de Canarias, al yo presentar el citado libro en el examen médico no le quedó más remedio que me otorgaran una discapacidad psíquica del 65%, pues está claro que pensaron: o es un escándalo, quizá internacional, o está loco; opción, lo último, lo que bien puede ser porque no había escrito la Addenda de ese libro; total, que el Gobierno de Canarias a los que presentamos esa discapacidad, arreglando unos papeles, nos concede unos 280 euros/mes, y eso me vino con los atrasos en esos días del ingreso en el hospital (Dios a pesar de todo y a pesar de cómo soy, me da otra oportunidad); total, que con los atrasos, tenía unas cincuenta mil pesetas durante unos cuatro o cinco meses, con lo que me conseguí una habitación por ciento ochenta euros, en un piso compartido con una estudiante inglesa, una boliviana y la hija de la dueña del piso, con lo que podía acabar de estudiar el Master en Gestión Eficaz de la Oficina de Farmacia, a distancia, aunque estaba el inconveniente de que me tenía que presentar en Madrid, y haciendo cuentas, me salía más barato quedarme allí una noche, lo que hice; fui al hotelito al salir del examen y luego a comer de menú al bar de al lado del hotel, pensando que nada más salir de comer, iría a la habitación del hotel a leer a Cicerón, sus libros sobre la vejez y la amistad -ya la noche la pasaría con una bolsa de galletas, que está claro que me llevé de Las Palmas-; en el restaurante vi a mi tío Joaquín, el que había muerto en el ochenta y nueve, un mes después de mi padre (sí, cuando me fui a estudiar a Santiago, pues después de estudiar unas quince horas al día todos los días durante tres años, Arturo Hardisson se empeñó en que yo no aprobaba, pasando de estar entre los quince mejores de los quinientos que éramos en primero a no aprobar ni un examen con él), y lo que no había visto nunca, se había hecho una tonsura y otro corte de pelo absolutamente distinto para no ser reconocido por la gente por atrás, lo que ni yo tampoco habría averiguado si no lo veo por adelante primero; como les digo se presentó a unos siete metros de mí, mientras leía el Nuevo Testamento que siempre llevo en el bolsillo izquierdo del pantalón, en la mesa, esperando a que me trajeran el menú, sabiendo que estos lujos no me los perdona Dios, pero es que desde que me enteré de las nuevas normas para las concesiones de oficinas de farmacia, me entró la titulitis, por lo que he hecho dos especialidades y ahora tres master, unos treinta cursos…; total, que lo vi, y supuse que Felipe González había concertado la cita pues nadie de la familia de mi tío sabía que yo iba a ir a Madrid…, pero estaba equivocado, para saber más, lean gratuitamente ‘De los locos, locuras’ (tecleando mi nombre completo entrecomillado –“Servando Blanco Déniz”- en el buscador Google, y ahí vayan a la referencia de la editorial: e-libro, y ahí a la sección de libros gratis, o bien tecleen directamente www.e-libro.net), que es un libro que he ido corrigiendo durante unos cuantos añillos, como les he comentado.

Todo esto es para decirles que después me consiguieron en una ONG que ayuda a los discapacitados psíquicos de la que soy usuario, el mejor trabajo que ellos pueden ofertar y que sólo los escogidos de los discapacitados psíquicos pueden hacer, un trabajo de peón lavandero, con lo que pensé que era la solución, pues de Farmacia no quería saber nada en vista de lo ocurrido (es que les quiero contar un par de cosillas, por lo que me salgo del tema exclusivo que pensé fuera la farmacia –en realidad este escrito se ha desvirtuado mucho, respecto a lo que pensé que fuera en principio, así el título que le puse de entrada, a las pocas páginas escritas fue: ‘Nosotros, los farmacéuticos’), pero cuando vi que había que estar seleccionando y separando con las manos las sábanas de los hospitales llenas de excretas, heces y orín, los camisones con la sangre de los periodos de gente enferma…, me dio el telele, pues ahí podía entrarnos de todo, y que por ejemplo había que pasar de unas lavadoras a otras, yo solo, unos cuarenta quilos (en seco) de toallas húmedas, siendo que durante tantos años mi trabajo ha sido pasar las hojas de los libros, y aunque con ese trabajo había conseguido dinero para pagarme parte del primer curso de Teología a distancia (y sí sé que se mueren burradas de gente en el Tercer Mundo), (estos curas son la recova, después de ocho años de estudio, cobran unas sesenta mil pesetas mensuales, y está claro que ellos saben cuánta gente y por qué se mueren en el mundo; por lo que oí, unas monjitas en el Tercer Mundo daban de comer a unos cincuenta niños con dos biberones para todos -y nosotros cuando mi familia se reunía, reservábamos para nosotros solos la parte de la piscina, donde nos llevaban todo, en uno de los mejores hoteles de la ciudad, por supuesto con lo mejor de lo mejor, ¿dónde vamos a parar todos?-, y lo que no tengo ni idea es lo que le echan al biberón, pero intuyo que no es Nestlé 8 Cereales con miel®, el que es sin gluten y sin lactosa, para tomar a partir de los cuatro meses, y eso que ése se vende también en las grandes superficies, fuera del canal farmacéutico), me desesperaba, pues a la mayoría, cuando les tocaba lavar el baño, a pesar de las órdenes de Marta, la encargada, pasaban de hacerlo con lejía con lo que las diarreas colectivas eran frecuentes; de todas maneras sabía que si me iban mal las cosas podía ir a comer a Cáritas, de gratis; pensaba también que a un tiro de piedra mueren como rosquillas por no tener un par de euros con qué cortar las diarreas, y yo tengo sobrepeso y un montón de libros, y está claro que sé que algunos niños se podían haber salvado con todo lo que me han costado; si vieran lo saludables que son mis sobrinos, y comen de todo, lo mejor de lo mejor, por qué, porque Dios me hizo alto y rubio.

No sabía de dónde sacar tiempo, ya que estaba el trabajo, el ir a la biblioteca del barrio, pues allí es gratis Internet, a pesar de que hay que hacer cola (el tiempo es oro) y de que sólo te dan una hora, hacer las cosas de la casa (no se lo creerán pero hay comercios, que comprando un pack por tres euros, comes una semana un potaje de verduras); bien Fijoles, vas bien, eres un hombre, te estás alimentando tú, y eso en La Laguna, de estudiante, no sabías lo que era; se me ocurrió mandarle una carta a D. José Luis Mola (el Presidente del Colegio de Farmacéuticos de mi provincia por aquel entonces) pidiéndole trabajo en su farmacia y éste me dijo por dónde me tenía que mover (también está el que iba a ver a mi madre a casa de mi hermana todos los días, pues había sufrido una caída y tuvo que guardar cama unos cuantos meses, donde me llevaba los libros para estudiar; esa hermana es una privilegiada que comprándose una casa a estrenar aquí –quién hace eso- tienen incluso para un cuarto de estudio y habitación de invitados…) y con cuyas indicaciones encontré trabajo en cosa de una semana en una farmacia, justo en la de uno de los hijos del farmacéutico que le había comprado la farmacia a mi padre para su hija (justo cuando yo pasé de primero a segundo de carrera, tras la separación de mis padres), y quien también le compró la de mi nuevo jefe (hijo suyo también), y por lo visto la de otro tercer hijo también compró; con el dinero de la venta de esa farmacia que le correspondía a mi madre tras la separación de mis padres, pudo sacar el embargo de la casa que nos tocó, algo es algo, pues es enorme –sin lujos- algo que no todos en esta ciudad tienen, a pesar de que de las doscientas y pico mil pesetas mensuales que debía pagar mi padre para la manutención de cada hijo no vimos nada, sino que vimos lo que era ser pobre de verdad, y eso crea callos, sobre todo si Dios te deja observar y pensar y comparar, pero todavía no sabía que a tiro de piedra, llegar a mi edad es un lujo, y pensaba que saber vivir con diez mil pesetas, fumando burradas, comprando un paquete de anticonceptivos orales al mes, pagando unas dos mil en fotocopias al mes, pagando el piso compartido y comiendo de vez en cuando, era una heroicidad, y no sabía que no muy lejos de aquí, a lo mejor me debía ver en el dilema de que mi hijo se muriera por no tener unos tres euros con qué cortar las diarreas, por qué, porque aquí al nacer sacamos primero el dedo índice.

Como les digo, me contrató, y vi lo que era tener dinero como farmacéutico, los meses buenos, con dos guardias en festivos, ganaba unos mil trescientos y pico euros, y siempre ciento veinticinco euros bajo la mesa; pensaba y repensaba, estoy bien pagado, estoy bien pagado, venga tío, adminístralo (esto que sigue es lo que les quería contar, pues lo otro, lo que ocurre entre los niños mimados de la universidad, tal como nos llama mi cuñado, es absolutamente secundario); en eso vino al piso compartido Jimena, la hermana de Rosmery, la boliviana, y cuál no sería mi sorpresa al saber que con catorce años era una gimnasta internacional; cómo se come eso, cuando estaba saliendo por la vagina la madre la puso a hacer gimnasia, o qué, no sé, pero eso no es todo, sino que cuando había venido a España a hacer una exhibición, con un chanchullo se quedó aquí, y Rosmery, que volvía a estar sin trabajo, pues no encontraba nada de camarera ni limpiando casas, la fue a buscar con los ahorros a Madrid, donde por lo visto comió chocolate, lo que no sabía lo que era, y yo me pregunté si el Theobroma cacao no era sudamericano, que cómo era eso; mi madre, una gimnasta internacional, que yo creo que va de país en país y por lo visto de continente en continente no conoce el chocolate, pues una novia mía (que ni con asomo era importante a nivel local) con las dos becas de que disponía se compraba chocolatinas de vez en cuando, aunque yo me preguntaba de dónde sacaba el dinero para ellas, a la vez que me decía que sería yo feliz si tuviera para comprarme esa suculenta palmerita de chocolate (cuando acabara la carrera, unas dos veces en semana, no sé, a lo mejor es mucho), como las del quiosco de metal, de la Avda. Trinidad, en fin, vamos a ver (fíjense que no se me ocurría rogar a Dios, pues tenía la convicción de que yo podría con todo, aunque para nada pensaba en tener un avión privado y demás como el condiscípulo que luego fuera mi jefe citado, ni hablar, había visto lo que era tener dinero, infinitamente menos por supuesto, y había visto que no valía la pena, que era basura). Empecé a ver, y vi que vino a otro continente, y en un par de semanas se puso a estudiar la ESO, se hacía la comida, para ella y para la hermana; le consiguieron un gimnasio al cual iba a diario, vamos a ver si se los explico, tiene catorce años, dejó a la madre (Doña Olga) en su tierra, y no hablaba nada, ni se quejaba, sino que iba a clase y al gimnasio, luchaba, y luchaba; pero cuando una noche habló por el móvil con su madre, pues no hay que olvidar que el teléfono es muy caro, se derrumbó y se echó a llorar y le decía a la madre llorando que viniera.

Estaba yo en mi cuarto y me estremecí, Dios mío, qué está pasando, pues yo no veía la tele ni veía fotos (hasta tener Internet e información sobre ONG’s) y no sé en qué situación se vive en otros mundos, pues había leído algunas novelas norteamericanas y pensaba que el dinero abundaba en todo el continente; qué está pasando, que una gimnasta internacional esté aquí ilegal en un piso compartido, malcomiendo y le dice a la madre que venga aquí y no ella ir allá, qué es esto, yo esto no lo entiendo. Y vino la madre; mi madre, esto qué es, que viene desde no se sabe dónde aquí, a este piso compartido…, si Rosmery está parada, y su hermano Maicol es camarero a media jornada, oye, yo esto no lo entiendo, que Bolivia está muy lejos, deja ver en el CD que me pirateó mi amigo Calleja, sí, mi madre; pero chacho, que la madre se ofrece a hacerme la comida, ay gracias Dios mío, así puedo estudiar, gracias Dios mío, el problema es que trabajo siete horas al día y no puedo estudiar todo el día, pero hay que comer y los master son caros, y mira lo que estás viendo; escuchen, esta gimnasta, internacional, a ver si lo han entendido, ¡in-ter-na-cio-nal! y está contenta porque tiene un salón en el que ver la tele; gracias Dios mío, estoy pagado; y la madre me hace la comida de gratis, gracias Dios mío me lo das todo. Pero están las putas concesiones de oficina de farmacia y tengo que pagar unos cuatrocientos y pico euros al mes durante cinco meses, para pagar el master pues sé que durante seis meses tengo trabajo (dejé la carrera de Teología –mala suerte-, a pesar de que la salud espiritual me sigue interesando enormemente); vamos a ver, Fijoleis, piensa lo que estás haciendo, vamos a ver, que el dinero es peligroso, sí yo sé que es de Atención Farmacéutica, y que hay que inflar el currículo; no se te ocurra hacer nada más caro si consigues dinero, que ya ves lo que estás viendo. Un esfuercito más y ponemos el teléfono para la Tarifa Plana, pues ir a la biblioteca, me quita mucho tiempo, tienes que estudiar el master, el par de cursos que estás haciendo, las lecturas de Confucio, y hace tiempo que no leo la Biblia, hay que trabajar; bueno al menos es cosa de salud; sí ponlo, venga tío; en fin, lo puse; chachi, en la habitación tengo acceso al Consejo, la OMS, el Vaticano, Correo farmacéutico, la Agencia Española del Medicamento y el periódico: gracias Dios mío estoy servido; ahora a informarme; la estudiante inglesa ya se había ido, ahora había venido a vivir Maicol (el hermano de Rosmery), el camarero a media jornada y Diego, el novio de Ros, del barrio de Las Rehoyas; por medio de la señora de la casa donde trabaja la madre de Diego, planchando, consiguieron un trabajo limpiando en una casa a Doña Olga; oye, qué bien se vive aquí, no soy de la familia y me quieren, chacho, qué felicidad, todos usan mi ordenador (el que cuando me lo fui a comprar, cuánto hace ya, unos siete o diez años, no recuerdo, no tiene importancia, un día que salí del Hospital Negrín, donde estuve ingresado por loco, como siempre, le dije al dependiente, que si me daba el ordenador más barato que tenía y costó cien mil pesetas; vale, tengo ciento treinta mil en el banco, aunque ya sabes cosas que pasan en el mundo), sentados en la silla que me compró mi madre por unos Reyes; Dios mío, gracias, ya veo para qué sirve el dinero. Ay mi madre, se me cae la cara de vergüenza, la madre me hace la comida y me la deja siempre servida, ay Dios mío, yo cómo se los agradezco, esta gente está loca, estoy en medio de la familia, ah, y viene a quedarse casi a diario María (la novia de Maicol): mi madre, que bien está esa chica, Maicol se lo merece (él va al sur en la guagua todos los días a trabajar, mientras estudia FP, e intenta llegar a jugar en el Real Madrid, aunque están los problemas legales; esta gente, ninguno fuma ni bebe ni van nunca a comer fuera ni nada, ni un café, seguro que les mandan dinero a la familia), debe tener dinero; ah, que se puso a trabajar en un 150. Estamos un poco estrechos, pero en fin.

-¡Fijoleis, ven!

-Gracias señora.

Nos pusimos a comer todos juntos un domingo por la tarde la comida que ellos hacían por Navidad; chacho vivo con una familia que no me conoce de nada y me quieren; oigan, alguien me presta un millón para su familia. Mi madre, vienen de un continente a otro a vivir, quizá de por vida y traen solo una maletita pequeña, en la que traen un poco de ropa ajadísima que usarán los primeros meses, aunque ellos piensan que todavía le pueden durar unos diez años o quizá más.

Pero señora, que la grasa es fatal para el colesterol; y les explico grosso modo lo que es eso, pues muchas veces, prácticamente a diario, servían sólo grasa animal y arroz; esta gente no sabe lo malo que es eso (al par de meses tendría hipertrigliceridemia, la que cuesta todavía un poquillo controlar, entre otras también por la medicación que tomo, que la aumentan), en fin.

Pero vamos a ver, todos ponemos dinero, y comemos siempre arroz; ah claro, que ellos allí no comen otra cosa, ya veo, y la carne ni por el forro, qué feliz es la ignorancia.

La madre tendría unos sesenta años y seguía trabajando, e iba caminando al trabajo, aunque subir subía en guagua, pues la cuesta es de las más pronunciadas de la ciudad, qué se le iba a hacer, un gasto más.

-Pero que vieja es la gente aquí –comentó un día.

Así que ella es una afortunada que ha llegado a la edad que ha llegado; mi madre, son, me da, unos once entre sus hijos y el matrimonio, ella el último trabajo en su tierra fue de portera, y el marido de vigilante de una propiedad, pero no era ninguno fijo, y cómo comen.

Lo que no sé cómo ocurre es que Jimena sabe manejar perfectamente el ordenador, era de las mejores de su clase en su tierra, aparte de lo de la gimnasia, y lo que no tengo ni idea es a quién le pidió el favor de que le enseñara a usarlo; porque ya sé que allí en las ciudades, viven en una ‘piecita’, usando la expresión de Doña Olga, unos siete, o sea, en una habitación, donde hacían todo; ya decía yo que veía a Jimena contenta y cómo movía las manos acostada en el sofá del piso, mientras veía la tele, disfrutando, gozando de lo jamás imaginado, ahora lo comprendo, ese espacio, el sofá, la tele, todo es un lujo, y es una gimnasta internacional; por suerte ella no me vio a mí observándola.

Ah, que viene el primo a vivir aquí, al piso; y vino con un contrato de peón, por lo que veo. Al mes, cuando salí del Negrín, vi que tenía un órgano nuevo, debe ser el sueño de su vida, porque sí canta y está aprendiendo a usarlo; ah, que viene otro hijo casado a trabajar de camarero, por supuesto ninguno trabaja fijo, así y todo han cruzado el Atlántico y aquí están, y están privados, pero por supuesto, no sueñan en tener un chalet, ni cosas por el estilo, y fíjense que lo han hecho todo en unos pocos meses, han visto un poco esto, y le han dicho vénganse para acá; cómo se pasa allí, no sé.

Ah, por lo que intuyo Jimena quiere estudiar Farmacia: Dios, bien, me siento orgulloso; ánimo Jimenilla, que tú puedes, pienso.

Cuando una vez le dije que si estudiaba podía vivir ella, su marido y su hijo en un piso como éste, o bien ayudar a sus compatriotas, se estremeció; conque eso no se lo había imaginado, pero si es una gimnasta internacional.

He dormido unas dos horas, he cogido un taxi pues aquí no pasan guaguas que vayan a la Feria, y aunque por un trayecto me podía ahorrar unos veinte céntimos quedándome lógicamente más lejos, lo que es de agradecer, pues hago deporte caminando, se me hacía tarde para ir a que Paco me extrajera la sangre que semanalmente me extrae para que la Agencia Española del Medicamento me haga el recuento leucocitario y del resto del hemograma, para ver si tengo que interrumpir el tratamiento con Leponex® porque me haya provocado agranulocitosis de la que es muy probable que se muera uno, y ya sabemos que es uno de los cuatro o cinco medicamentos catalogado de ECM, de los, cuántos, creo que cerca de diecisiete mil formatos de medicamentos que tenemos en España, en esa fecha; he ido a otro centro de salud a ver a la doctora Francisca Guerra a que me hiciera recetas de ese fármaco, pues debo llevar al inspector cada semana a que me sellen y autoricen un envase; estoy viviendo en un estudio que hay en la zona de casas todas iguales de protección oficial de Schamann, pues el de la pensión donde me quedaba junto con otros esquizofrénicos, me ha mandado unas tres veces al Negrín en los últimos cuatro meses. No, vamos a ver cómo se los explico, por qué tengo que ir todas las semanas por lo del Leponex®, el fármaco que puede causar la muerte y hasta muerte súbita, que eso no tiene importancia; bueno, después de irme de casa de los bolivianos me fui a esa pensión, que me cobraba unos cuatrocientos euros al mes por la habitación; mi madre, yo aquí no me quedo ni loco. Mi madre: -sí este mes te quedas; -bueno, vale. La pensión tendrá unos cuatrocientos años, o algo así, toda la pensión es igual, o sea, menos el de la cocina, y los baños, el piso tendrá esas fechas, y ya sabemos todos que en las grietas se acumulan una cantidad de m.o. bestial; sí la cocina es más reciente, pero tiene los quemadores oxidados y desconchados…, pero tenemos microondas, un lujo, de esos con plato giratorio, pero no se lava nunca, un tenedor nuevo, bueno, y unos doce o trece cubiertos oxidados de la peor calidad incluso algunos revirados; la nevera hace muchos meses que no se ha limpiado, al igual que los armarios de la estrecha cocina, donde hay una bolsa de gofio abierta desde hace un par de años, al igual que un bote casi vacío de vinagre. Por supuesto, todo esto lleno de cucas, así por ejemplo en las paredes de un baño, no muy grande, había unas trece una noche que las conté, y siempre que me bañaba, me daba pánico no fuera a aparecer una rata por la espalda, por la ventana de madera siempre abierta, que no se puede cerrar y que nunca se ha pintado (y que daba a un tragaluz), ya que cerca hay muchas casas abandonadas antiquísimas. Ya veo de qué cojea, por lo que un día le dije, cuando pasó a limpiar los dos baños, por la tarde, no, no todo ellos, sino el suelo, y eso que somos como mínimo cuatro de fijo, y son siete habitaciones dobles y hay veces que somos hasta unos doce, y debido al piso tan hediondo y de tan mala calidad de los baños y todos los que somos, se ensucian todos, los limpia en cinco o diez minutos con el agua de hace una semana, pues hay que ahorrar y sin usar detergente, para qué, eso es caro: a ver cómo consigo más dinero, no sé, seguro que se repite de continuo. No me canso de repetirlo, dúchense un día sí y otro no, yo hago eso. Así de fijo. A lo que iba, que le dije que fuera a la farmacia y comprara ácido bórico, que le costaba un euro (ya saben por qué le dije el precio) más o menos los cien gramos, y que hiciera pelotas con leche condensada que así se mataban las cucas; al par de días veo que sigue todo igual, cucas por la mesa de noche, por las paredes, por el suelo, y miro los taruguillos del ácido, y está claro que no son con leche condensada, sino con agua, a la vez que observo cómo durante unos tres días está un bote de leche condensada grandito encima de la basura; está claro que echamos basura encima y borras del café, pues yo compré una cafetera para microondas para uso común, y me pregunto si tan tontos nos considera que no nos damos cuenta que lava el bote vacío, que él seguramente se había tomado en su casa; indignado voy a la tienda de abajo y compro un bote de leche condensada (pues ya veo que él piensa que cómo va él a gastar un euro y pico -siendo que he pagado por la habitación cuatrocientos euros por el mes-, pero qué nos vamos a creer los que allí vivimos, que somos Onasis, vamos hombre, claro que son los que me mantienen, pero eso no significa que me tenga que gastar un euro en el negocio…), y se la doy. Al par de días de usar la leche condensada, desaparecen la mayoría de las cucas.

Con el tiempo me entero de que tiene un hijo estudiando en la península (oigan, si vieran mi madre cómo está todavía con las cosas de la casa todos los días a toda hora, me gustaría que la vieran, tiene la casa como los chorros del oro, tiene setenta y ocho años y no para, y él, por su negocio lo limpia como una hora al día en total, entre la mañana y la tarde, ojo, es su negocio, es su obligación); en fin que llego con él a un acuerdo y le pago 275 euros por la habitación, los siguientes meses, a la vez que le digo: cuando el espacio es un lujo; también le dije cuando me lavó la primera semana la ropa que me había desaparecido dos calzoncillos.

-Aj, con los pelillos…

Sí, nos conocemos; aunque no le dije, sino tiempo después, que me había desaparecido también un pantalón, y me dijo: ¿ahora?, sorprendidísimo, y le dije: no, al principio de estar aquí; y bajó la cabeza y salió del cuarto: más claro imposible, y me cobró 400 € el primer mes, por una habitación casi en ruinas y llena de cucas.

Cuando le pregunté dónde había un zapatero barato, me empezó a indicar, pero yo para nombres de las calles soy fatal, por lo que le pregunté: -¿esa calle es perpendicular o paralela a la Avda. Rafael Cabrera?; que es donde estaba la farmacia que había sido de mis tías hasta que la vendieron; estrés: -mañana te lo digo, cuando hable con mi mujer; aceleradamente; al día siguiente, viéndole al hombre respirar al decirme que es paralela; oigan y se le ve feliz y satisfecho de lo bien que lo hace. Sí, no les digo que de vez en cuando haga las camas, cuando se van los clientes que no están de fijo, principalmente; no se pueden ni imaginar lo que pienso de los dos baños, que son comunes, sin desinfectar y toda la gente que va allí de todo el mundo, que por cierto, me dije que íbamos progresando pues le puso unos pegostes a una bañera, pues estaba toda oxidada: pero es que no es bobo, él sabe que si tiene que cambiar la bañera…

Pipo es un esquizofrénico de cuarenta y tres años y que tiene un par de cursos de FP, cuyo padre lo echó de la casa; el progenitor llegó a un acuerdo con D. Gonzalo para que le comprara una o dos latas al día para que cenara; al llegar estaba privado, pues iba a trabajar por primera vez en su vida cotizando, en el Jardín Canario, de jardinero, pues la ONG que les cuento, le había conseguido el trabajo ahí; cuando vino del primer día de trabajo, vino temblando pues había estado cargando con su uniforme nuevo garrafas de agua de las que iban a beber, me lo dijo impresionado, estremeciendo sus ciento ochenta kilos. Tras otro encierro mío, me extrañó cuando lo vi allí de fijo, y me explicó que no, que con la ayuda que le iba a dar el Gobierno de Canarias para la pensión y para la comida en AFAES, la ONG que les hablo, ganaba sólo cinco mil pesetas menos que trabajando. Total, que se pasaba los días oyendo la radio y durmiendo, cuando no iba antes de que abriera AFAES, en guagua, pues caminar casi ni sabe ni puede, para desayunar en el bar que hay por allí, y le dije que le dijera a D. Gonzalo que le comprara cereales y leche: no, que es para charlar con los amigos; oye, qué lujo, un ingeniero informático que les da clases de informática y de cultura general: “no, que es un burletero, además, ¿has visto como viste?”, me comentó Pipo; sí, viste de vaqueros, siempre el mismo, oigan y se conserva bien, pues le quedan perfectos, con un par de camisetas, y saben, va a su casa en guagua, sí, sí, es un ingeniero informático, observo; a Pipo, le compran de vez en cuando ropa en el Corte Inglés, y me fijé que tiene unas tres playeras blancas nuevas: -¿Pero Pipo, para qué quieres tres pares de playeras iguales? Cuando sale es para ir a tomar churros o bocatas de pata, o algo así, le he hablado poco, no sabe que con unos tres euros puede salvar la vida de un niño.

Oigan, hablando de todo un poco, saben que el medicamento que le están dando a Bill Gates para intentar disminuir la discapacidad psíquica del 99,99 % que padece está haciendo efecto: sí, según parece la Fundación Clinton y la de Bill Gates y esposa, han logrado que las multinacionales farmacéuticas reconsideren la política de genéricos para los países del Tercer Mundo, y rebajen un poco el precio. Pero vamos a ver, por qué no se los dan gratis si con eso los salvan, qué puede pasar, que no viajen en su avión privado (sí, esas máquinas en los que los que tienen suerte del Tercer Mundo para pagarse un pasaje, endeudándose para ello, junto con otros doscientos más, van de un continente a otro a intentar trabajar para poder comer a diario, y que quizá lo utilicen una sola vez en su vida pues el precio del pasaje es muy caro), que lo necesitan para un par de veces al mes; yo sé que reunirse él con el vulgo es vergonzoso, de lo cual tiene toda la razón, porque yo me he enterado que es de los que nacieron el lunes a las doce cero cinco, y ya se los dije todo, o porque se pierde el tiempo en la salas VIP de los aeropuertos, y porque en sus veinte años de negocios ha visto que en estas salas algunos teléfonos se oyen mal, algunos faxes utilizan papeles de mala calidad, y no siempre tienen la última tecnología en la conexión a la red, y ya se sabe que el tiempo es oro; a ver, una hora cada dos semanas, que es cuando viajo, y el avión me sale, el mantenimiento, los pilotos, el hangar, combustible, sí tengo que comprarme el avión, además, cuando se entere mi vecino se muere de la envidia; ay, qué equivocados están. O para qué, quieren comer marisco a diario, no saben que es malo, que incrementa el ácido úrico.

Miren, a mis colegas les quiero decir, que esa copa de güisqui que les vale cinco mil pesetas, que hay güisquis que si te gusta beber, a lo mejor te tomas una copa en tu casa como muy caro por cien pesetas, y que hay gente de ONG’s que va al Tercer Mundo, por ejemplo en el África Subsahariana, y les dicen a las mujeres, miren, yo les puedo hacer un fiao de unos veinte euros con los que comprar las herramientas y las semillas, con las que trabajar la tierra, y con lo que saquen pueden comprar un becerro, con lo que pueden vender la leche, y con lo que saquen, pueden enviar a sus hijos a las escuelas, para que aprendan a vivir y comer, y que sepan que el cosmos es grande (imagínense allí cómo será la educación, y tengo entendido, aunque no me hagan mucho caso, que hay que pagarla en muchos sitios), y además si ahorran, a lo mejor cuando sus hijos se enfermen de diarreas, gracias a Gates y Clinton, pueden comprar los genéricos a unos pocos euros, los que como verán tienen que ahorrar para poder pagarlos; pero ojo, con una condición, de que cuando se compren el becerro devuelvan los veinte euros para poder prestárselos a otro, pues no tenemos dinero para regalárselos; y la madre de familia, se dice, ¿Dios mío, qué he hecho yo para ser la elegida? Gracias, Dios mío. Y no sabiendo cómo ha sido la escogida, se va toda contenta al campo a trabajar con la azada nueva, a pleno sol, con su hijo a la espalda agarrado con un refajo roído (no sé el por qué del hijo atrás, no creo que fuera porque se le estropeara el coche y no pudiera ir a la guardería porque llevaba prisa y tuviera que coger un taxi, lo que está claro le daría una rabia tremenda, pues a lo mejor ayer le había puesto diez euros de gasolina al coche y el taxi ya se sabe lo que vale, y es que ella debe saber que debe ahorrar porque tiene muchos hijos, o si es para que no lo piquen los insectos, o por los roedores, o si hay otros animales o porque se roban a los niños, no sé, pero si piensan en el trabajo que está realizando a pleno sol, seguro que ustedes también se plantean eso; miren, a mí no me pregunten, que yo no he salido de España y Portugal), y pensando a lo mejor, mi padre me habló del Hijo de Dios, seguro que era ése uno de sus partidarios, el que me ha dicho esto o un enviado de Él; y él, privado al ver a la mujer agradecida, piensa, gracias Dios mío, gracias; ah, no, que la ONG es aconfesional, bueno, ése seguro que se tiene el cielo ganado; ahora hay que ver cómo se logra parar esto del SIDA, pues la esperanza de vida en gran parte de África es de cuarenta años, ilumíname Dios mío, a ver, mi hijo comió hoy fruta, cereales, verduras, va bien, y mi mujer, va bien, ¡gracias Dios mío!, ¡ilumíname! Además, yo sé que la única diferencia entre ellos y yo, es que yo nací un lunes y ellos un martes, como bien aprendido se lo tiene.

A ver, me parece, aunque no lo tengo muy seguro, que el transcurso de este opúsculo, se desvió por otras veredas, cuando contaba el por qué me habían prescrito el Leponex®, no tiene importancia, este D. Gonzalo, el dueño de la pensión, por ejemplo, una vez llamó a la policía y a la ambulancia porque había dicho a los hermanos esquizofrénicos que estaban en la pensión, al poco de llegar yo, que la única diferencia entre ellos y yo es que yo me lavaba los dientes cada vez que tomaba café o comía algo, pues ellos los tienen podridos; Pipo no tiene dientes, pues eso de lavarse los dientes es un rollo; ya conseguiré dinero para comprarme una dentadura postiza, dice siempre; pero piensen que hablamos con uno que tiene un par de cursos de FP, y dos libros, uno se lo compró hacía poco (otro se lo había regalado su abuelo), no sé si porque había visto que yo tenía allí algunos. Por lo que le dije de la limpieza de dientes, fue por lo que D. Gonzalo, el dueño de la pensión, le dijo a mi madre que estaba molestando a los hermanos, que estaba claro que me había descompensado. Que no, que el tiempo que estaba en el Negrín, no gasto en agua ni luz: uf, qué listo soy, está claro que pensaba D. Gonzalo. Que no lo creen, vamos a ver, somos varios, y el estropajo de la cocina se pasaba meses y meses sin cambiarlo, y lo usaba para limpiar la parte del suelo y la pared del cubo de la basura, y cuando lo cambiaba porque yo se lo decía lo hacía a regañadientes, así que me dije, a ver cómo se lo explico, mire D. Gonzalo, ve esta pastilla, con unas cuantas de éstas, se evita lo que hace cincuenta años ocurría, que los esquizofrénicos estuviéramos todo el día viviendo en los manicomios, y… plaff, la tiro al estropajo todo hediondo; él pensando, no, no, y hace gesto de quitar el medicamento; pienso que no le he explicado bien que sustancias microscópicas actúan de tal forma que modifican y curan o matan; otro día le digo, D. Gonzalo, vamos a ver ya le dije que los virus y las bacterias pueden matar, imagínese que un virus es como una mota de polvo y el hombre es como el mundo; un respingo (no tengo ni idea de cómo es la comparación exacta, pero para asustarlo), ¿ahora entiende cuando le puse el Haloperidol® encima del estropajo sucio? Eureka, compró un estropajo de unos veinte céntimos y lo puso en un armario de la cocina, para cuando estuviera sucio el otro; bien, vamos progresando, aunque lo que no sé para qué quiere el dinero porque en ropa no se lo gasta, tiene dos pensiones, que al menos ésta no declara a Hacienda. Ah sí, me encerraron en el Hospital Negrín por la limpieza de dientes de otros clientes, paciencia; bueno a ver si me traen los libros para estudiar, porque esto de estar sólo con la Biblia que llevo en el bolsillo…; a veces con un poco de suerte me llevan tres libros al hospital, es increíble, hay meses que se pasa uno con tres libros, unas gafas, una bayeta para limpiarlas, el cepillo de dientes, dentífrico y unas zapatillas como únicas pertenencias. Cuando salí me dijo D. Juan, el señor que vive en el cuarto frente al mío, de unos setenta años y que me ha dicho: yo sé leer, sumar y restar, dividir y multiplicar sabía, pero ya se me olvidó; bien, como les digo, me dijo D. Juan, cuando salí del Negrín: ¿le vas a pagar?, sí, le respondí, pues la Biblia dice que hay que perdonar al enemigo y ya sabía de la pata que cojeaba.

El que se ofendió cuando lo de la limpieza de dientes, tenía una infección de ojos y fue al médico, quien le mandó un corticoide oral y un antibiótico en solución tópica, pero no se lo tomaba, lo tenía allí –es pensionista y por tanto, en España, no paga los medicamentos- y al tiempo, cuando veía que no se le curaba el ojo, le dije, oye, quieres que llame a mi médico particular que yo te lo pago: -sí; y llamé, pero al hacerlo le dije, vamos a ver, te has tomado la medicación: -no.

¿Puedo entrar, me puedo sentar en esta cama? Gracias, vamos a ver…; y cogí el prospecto y le empecé a decir cosas cuando vi que no sabía nada de nada, ni lo que era días alternos, y se lo expliqué, y le dije que así, con ese régimen posológico, hasta lo podían tomar los niños chicos, y me tomé un par de pastillas, y le dije, porque vamos a ver, antes de que se comercialice un fármaco debe pasar toda una serie de controles y deben presentar a los estados libros y libros; me volví a tomar otro par de pastillas (sé que es un corticoide, pero para que entienda), total, que se tomó la medicación y se le curaron los ojos. Bien, vamos progresando.

Bien, cuánto tiempo tengo para presentarme al Master, uf, voy justo de tiempo, y, mi madre, tengo que pagar el pasaje a Barcelona, y está Sudamérica, África, China, India, hay Dios mío cómo lo hago, pero ahora soy un afortunado y estoy cobrando por la mutua tras no volverme a contratar el último jefe, ese de la familia con muchos farmacéuticos con las farmacias compradas (una de ellas a mi padre) por su padre también farmacéutico; hasta cuándo no tengo ni idea, pero estoy servido; a ver dónde es más barata las hortalizas, ah, en el mercado me puedo ahorrar un euro, en lugar de comprarlo en la tienda de al lado, perfecto voy a eso de las seis de la mañana, cuando no haya nadie para poder ir vestido como quiera y no de esmoquin, que es casi como hay que ir vestido por aquí, de tanto licenciado como hay por la zona, y así hago deporte, ¿el coche?, solo lo usé mientras trabajé un par de años, pues no me gusta conducir, el seguro es muy caro, los aparcamientos están imposibles de caros, y la gasolina cuesta un dineral, y el bono guagua para diez viajes está a cinco con diez; a ver si…, no sé, ayuda Dios mío, dame sabiduría. Pues estudiaba, y gracias a Dios lo hice en un año, cuando el tiempo mínimo para hacerlo es dos años, y me daban de entrada tres para hacerlo, aunque cuando vi cómo era, sabía que si pedía cuatro años me lo concederían.

Francisco, el que se ofendió porque le dije lo de los dientes: -Oye, Fijoleis, me dejas veinte euros para comprar comida que te lo pago a final de mes.

-Espera que vaya al banco…

-Tómalos –hombre prevenido vale por dos.

Al tiempo vi que la comida que había comprado para el mes era unas diez latas de albóndigas, todas iguales, unos cinco kilos de azúcar (la que me negué a darles en los cortados diarios a los que invito, pues sé que es la asesina blanca), y unos cuantos paquetes de café.

Un día le dije, a eso del día diez: ¡oye me dejas el móvil que yo no tengo saldo y no puedo bajar al locutorio de al lado!; que por cierto es donde voy siempre, y también tengo varias tarjetas en la cartera para llamar de las cabinas, aunque ya allí no voy a Internet, pues vale un euro y medio la hora, y al poco vi cerca un cyber, en el que hay bonos de cinco horas cinco euros, y fantástico, es de un joven cubano recién llegado y su madre…

Un día en el cyber de Ernesto, el cubano que está privado de estar aquí, tras los veinte minutos de cada día, para pasar al disquete las noticias y leer los mensajes de correo, cuando vi las golosinas a vender, pensé, ay, y si me compro un paquete de quicos, mi fruto seco preferido; no sé, es un gasto superfluo, no, es mucho gasto, pero el demonio se ponía, venga hombre cómpratelo; en fin:

-Ernesto, ¿tienes quicos?

-¿Y eso qué es?

Ah, es verdad que allí sólo tienen unas tres o cuatro cosas para comer, y racionado, aunque según me dijo un médico cubano allí la esperanza de vida es igual que aquí, y me consta, de cuando estuve en Farmacéuticos Mundi de voluntario, que allí casi sólo tienen los medicamentos que les dan las ONG’s, ¿cómo lo harán?

Ah, sí, que no tenía saldo, según me enteré después porque no tenía dinero: -Pues toma, cinco euros para que le compres una palmera a tu madre, que en la floristería de la esquina hay palmeras a un euro, o un dulce, lo que tú quieras.

-¡Un detalle!

Lo entendió.

Y no me volvió a ingresar D. Gonzalo en el Negrín por descompensaciones hasta que acabé el master, aunque antes me enteré que Francisco, cuando empezó a vivir solo (porque se fue de la casa de su madre para independizarse, y por lo visto son ocho hermanos y ninguno trabaja), para pagar el agua y la luz se ponía de ocho a dos todos los días a pedir. Una vez fue a aprender a una carpintería con el hermano, y él sabía que podría ser como los maestros de la carpintería, estaba pensando ya en ser como uno de ellos, cuando el hermano tuvo un par de palabras con un maestro de la carpintería y lo echaron; si él se va, yo también me voy; y se fueron los dos hermanos.

Así un par de intentos de aprender un oficio, según me contaba.

Ahora, gracias a su discapacidad psíquica tenía unas cincuenta mil pesetas para vivir, y en todo el año que estuve allí, lo vi, por las mañanas ir a AFAES, a coser libros, por lo que le dan unos tres euros a la semana, donde come pero casi nada pues casi nada le gusta ni puede por la dentadura, eso sí, se atiborra a café y tabaco, aunque no sé por qué no trabaja las tierras, si porque está jubilado, si porque no sabe, o por qué; y por las tardes y todo el fin de semana esta jugando a la gameboy o cómo se llame; según le dijo a Pipo, él de ahí no se va, ni a la residencia que dice que están construyendo para esquizofrénicos, ni a nada, dando a entender que eso es vida.

Un día, al ver que las paredes de los baños no se habían limpiado en más de cinco o diez años, le dije que las limpiara a D. Gonzalo, que tomara el euro que le daba para que comprara un estropajo, y me dijo que no al euro, y cogió un trapo. Al rato me llamó para que lo viera limpiando una esquina; ah, que no se sabe agachar, vi, y sí, tengo que acordarme de darle las gracias por pensar en mi negocio, pensé. Por supuesto sólo limpió una pared, y el otro baño ni hablar, a ver cómo consigo dinero, sé que piensa de continuo.

Como el hijo estudiaba le grabé la Biblia de Jerusalén en CD para el hijo:

-No, yo tengo ordenador.

Ah.

Me di cuenta que Fco sólo tenía unas dos camisas y un jerséis como toda ropa, por lo que le di unas cuantas camisas que a él le podían servir bien, pero cuál no sería mi sorpresa al ver que también las tenía puesta para dentro de casa y me da que también para dormir, y le dije que cogiera para dentro de casa la más gastada, pero ni eso. En fin, yo no le voy a durar siempre.

Un día, tras estar tres escribiendo, con sus noches, me entró un dolor en la articulación del pie derecho que a veces me impedía moverme.

Pipo, cuando me vio, gritando me dijo, ¡eso es un trombo, hay que ir al médico!; no, hombre no, vamos a ver cómo evoluciona; total que me puse a escribir y cuando me lo veo, no había ido al trabajo para llevarme al médico, era su segundo día de trabajo (el que dejó al par de días, como les comenté). Bueno en fin, vamos. Y fui, nada, me dieron medicación, porque Pipo aseguraba que era un trombo, pues a él le había ocurrido igual.

Total que después estoy en la farmacia comprando la medicación prescrita, cuando me veo a mi hermano que fuera con él, y otra vez la ambulancia pues D. Gonzalo había dicho que me había descompensado, porque yo sabía que no era un trombo, con lo que está claro que volvía a pensar que era inteligentísimo pues ahorraba agua y luz, mientras yo estaba ingresado. Total unas cuatro semanas más en el Negrín: este D. Gonzalo se está pasando.

A las semanas salí (ya Pipo no trabajaba), y pensaba cómo le hago ver a Fco que así no va a hacer nada en la vida: -oye Fco, cuántos años tienes:

-33

-Y eso qué es

-Un juego.

-¿Y cuántos años tienes?

-33

Así unas cuantas veces, cuando vi que sonreía al pensar: qué listo soy, le sé responder a todas las preguntas.

-¿oye, no crees que a esa edad Jesucristo había hecho otras cosas?

Cómo le hago ver que así no hará nada en su vida:

-¿Oye, Fco, y a los sesenta años qué, callos en los dedos gordos?

Total que otro mes en el Negrín, tras haber pasado sólo un par de días en la calle.

Riro, riro, riro, qué listo soy, todo lo que me ahorro en agua y luz, el pobre infeliz, no sabe nada, seguro que pensaba D. Gonzalo.

Esta vez ya se pasó, además la Biblia dice que hagas salir al necio de su necedad.

Al mes de estar en el Negrín con dosis bestiales de psicofármacos, y tras salir, D. Gonzalo me dice desesperado, pues no había hecho gestos de pagarle cuando me había visto en la pensión, y a punto de morir pensando en su dinero, en la calle:

-Oye Fijoles, que me tienes que pagar el mes –cardiaco y desesperado por el dinero.

-No mire, no se lo pago, porque usted de la gracia se ríe.

Y veo que piensa que no, eso de que de la gracia se ríe no es así.

-No, no, me lo tienes que pagar –aceleradamente, y viendo que casi le da un infarto, y sonriendo para mí, mientras pienso, te crees que no te conozco.

-Si quiere se lo pide a mis hermanas o a mi madre que es con quien usted se pone de acuerdo para que me encierren, pero piense que mi madre es una anciana mujer…

Da asco, ¡dinero, dinero, en mi cabeza constante estas!, da asco.

Una vez en la pensión, puse en el jarro el cuchillo de cocina que había comprado, pues el que había para todo era de hacía unos treinta años, sin filo alguno.

Él, alertado, vino de la pensión de Triana:

-¿Para qué compraste el cuchillo? -yo creo que temblando.

-Porque Pipo se me quejó de que mirara el cuchillo que teníamos para todo y vi que tenía razón. Sí, me costó dos euros con algo en la tienda de debajo de la pensión que lleva su mujer -que es donde él vive.

Venga, tío, vivimos en condiciones miserables, muévete, barruntaba para mí.

Y cuando iba a salir a llevar los zapatos al zapatero (el que no sabía si la calle era paralela o perpendicular), pues con tanto ingreso no me había dado tiempo de llevarlos y de paso a comprar, vino mi hermano.

Total que fuimos enseguida al zapatero y luego otra vez a la tienda en que había comprado el cuchillo y compré un escurridor para los tres platos de la pensión y una cubertería (¿saben que no hay ningún vaso?), y una jarra para mí, pues esta gente por más que les digo que hay que lavar los frascos de cristal de la cuajada que se comieron en AFAES hace meses, y que usan para tomarse el café y el par de tazas, tras todos los cafés que les invito y que ellos algunos hacen y que no suelen invitar, el único que lava los vasos soy yo, los de todos; a lo que iba, que la factura de la compra, son unos diecinueve euros.

Vamos a la pensión y pido permiso a D. Juan para poner las cosas en la cocina, luego a Pipo y luego a Fco, en eso llega D. Gonzalo y le pido disculpas por poner eso allí, donde está siempre un trapo para que se escurran los platos, desde cuánto, a ver, cinco meses sin limpiar el trapo, aunque me parece que hace un par de semanas le dio la vuelta, pues lavar los trapos en la lavadora es un gasto, supongo; la loza soy el único que la lava con jabón, mientras le digo a D. Gonzalo que no se preocupe, que sólo cuestan unos diecinueve euros, e indignado le digo que hay unas mínimas normas de convivencia, y aunque fue esa la expresión que usé, me equivoqué, pues lo que le quería decir es que éramos personas, no ganado. Sí, ya sé para qué quiere el dinero, para comprarse un panteón en el que descansar el sueño eterno él y su mujer y su hijo.

Le decía a Pipo cosillas del Negrín como que había unas trampillas en el techo para emergencias como en las películas, aunque después cuando lo vi, le dije, pero, no, mírate; ciento ochenta kilos y no hace nada para poner remedio, y también le he dicho ya que de eso muere la gente, pero él pasa, en fin. Me sorprendió pues Pipo con el que charlaba bastante tomando el café y siempre era él que más quería seguir hablando, no tuvo agallas y le dijo a D. Gonzalo que le había dicho yo que estaba gordo, quien me dijo que allí no tenía nadie que entrar en la habitación de nadie.

-Oiga D. Juan viene aquí a hablar y a ver la tele.

La callada por respuesta; ah, idea:

-Oigan, ¿quieren un café? -miraron todos, pues aunque eso es lo que les digo todos los días se extrañaron tras la reprimenda- En lo bueno y en lo malo –les dije.

Y me fui a estudiar, y vi que todos se dieron cuenta.

Se fue D. Gonzalo y me acordé que le tenía que decir lo que quería decir con lo de, de la gracia se ríe, cuando le dije que no le pagaba el mes, ah, y encima tengo la Tarifa Plana del móvil sin consumir, con lo que hace que no lo uso por los encierros, tengo saldo.

Le llamo al móvil y le explico que si se cree que no sé que él está encantado de que me vaya al Negrín pues se ahorra el agua y la luz.

También le había dicho antes, en mi cuarto, para que supiera que el que avisaba no era traidor, que yo pensaba llegar hasta donde Dios quisiera, y que a lo mejor algún día si me hacían una entrevista y me preguntaban oiga y por qué ingresaba usted tanto en el Negrín; les diría, ¡ah, no sé, eso se lo preguntan a D. Gonzalo!

-Oiga, ¿y por qué vio usted que me había descompensado?

-Porque te volviste loco delante del ordenador.

-Ah, el nuevo libro, –y dio un respingo como eso qué es, o sea que usa el ordenador para jugar, y a lo mejor eso es en lo que invierte el tiempo, tiene cincuenta y pico años largos. País, ah, es verdad que casi no sabe ni leer, pero oigan, es increíble cómo se vuelve por el dinero- sí, yo me paso unas tres horas al día en el ordenador, menos cuando escribo en que me paso más.

Total que después se me ocurre una cosa y le llamo, tranquilo estoy dentro de los nueve euros mínimos al mes que debo gastar –oiga, D. Gonzalo y los informáticos de Microsoft, cuántas horas al día de cuántos días al año se pasan delante del ordenador. Y cuelgo pues él en la casa nunca lo coge, lo que no sé por qué, pues la gente para ir a buscar pensión puede llamar en cualquier momento, a lo mejor es que mientras juega no se le puede molestar, aunque no sé pues eso es dinero, por enseñar en unos cinco minutos las habitaciones.

Al tiempo, vuelvo a llamar: -oiga D. Gonzalo y usted qué, es que usa los envases plásticos para poner el café como yo los de la Completa y por eso los tiene guardado o es que se compró uno y lo vació en su casa y luego lo trajo aquí; y qué lo lavaba todos los días, que D. Gonzalo que aquí tomamos café todos los días, y las borras…

Y aunque esto no pasó ese día sino al siguiente se los cuento por si se me olvida: llega D. Gonzalo estresado y sabiendo que yo no sé lo que digo, me dice a grito pelado: qué es eso; y sabiendo de qué me habla de entre todas las cosas que le había dicho por teléfono, le digo alto, pues él me estaba gritando, pero por supuesto no tan alto como él por si tenía que recordárselo y controlado, si le digo que es esto y esto, haciendo con los dedos el tamaño del bote de ácido bórico y el de leche condensada, es esto y esto, y no esto y agua; y salió con la cabeza baja; te fastidias, porque sé lo único que te interesa y lo único que quieres de nosotros; somos seres humanos y encima le pagamos; no sé, a lo mejor es capaz de matar para pagarse un panteón más grande.

Y me río pues como les dije ya dice la Biblia que hay que sacar al necio de su necedad.

Estaba haciendo algo cuando D. Juan, el buen D. Juan, que a sus setenta años vivía en esa habitación, la más estrecha de la pensión, que comía en el bar más barato del barrio (lo que le paga la entidad canaria: Casa del Marino), que tenía unas cuatro camisas, dos chaquetas, dos pantalones, tres calzoncillos, gracias a que su buena madre antes de morir le arregló el que él pudiera cobrar una paga por haber su padre trabajado, ya que él nunca cotizó, aunque había trabajado de todo, como cuando sirvió en el África, donde vendiendo a uno la mitad del pan que le daban al día sacaba más que con la paga de soldado, lo que aprovechaba y se iba con las prostitutas del lugar, debe ser que allí, lejos de la tierra se siente uno solo, y además cómo será con las de allí; o cuando estuvo tantos años ingresado en el psiquiátrico, donde le acusaron de matar a uno con una piedra, y dijo, no miren yo no fui, sabiendo que estaba limpio, que era pobre pero honrado; donde cuando había suerte trabajaba de jardinero del director del mismo, o levantando casas, o descargando en el muelle para darle todo el dinero a su madre, que entonces vivía con ella, en cuya casa en la zona El Puerto, por la noche, veía correr los ratones en su cuarto, a todo meter de un lado a otro, y tranquilo, seguro que contento de estar con su madre, y quién sabe si añorando tener una mujer y unos hijos, se dormía tranquilo; o esa vez que un jefe le había dicho que matara a la rata que había abajo, y cuando bajó y buscando la vio frente a él, en la escalera, a la altura de su cara, cerca, y se quedó quieto, serio, mirando frente a frente a la rata, a lo mejor quién sabe si pensó, así es la vida; ah, esas charlas en la cocina de la pensión, a las seis de la mañana cuando él se levantaba y cuando yo a lo mejor hacía un par de días que no había dormido, aunque ahora había que hacerlas con la puerta cerrada, pues Fco un día que estábamos gozando de la vida paliqueando, pues D. Juan sabe que a lo mejor es mañana o pasado, pues fuma de toda la vida, tiene la tensión alta…, salió malhumorado de la habitación y después D. Gonzalo nos dijo que no habláramos por la noche, lo que me dejó desconcertado, pero bueno, no somos compañeros de pensión, por qué no dijo, miren, hablen más bajo, o no hablen, o cierren la puerta; debe ser que no sabe hablar, sí debe ser eso, barrunté, porque yo creo que se ha dado cuenta que los cuatro íbamos en el mismo barco, que el cafecito diario cuando yo lo hacía para él y los hermanos que siempre lo visitaban, que no faltara, nunca lo rechazó, o las tortillas envasadas que me compraba mi madre, para él, que no come nada variado, y esto al menos sé que le gusta; a ver qué más le puede gustar, Fco, toma esto; a gracias, y moría en la nevera sin abrirlo, sabiendo que no lo había tocado, como los zumos, o el queso fundido, y me indignaba cuando lo veía semana tras semana en la nevera, en su estante, junto con la infinitas lonchas de jamón cocido que él compraba y que no comía nunca y que se echaban a perder, con lo que apestaba la nevera, y no sabía si es que no sabía calcular cuánto jamón iba a comer a la semana, ¿pero qué piensa, por qué lo hace, por qué no dice no lo quiero o no me gusta, no ha pasado hambre, a qué espera, a tirarlo, su mente funciona mal?, hasta que le decía, quieres probar esto ahora para ver si te doy la mitad, sí, no, porque está claro que si no me lo como yo, lo que no rechazaba ni uno eran los dulces que yo racionaba para todos cada dos días por el azúcar y que está claro que mi madre sabe que no tomo sino alguno de vez en cuando porque tengo sobrepeso y son peligrosos, menos para Pipo que pesa ciento ochenta kilos, pero que ya vi que se compraba las cajas de chocolatinas para él solo; si los daba con gusto a Fco. es porque a lo mejor no los había comido nunca, aunque sé que no piensa que son fatales para la salud, aunque me extraña que sale todos los días nada más levantarse, qué hará, no creo que vaya al bar de la esquina a tomarse un café con un donuts, pero por lo que he oído me parece que sí; vamos a ver tiene una cafetera eléctrica constantemente cargada de un café supercargado, una bomba, la que por supuesto no lava nunca, y del que no invita prácticamente nunca, y puede comprar los donuts en la tienda de abajo, uno para cada mañana siguiente, por qué se gasta un dineral todos los días en el bar de la esquina, no lo entiendo, si no tiene dinero. En fin, que el buen D. Juan, quien por cierto va todos los miércoles al médico, a la Casa del Marino, a que le tomen la tensión, para lo que ya le he dicho que para que la medida sea correcta debe estar media hora antes sin tomar café ni fumar, y estar los cinco minutos anteriores descansado; y para que le rellenen las cajitas con las tomas diarias de medicamentos de la semana, pues no sabe él dosificarlas; ah, él que le dejó la casa de su madre a su hermana que tiene una pensión de viudedad, pues una de sus hijas es retrasada; no, él no se queda con ellas porque la hermana está delicada del corazón; sí claro, hombre, claro que le hace todas las semanas una visita, y se toma allí un café, y sé que no hace caso, que le he dicho que los hipertensos solo pueden tomar tres cafés al día; y sí, le da a la hermana cinco euros cuando va y uno a la hija retrasada, y cuando vuelve, una vez a la semana, cuando espera la guagua, se dice, pa’l carajo, me voy en taxi; está claro, no tiene mujer ni hijos, sí está la hermana, la única de entre todos los hermanos a la que visita, pues era la única que iba a verle los años que pasó arriba, en el manicomio, a llevarle cigarros, a quien le daba su paga, para ayudar, pues él allí no la necesitaba; además, la comida se la paga a diario en el único bar de camioneros de toda la zona, la Casa del Marino, como vuelvo a recalcar, donde come bien, menos carne, pues no tiene dientes; D. Juan, una dentadura postiza sólo vale unas sesenta mil pesetas, y usted sabe lo que es eso, comer un buen cachito de carne de vez en cuando, comer de todo; pero no hace caso, a ver si lo convenzo: D. Juan lo difícil es saber cómo ha llegado usted a la edad que tiene con todo lo que fuma; nada, ni se inmuta, o esos cachitos de queso que mi madre me compra, lo mejor de lo mejor, comprados donde haya que comprarlos, lo que yo nunca había visto en mi vida: ¿D. Juan quiere un cachito de un queso buenísimo?, bueno, y veo cómo se lo come con esa boca sin dientes, quesos que nunca habíamos probado, para esto sirve el dinero…, muchas veces ni hablamos, además yo siempre llevo prisa y él ya lo sabe, tiene setenta años, y mi madre siempre, todos los miércoles, cuando voy a verla, me dice, y D. Juan; a sí, le encanta el queso, y el café; yo no compro comida para los demás, me dice cabreada siempre y me dice muchas veces, esta semana no pude comprarte nada, no te preocupes, le digo yo, a ver entonces tengo que ir a comprar, pienso, qué compraré, pero siempre cuando bajo, tras leer en mi antiguo despacho, el que fue dormitorio de infinidad de hermanos, que está claro, si ya lo sé, éramos unos privilegiados, y cómo la conserva mi madre, como les digo, siempre cuando bajaba a coger un taxi pues siempre iba cargado con la comida y libros que cogía de las estanterías para llevarme a la pensión, tenía burradas de comida de la mejor calidad para llevar; ay gracias madre, en fin, me voy; pero lo que les digo me llamó D. Juan a su cuarto, y me enseñó sus partes, como comprenderán giré la cabeza al instante, y me sacó de dudas, a esa edad no se tiene ahí canas, a la vez que le digo, gracias D. Juan qué idea, y llamo a D. Gonzalo corriendo, a la vez que pienso, pues es una suerte haber estado encerrado, así he ahorrado la Tarifa Plana del móvil y puedo hablar lo que quiera, y le digo, oiga D. Gonzalo, D. Juan me ha enseñado sus partes y D. Enrique (un señor de unos ochenta y tantos años, que era homosexual, que vivía en Lanzarote, y yo creo que venía a esta isla de fiestas, y mariconeo, y a comprar libros y antigüedades, y que cuando venía se quedaba en esa pensión para ahorrar…) se ha puesto de mariconeo con Pipo y conmigo, aunque mucho más conmigo ¡tome medidas!; gracias, D. Juan, es la salvación, y es que sé que la causa en la que se basaba D. Gonzalo para encerrarme esta última vez y que no se los había dicho era porque le había enseñado mis partes a Fco, quien me gritó: tápate ya, mirando a la tele, y mientras yo le decía, esto es la guerra, a jugar, en tono cantarín está claro, dándole a entender que todo eso son tonterías, que pensara que hay cosas importantes como que en la guerra muere gente, y que está claro en fin que D. Gonzalo, cuando llegó lo oí preguntarle a D. Juan si había ocurrido eso: -oh, yo estaba aquí desnudo y vino él…; y vi que bajó la cabeza desesperado; te jodes, cabrón, qué crees que no te había catado desde el principio y siempre con todos con falsedades; es que miren, de esto hace ya tiempo, me limpia el cuarto una vez en semana, por supuesto con agua de a saber cuánto tiempo, y se ven restos por todos lados de cucas, y se me ocurre ver una vez debajo de la cama y veo que está súper hedionda, pero esto qué es, qué guarro, por lo que cuando lo veo, le digo muy serio, oiga debajo de esa cama no ha limpiado nunca (que por supuesto no le pasa antes de pasarle la fregona nunca el cepillo para barrer, con nada de cuanto limpia, pues es mucho trabajar y nosotros no lo merecemos), a lo que me dice que era porque estaba debajo de la cama llena de cajas; no; sí; no. Dudo, no sé, cajas, no qué va, aunque el tono de él es de que está seguro; pero bueno; caigo; pero este tío de que va, cerdo, cabrón, pienso desesperado, y doy por zanjado el asunto, y ha quedado claro que lo he conocido más, cómo sabe engañar, nunca lo había visto, este tío es peligroso, no sé, a lo mejor le pide a Dios riquezas para el panteón y que a ser posible destruyan la ciudad y lo construyan para él solo, porque vamos a ver por qué tiene él que trabajar, saben, le pagaba doscientos setenta y cinco euros, y las habitaciones siempre a oscuras, aquello hace siglos que no ve una mano de pintura, y una habitación en un piso compartido, con todos los electrodomésticos, nueva, está a ciento ochenta euros, pero claro, son con estudiantes que ya se sabe al final del curso a mudarse de casa y otra vez con las mudanzas, o con emigrantes, y si empiezan a venir familia y familia y me echan lo que por otro lado es lógico, por eso decidí quedarme allí, miren, las puertas de hace más de trescientos años, endebles, seguro que las más baratas que habían, y sí, Dios mío, cómo se conservan en pie, se echa un soplo y se caen abajo.

En otro momento, le llamo y sabiendo lo lograda que está la telefonía, le digo: D. Gonzalo, un chorrito de agua por aquí, me ahorro un poquito de detergente por aquí, un poquito de electricidad por aquí, ahh, dándole a entender que qué placer, ahorrar dinero, esto es imposible, es un orgasmo, que sé que es superior a él, que no lava en todo el tiempo la ropa en la lavadora, cuando estoy en el Negrín y cuando llegué del hospital, creo que hacía tres o dos días y era el día que me tocaba mi lavado, siendo que no había lavado en todo el tiempo ni por supuesto limpiado el cuarto, cosa última que no se me ocurrió decírselos, pero está claro que en una mente cabrona como la suya, lo ha tenido en cuenta, y como les digo sabiendo que había ropa sucia, me dijo: -no la lavo; no, lo siento, soy un señor y te fastidias, se vio que pensó; fue el castigo por decirle que qué quería, dinero, que se lo pidiera a quien quisiera, pero que no le pagaba el mes, sí, cuando empecé a decirle, D. Gonzalo, recapacite, que sé como es.

Otra llamada al móvil, fue para decirle, buenas D. Gonzalo, qué, lávense una vez cada dos días, es lo que yo me lavo, o cierren el chorro de agua cuando se afeiten (que sé que es necesario por el cambio climático, pero el por qué lo decía él), qué guarro…, se me escapó esta expresión, y yo que me lavo hasta cuatro veces (aunque lo cierto es que esto no es nada frecuente, sino todo lo contrario, pero para fastidiarlo y casi sólo en veranos muy calurosos); y un par de cosas más le dije, dándole a entender que si no estaba claro que sabía que también ahorraba en el agua, no por el bien de Canarias, sino por el de su bolsillo; fíjense, las alfombrillas de dentro de la ducha súper guaras, porque qué limpiarlas yo, ustedes no saben lo que dicen, con el trabajo que es eso, a ver si viene gente y me ocupan todas las habitaciones, y eso de comprarlas sólo compró una cuando yo llegué y pagué los 400 € por un mes; le exigía los recibos del mes, y éstos tenían el cuño de la otra pensión.

En fin, para no cansarlos, así un par de cosas anecdóticas más, y esa noche tras dos o tres de haber salido del Negrín, estuve intentando leer la Biblia en CD-ROM, pero me costaba horrores, cuando se despertó Pipo y como ellos dicen que el cigarro no les hace nada, me puse cada vez que tosía él, hacía yo: cujú, y cuando terminaba su espasmo tusígeno, hacía yo una inspiración y espiración profunda, pues sé que ellos no pueden, y de vez en cuando decía en alto, tres paquetes al día, asmático, un inhalador de doscientas inhalaciones a la semana, ahora se me caducan los inhaladores; así estuve cinco horas, o sea, cada cinco minutos haciendo eso, casi no me reviento la garganta, pero paciencia Fijoleis, que se den cuenta, pues también a D. Juan se lo hacía, quien se dio cuenta, mientras pensaba que mi garganta no iba a aguantar pues me paso años sin hablar casi, y la estaba forzando, no, no voy a aguantar, venga tío que eres persona, ex-fumador y sanitario, les hablé del Bupropion®, que si era tan caro era posiblemente para que pensara la gente antes de pagarlo, pues si se deja de gratis, qué les impide volver a fumar la semana siguiente, total, el tratamiento es gratis.

Cuando llegó D. Gonzalo, esa mañana de las toses, habló con Pipo y ya en un tono de desesperación fue a mi cuarto y me dijo gritando: te vas ahora mismo; cogí, me puse de rodillas, jodido porque sabía que se me iban a ensuciar los pantalones y le dije: por favor déjeme aquí, dándole a entender, pero vamos a ver D. Gonzalo, qué se cree que no me he dado cuenta desde el principio cómo es, y que le he acorralado de tal forma que no sabe cómo salir del atolladero, que es superior a sus fuerzas, que D. Gonzalo, usted me importa un comino pero aquí hay buen ambiente, y he visto cosas de los desheredados de la ciudad, como Salvador, el primo de Fco, con quien tomé cereales con leche, y vi que no los había comido nunca, que estaba preocupado porque yo estaba bien y el estaba muy flaco, todo el mundo se ríe de mí porque estoy muy flaco, decía, a ver, déjame tocar, no, levántate la camisa, no estás en un buen peso, y qué sueles comer al día, le pregunté un par de veces, pero no me contestaba, y me decía: tú estás mejor que yo; no, yo estoy gordo…; ah, que vives en el barrio San Nicolás y que los traficantes, (que no sabe que lo conocen), le quieren robar, que tu padre es alcohólico, que tu padre es basurero (la cosa se complica), que lo echaron del trabajo (ay mi madre), cómo, que no sabes escribir: ¡enséñame el carné!, esto no me lo creo, y esto qué es, un carné del tamaño de un folio, ay mi madre: pues tiene tu firma; es que me llevó la mano mi hermano; dejó los estudios en primero de EGB; y en estos casos qué se hace, vamos al cuarto; tienes cosas de Dios, sí, quieres la Biblia, sí, tómala; sí sé que es grande pero él tiene una mochila gigantesca, ah es verdad que no sabe leer, qué más da, que la tenga que eso es bueno; tiene imágenes, no, a ver, toma la agenda tiene imágenes, y música tienes, sí, espera; ay Dios mío, el CD de Bach, el de la Pasión según San Mateo, que se me perdió el que me pirateó Alberto, el músico, y aprovechando que tuve dinero me compré el original, que costó lo menos cincuenta euros, el triple, mi música favorita y está claro que no me voy a poder comprar otro, el que oigo desde hace años casi todos los días, venga tío dáselo, está bien, un momento: escúchalo, ah, que no le gusta, que es música clásica, ah, gracias Dios mío; mira ver éste el doble de los cantos gregorianos, sí este sí me gusta, tómalo, se le ve contento, te gusta Jesucristo Superestar, sí, tómalo; un momento: la música te la llevas y me la traes, (no sería así al final), ah gracias, bueno hasta luego, ay Dios mío, no cuesta nada hacer feliz a la gente, gracias, a estudiar. Sí, lo que había visto no tenía precio, por lo que levantándome del suelo le dije, bueno D. Gonzalo, quedé en ir a tomarme un café con los de AFAES, cuando vuelva hago la mudanza y me dispuse a salir pensando que si no le había dejado claro que si se había planteado cómo era, que gente así le da a uno igual que muera o que no, bueno, voy a tomarme el cafecito ese en esa cafetería magnífica.

Total que después vino David, el nuevo psicólogo de AFAES con un master en neurociencias a tomarse un cafecito a la pensión y a darle mi currículo, para ver cómo era, cuando llamó la policía por el dictáfono, bueh, ya empezamos, pensé, vinieron la policía nacional y los sanitarios, que junto con David intentaron convencerme alegando mil razones las que todas las debatía, cuando tras mucho debatir entre los cinco y yo, en lo que por cierto llegó D. Gonzalo con uno que debía ser el hijo y otra que a lo mejor era la hija o la novia del hijo, porque está claro que a posibles clientes no iba a llevar con ese espectáculo, llegó dando pasos en cuyos movimientos se veía que pensaba, vengo a contemplar mi victoria final, ahj;, D. Gonzalo, mire, la policía, la pensión es de él, y no sabían lo que contestar, pero rápido adentro de tu cuarto, a tu terreno que ellos no saben cómo comportarse allí, y debatían y debatían cómo convencerme, y yo veía contento en la silla que me compró mi madre por Reyes hacía años (como les dije), que no se habían dado cuenta que era imposible que me convencieran con argumentos, que estaba en mi casa y ellos era la primera vez que estaban allí; nada, a la fuerza decidieron, y cuando vi lo que iban a hacer pensé, eps, no opongas resistencia, deja el cuerpo muerto, que quede claro que no opones resistencia física, solo intelectual, y mientras me caía al suelo me cogieron y me llevaron abajo, a la calle, entre los dos policías y los dos sanitarios, casi me luxan un hombro, lo que me produjo un dolor como pocos que me duró semanas y la imposibilidad de hacer fuerzas con la articulación durante más de un mes, mientras me bajaban, esposado, les dije: chacho, y a ustedes les gusta este trabajo, y se pensaron las cosas, y cuando me dejaron abajo en el suelo de la entrada vi que es imposible levantarse al estar de rodillas estando esposadas las manos por atrás, lo que es sumamente interesante, con lo que deduje cuando les respondí que no podía moverme tras sus peticiones de que me levantara, que posiblemente era la primera vez que esposaban a alguien, y cuando entrábamos a la ambulancia avisaron de que no llegara la motorizada…; mi madre estos tíos están locos, en fin: -bueno David, y le di la espalda e intenté estrecharle la mano con las esposas, lo que es muy difícil, pero no me la estrechó; total que estuve dos meses en el Negrin del que salí con el Leponex® comentado; todo este rollo es para explicarle por qué he decidido vivir solo, claro que en uno de los sitios más baratos, pues hay gente que por salirse con la suya le da igual todo, por lo que ya no quiero vivir con gente tan sensible…; que qué tiene esto de malo, pues que gasto más en alquiler, trescientos cuarenta euros al mes, pero con la cosa de que ahora estoy jubilado cobrando quinientos cincuenta y cinco con nueve euros al mes (en el año 2004) se me pone la cosa de los continentes mucho más difícil, ah, pero ayer vinieron a ver el piso mi familia y me trajeron lo menos dos kilos de carne, ¡soy rico!, y hasta una lata de espárragos, ¡soy rico!; lo que les dije a mis hermanas que estaba claro que mis sobrinos no tendrían Reyes por mi parte, a lo que dijeron que no había problemas por lo que les di tres libros de los que tenía aquí de entre los que pensaba regalarles, y aquí estoy, cansado por la falta de costumbre tras estar unas diez horas escribiendo seguidas, al menos intentando poner las ideas, y a ver si las corrijo un par de veces, aunque no con la intención de ganarme el Premio Nóbel por la calidad literaria, sino intentando decirles cual es mi problema, y a ver si alguno me puede ayudar, a ver cómo puede ser eso de los once millones de niños que mueren en el tercer mundo al año por causas evitables, a ver, a ver, buf, que va, estoy embotado, me voy a llamar de una cabina a mi madre, pues a esta hora los dos locutorios de por aquí están cerrados y a caminar, que me va a entrar de todo de no moverme.

Ya habiendo dormido, levantado, comido y aseado, me he vuelto a sentar para decirles que estando despachando en la última farmacia (la del que sus hermanos también tenían farmacias compradas por su padre) me vino un cliente a hacer lo que se suele hacer en las farmacias a los clientes, o sea, que ellos traen el precinto del medicamento comprado previamente habiéndolo pagado cuando se hizo la venta, junto con la receta correspondiente a dicho medicamento y se le devuelve el dinero; cuando vi el precinto pude observar que correspondía a una muestra gratuita, lo que le dije al cliente, a lo que sorprendido me dijo, cómo, y se lo expliqué; se fue y comenté el caso con un empleado y el jefe, y dicho empleado dijo que venía cada dos por tres a la farmacia a que le devolvieran el dinero de los medicamentos, y que nunca compraba ningún medicamento, y que se le había dicho lo que se hace siempre, o sea, que cuando se hace la venta se le da el correspondiente ticket de caja para que cuando venga a hacer el canje se pueda verificar que efectivamente compró allí el producto, a cuyos requerimientos dicho cliente siempre decía que él no necesitaba demostrar eso, que él era cliente de siempre de allí…, y entonces lo vi todo claro, pues nada más entrar, y aunque soy un fisonomista horrible, pude ver que dicha persona se parecía enormemente a los padres del farmacéutico que les conté [el que se compró el mismo año, tras un par de años con la farmacia antigua, comprada gracias al préstamo que le hizo su padre, no sé si sobre los treinta años o antes, un local, edificó y amuebló la farmacia, compró un local en la zona residencial de Tafira, donde se construyó un chalé, se compró un Audi y no sé si más, pues yo no tengo por costumbre meterme en la vida de los demás, si no que lo que veo delante de mis ojos es lo que sé; sí, esa persona iba y le compraba a mi amigo los medicamentos, y por lo que veo también le daba alguna muestra gratuita, con lo que así se embolsaba él las ganancias de la venta, y luego para que su familiar no perdiera el dinero, iban y se lo cobraban a mi último jefe, tras sacar las recetas en el médico, y a lo mejor, lo que ya es pensar muy mal, también lo hacía con medicamentos que él no necesitaba, y chacho, yo espero que no, a lo mejor busca medicamentos caros, total, una vez hecho, vamos a hacerlo bien…, hay que ver; esto me hace recordar, que estando una tarde en su farmacia, durante el año y medio que trabajé allí y cuando también estaba a la que yo fui a sustituir, llamó él y habló primero con ella, luego con el otro empleado, y luego conmigo: yo sé que tú no fuiste, yo sé que tú no fuiste, repitió una y otra vez mientras se notaba a través del auricular cómo no podía controlar el cuerpo, como si le dieran convulsiones, e intentando sacar fuerzas de no se sabe dónde, lo que casi juraría que era porque había perdido los estribos al gritarles a sus empleados (recuerden lo de la muestra gratuita), pero fíjense el detalle, que llamó por teléfono, o sea, no estaba allí, nunca va por las tardes (lo que es obligatorio en el titular), mientras que por supuesto sus empleados van mañana y tarde (que piense que después de cinco años duros no ha estudiado más, y si tiene farmacia es por su padre, no por él), lo que hace por las tardes no tengo ni idea y es su obligación estar en la farmacia, así lo dice la ley, y por las tardes en todo el barrio no hay ni un sanitario titulado cuando yo no estaba, va por las mañanas por aquello de que las inspecciones de farmacia son por la mañana (cosa que hacen muchos farmacéuticos titulares en esta isla, del llamado Primer Mundo), y si no está le puede caer un puro, y que después echó el rapapolvo por teléfono, cuando él ya debía saber después de cerrar por la mañana, si le faltaba o no dinero, y no sé por qué no lo dijo en persona, si porque no tenía agallas para decírselos a la cara, que de esto último no lo sé, pues mientras trabajé para él, lo vi sólo en un par de ocasiones, y todo esto que por qué fue, pues porque según parece había desaparecido un mazo de los que tiene en reserva en la farmacia, para el cambio, de tres mil pesetas, como de vez en cuando parece que ocurría, por lo que me dijo, aunque en el año y pico que yo estuve allí fue la primera y única vez que ocurrió eso, y no sé si estaba así por el echo de que fuera a él, cómo puede ser eso que le roben a él, ustedes no me conocen, etc, o bien por el echo de robar, que ya sabemos todos que es pecado], y la verdad es que no recuerdo bien, pero me parecía que ya había visto antes a ese familiar por la farmacia de mi último jefe (incluso su cara me resultaba enormemente conocida, aunque como digo soy muy mal fisonomista), pero esto no lo puedo garantizar, pues son muchas caras en poco tiempo, así que ruego de todo corazón si no es verdad que me perdone; con lo que estoy viendo que la cosa se complica, pues si cuando trabajé con él veía a los padres ir cada dos por tres a la farmacia a buscar fármacos para sus conocidos, y me decía para mí, ay, que eso no se puede hacer, que es ilegal, pero bueno, son los padres, en fin…, pero un día que le estaba yo despachando al padre estos favores, vi que estaba mirando algo, y creí que era el principio activo, por lo que le empecé a decir, éste es para el colesterol, éste para la tensión, este no sé, éste…, no, me dijo él, no estoy mirando eso; ¡ño, mi madre, está mirando el precio de los medicamentos, esto es grave, tanto les gusta a esta gente el dinero, mi madre yo esto no lo había visto nunca!, barrunté; total, que si viendo lo poquitísimo que he visto de ese amigo desde el instituto, he visto lo que he visto, no sé si es que lo que piensa es construirse una escalera maciza de oro puro, con incrustaciones de diamantes de la mejor calidad, extraída por los mineros negros de las minas de África, construida por un artesano que hay en La Gomera (pues hay que ahorrar por si acaso) para llegar al cielo, pues él de eso entiende, ya que se educó en un colegio de curas, o bien, comprarse una flota de aviones, uno para cada día que vaya a la península a las cosas de política de Farmacia en las que parece está metido, o bien que sabe que mueren cada día diez mil niños, todos los días, en África, por no tener con qué cortar las diarreas, como les dije, y él tiene que sentir lo que debe ser perder a un hijo, pues tiene uno (no tengo ni idea de cuánta gente hay en toda África, que miren que es grande, pues nosotros somos una cagadita de mosca en el mapamundi, y este continente que si uno no tiene falta de vista a lo mejor lo puede divisar desde el faro de la Isleta, por lo que no sé si es que de cada familia muere uno al año, o cómo es eso, pero no puede ser, porque si no, no habrían ya niños, cómo es eso, ni idea), porque claro, él estudió cinco años, y después no mucho más, que cansa. Por fortuna los del continente vecino no saben que sus hijos se mueren por lo que aquí uno se compra un paquete de pipas de girasol, porque si no formarían una cadena humana para cruzar el charco y estrangularnos a todos, absolutamente a todos, lo cual no se les podría reprochar, y por qué ocurrirá eso Dios mío, no tengo ni idea, dame luz Dios mío, por qué ocurre que allí mueren cada día diez mil niños al día solo por diarreas, ojo, solo por esa causa, ¡ah, es verdad!, qué cabeza la mía, perdóname Dios mío, qué cabeza la mía, intentaré por todo lo más sagrado no volver a olvidarme, al menos en lo que queda de día, ya recuerdo que es que ellos nacieron en martes y nosotros en lunes, y contra eso, nadie, absolutamente nadie puede hacer nada, ni nosotros ni el mismísimo Dios, por favor te pido, que me des aunque sea dos minutos de vida para que me dé tiempo a rezar un Padrenuestro, para que no se me vuelva a olvidar por qué los nuestros no, y los de ellos sí.

Por lo que tengo entendido, se mueren cada tres segundos un niño en el mundo, y yo me pongo a pensar, oye, aquí no se muere un niño ni de coña, aquí se muere uno, algún día, y los cuarenta millones de españoles se ponen de luto y no van a trabajar en una semana, ni comen para estar rezando por la muerte de ese niño, qué es lo que ocurre, cuánta gente hay en el mundo, y lo que está claro es que si aquí no y en esos sitio sí, es porque es por causas evitables, o sea, por enfermedades, algunas debido a la falta de insalubridad por la falta de infraestructuras o planificación, o por la existencia de bacterias, virus, parásitos, etc, que están mal estudiados (pues no morimos de ellos nosotros), por mala (o nula) educación sanitaria, por mala alimentación…, y si como comento, la OMS dice que son unos doscientos los medicamentos esenciales (y en las farmacias españolas hay miles) que por lo que tengo entendido cuestan una media de no sé si cinco euros cada uno, aquí algo pasa; mi madre, yo esto no lo entiendo, sí, sí, ya sé que es porque ellos nacieron el martes, y nosotros en lunes, pero no sé, vamos, no sé, bueno, en fin, si tú lo dices, pero, mi madre, y eso cómo es, mi madre, ay mi madre, bueno, no sé…

Ojo, yo sé que también ahorro en todo (aunque intento que sea para una buena causa), como por ejemplo, cuando fui a comprar tomates, para la ensalada pues hacía tres meses que no la comía, junto con cebolla, lechuga (escarola no, ya saben por qué), y un pimiento verde (rojo no, ya saben por qué), (y nada más, ya saben por qué, y yo sé bien que por la mala alimentación se piensa peor, y se muere uno antes, pero ya sé un par de cosas de los más pobres), y es que me puso un kg de tomates para ensalada, y cuando lo vi, me entró un retortijón en el estómago, pues no me puso tomates para salsa, que ya sabemos todos que son lo menos cincuenta céntimos de diferencia; y no tuve valor para decirle que me los cambiara, y no quiero el dinero para pagar la funeraria, que yo sé que cuando muera qué más da el cuerpo sin vida, que den mis órganos que se puedan aprovechar, que yo voy a la fosa común, que a lo mejor se siente uno mejor, así, calentito con los otros humanos.

Quisiera hacerle ver una cosa a un amigo: no hace mucho pasé por la noche por su farmacia, y vi que estaba fantástica, y hace un par de días pude observar que estaba totalmente reformada, con lo que me dije, ¡ño, si no hace ni diez años que la reformó por completo, cuando la heredó de su padre!, sí, yo sé que es el representante creo que regional de las nuevas tendencias en farmacia, pero para eso lo que hace falta es una zona confidencial, la zona de atención personalizada (ZAP), cuyo mobiliario más caro creo que es el ordenador, que ya sabemos todos que como no lo queremos para intentar meternos en los archivos secretos de la CIA, en cuyo caso necesitaríamos uno no muy malo y conocimientos, por lo que con el más barato y que aguante leña, va de miedo; que sea la ZAP visible desde donde los mostradores individuales, para que el cliente al que se hace la atención farmacéutica, el seguimiento farmacoterapéutico (SFT), se sienta tranquilo, un módulo de atención farmacéutica en CD’s, aprender a manejarlo, otros CD’s que nos informemos que sean imprescindibles, los vademécum, algún que otro libro, estudiar y los farmacéuticos a resolver los PRM por medio de ese módulo, resolver dudas relacionados con la salud, “¡venga tío, a ver cómo puedo ayudar, que soy un sanitario (o sea, la salud)!”, piénsatelo tío, piensa que por un par de euros salvas la vida de una persona, y piensa cuando te acuestes en la cama para dormir junto a tu mujer, que fue novia desde la adolescencia, y digas, sí, hice bien, la cosa marcha, sí. Perdona por meterme en donde no me llaman.

Resulta que también está separado, por lo que me dijo su nueva mujer hace un tiempillo… lástima.

Vamos a ver señores, vienen las fiestas (efectivamente, hice el primer borrador, y lo colgué en la Web del Colegio de Farmacéuticos de mi provincia, en diciembre de 2004), así que de entrante, en lo que esperamos a que venga la familia, cada uno en su Cadillac, para celebrar este año el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo (ese que nació en un pesebre y que durante su paso por la Tierra fue exterminado de la peor manera existente en la época y que, sin tener nunca ni un duro en el bolsillo, dio nombre a nuestra era), en nuestro chalé, tendremos caviar, localizado con sonar teledirijo por satélite, por Rusia, conservado en cámara especial preparada para liofilizar, previamente mejorando su calidad por técnicas de recombinación y clonación terapéutica, utilizando para lo obtención de dichas huevas, técnicas transgénicas para crear híbridos en los que se han mutado uno de los puentes de azufre de la doble hélice helicoidal del ADN, y así conseguir… (pero ya veo que no están a la última, porque no saben que una sociedad fundada por doce Premios Nóbel, han conseguido mejorar la calidad modificando el C3 de dos bases púricas y de una pirimidínica del ADN, por supuesto, rechazando y quemando en hornos abastecidos por una central termonuclear, aquellos glóbulos que tengan algún electrón defectuoso de la hibridación sp3, cuyos gases serán expulsados fuera de la atmósfera, de una manera totalmente novedosa, pero que no se puede decir porque la idea está patentada con las más estrictas medidas de seguridad de protección de la propiedad intelectual, para que así, durante veinte generaciones toda la familia del fulano que lo descubrió viva a cuerpo de rey, firmado todo de su puño y letra por el rey, con el consiguiente posterior apretón de manos); y traídos al aeropuerto, sí, de este islote, en un reactor supersónico, en cámaras especiales, preparadas para hacer el vacío en su interior, donde están las cajitas blindadas de titanio (extraído en las minas de Siberia a golpe de formón y martillo, por reclusos), flotando cada glóbulo, separados uno de otro una distancia exacta y obligatoria de tres nanómetros, lo que se consigue manteniendo cada remesa en atmósfera del inerte gas Ar (y ya todos sabemos lo caro que resulta conseguir dicho gas), pues está demostrado y verificado en ensayos a doble ciego por investigadores educados en Harvard y la Sorbona, y aceptado ya por la FDA hace tres décadas de que así, cada bolita, si no tarda en servirse, tras sacarse de las cajas individuales, más de tres horas y treinta y un segundos, tiene un ligero mejor sabor, que es posible que algunas papilas gustativas de las más refinadas puedan paladear; mientras charlamos con nuestra familia que va llegando, que los que comen en África comen una tortita al día hecha a base de unas semillas (transportadas en el saquito de esparto, dote del padre cuando se casó, hace unos, cuántos ya, veinte años, quince…) cogidas por toda la familia, cada vez que van a comer, una a una, con las manos y escarbando en la tierra a diez quilómetros de su choza, y la muele la madre, embarazada, rezando para que durante el puerperio, el neonato no se muera como los dos partos anteriores, o que sufra preeclampsia o peor, eclampsia y aborte; está claro que a ella y a su marido les gustaría que fuera varón (pero eso sólo Dios lo sabe), para que con un poco de suerte encuentre trabajo y ayude a mantener a la familia, pues a las hijas hay que pagarles la dote, y aquí, como en todas las tribus colindantes, o sea, en todo el cosmos, no trabajan, o sea que es una boca más a alimentar e improductiva; y si muere ella en el parto, como las dos amigas suyas, quién se ocupará de sus hijos; que cómo la muele, pues como todos sabemos, con una piedra en la tierra, [(tras previamente haber quitado los insectos que no van a comer, de alrededor), la que fue a buscar el padre, caminando, a cien kilómetros de distancia, por amor a su familia], y subiendo con las dos manos más arriba de su cabeza y bajando, una y otra vez, una y otra vez, hasta así triturar todo, con el trozo de tronco de un árbol nuevo, que fue a buscar también el cabeza de familia, hace poco, aunque esta vez con su hijo el segundo (pues el mayor está postrado en cama con SIDA en fase terminal como tantos de su poblado, y aunque sabe que tiene que comprar un ataúd, no sabe con qué dinero), porque se sentía con náuseas, con hipotensión ortostática sobre todo al pasar del estado de sedestación al de bipedestación, tanto, que le temblaban los pies, y por si acaso se fuera a morir en el camino, para que al menos su mujer tuviera el utillaje más idóneo, según se han transmitido oralmente de padres a hijos, y porque está claro que debía devolver el cuchillo que le pidió al ricacho del poblado, para poder cortar la rama del árbol de donde sacar el madero, pues él es un hombre de palabra…; mientras va camino a esto, piensa también, que en cualquier momento, la hembra del mosquito del género Anopheles, con su vuelo rasante, puede inocularles el Plasmodium falciparum (o P. Vivax), y ya se sabe lo que ocurre con el paludismo, pues si tiene claro que la economía familiar no se puede permitir los dos o cinco euros que cuesta la mosquitera, impregnada con insecticida, ni para su hijo más pequeño, cuánto menos el tratamiento que no siempre es eficaz; ah, se me olvidaba, hoy no podrán beber agua, porque algo pasó (siempre pasa algo), según le dijo una hija cuando fue a por ella, como cada día (con un recipiente que no sabe qué es -claro que no sabe lo que es, es de plástico-, que milagrosamente y gracias al cielo consiguió), al pozo que hay siete km más allá.

Muchas gracias por todo y felices fiestas, siempre de ustedes:

Servando.

Si digo, dichosos los que sufren porque de ellos es el Reino… me dirán: sí, eso díselos a ellos… Nosotros tenemos la información y fácil acceso a ella, sabemos mejor que ellos lo que ocurre, tenemos la obligación…, sabemos que estamos cond…